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10 años del MAS, logros que devienen en falencias

Los logros del MAS en cuanto a la transformación del Estado hacia la plurinacionalidad pueden llegar a convertirse en sus mayores derrotas en caso de  no implementarse los pilares que constan en la nueva Constitución

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:07 / 18 de enero de 2016

Es innegable que desde que el Movimiento Al Socialismo (MAS) llegara al poder los cambios estructurales han hecho que posiblemente el Estado nunca sea el mismo en adelante. Plurinacionalidad, un nuevo sujeto de derecho (el indígena originario campesino), autonomía, democracia intercultural, renegociación de los contratos petroleros vinculada al fortalecimiento de la soberanía, son entre otros los grandes logros estructurales del MAS vinculados a la ideología. No obstante, es en el avance en estos campos en el que paradójicamente se encuentran también las falencias, y en algunos casos estancamientos, a 10 años de Evo Morales en el Palacio de Gobierno.

El balance político sigue siendo favorable para el MAS. Con 10 años en el poder, las encuestas de aprobación de gestión le siguen siendo holgadamente cómodas, tal vez atribuibles más a las políticas de redistribución, pero no solamente, que a audacias constitucionales como la plurinacionalidad, la creación de un nuevo sujeto de derecho o una compleja red de niveles que reorganiza territorialmente el país o el horizonte del Vivir Bien.

Los logros que son rescatados por la politóloga María Teresa Zegada son, para comenzar, la misma llegada de Evo Morales en 2006; la inclusión sociocultural (“si uno ve el país de diez años atrás, su rostro es otro”, dice); la redistribución de recursos (“que tiene que ver con las condiciones internacionales favorables”); cambios en términos normativos como la Constitución que modifica la lógica del Estado con la plurinacionalidad y la autonomía.

Helena Argirakis, también politóloga, coincide en la enumeración y destaca como logros el proceso constituyente, la nueva Constitución y el nuevo imaginario del Estado. Sin embargo, “justamente ahí están las falencias, o sea en la Constitución y en el imaginario del Estado hay una promesa inconclusa en cuanto al horizonte del Vivir Bien y su modelo económico y el sujeto plurinacional”.

Si bien —afirma— no hay que disminuir y minimizar el enorme avance que ha tenido el Estado boliviano frente al Estado oligárquico “racista, elitista, discriminador”, tampoco termina de consolidarse el sujeto indígena originario campesino.  Esto se relaciona sin duda con un aspecto que es vital del discurso político del MAS: el horizonte del Vivir Bien vinculado conceptualmente al “socialismo comunitario”.

Zegada señala que los problemas en el avance que hace que esos logros innegables no hayan seguido adelante tiene que ver con tres ejes discursivos que no han sido resueltos de acuerdo con las expectativas que el mismo MAS había creado en cuanto a (1) indigenismo (“se pensó que iba a ser un gobierno muy favorable para con las comunidades indígenas y, al contrario, hubo y hay mucha tensión con ellas, y el Gobierno ha dividido a sus organizaciones”); socialismo comunitario (2) y lucha contra la corrupción (3). “Visto en perspectiva, a 10 años, no se han llenado las expectativas con relación a estos tres ejes”.

Acá, entonces, hay una coincidencia en los retos-falencias que ven Zegada y Argirakis, aunque la primera se refiere a éstos como abandono del socialismo comunitario y la segunda como promesa incumplida del Vivir Bien.

Para abordar esto, Argirakis explica que el sujeto plurinacional no consolidado no debe ser idealizado ni restringido solo al indígena, sino también a las nuevas clases medias ascendentes que “también tienen una sensibilidad hacia el Vivir Bien”. “Sin embargo, esa sensibilidad tiene que desligarse del consumo y ése es un tema pendiente del Gobierno. ¿Cómo lograr que ese nuevo sujeto político se desligue del consumo, del extractivismo, del capitalismo? Ése es el gran desafío a mediano-largo plazo”.

Para llegar a eso, el Estado debería dar un giro hacia la austeridad, ya que “es insostenible mantener un capitalismo extractivista” —explica—, eso tiene que llegar a un límite en el que se viva con lo que se produzca y “no se genere esa curva de búsqueda de mayor crecimiento”. “Entonces estaría fallando el modelo de desarrollo y los objetivos. Hay una nueva clase media que copia los hábitos de consumo de las clases oligárquicas, y eso de nada sirve para el Vivir Bien. El giro entonces debe ser hacia la austeridad, lo cual tiene que comenzar por el propio Presidente”.

La promesa de mantener la curva de crecimiento es “suicida”, lo contrario “es seguir en el mismo patrón de consumo de Europa y para qué el Vivir Bien”. Hacer un cambio de esa naturaleza significa perder la administración del poder, “lo otro es prometer más a la gente, prometer más consumo, más capacidad de gasto, para mantenerla contenta”.

Si es “fiel” al modelo civilizatorio del Vivir Bien, “el Gobierno debería dar el giro hacia la austeridad”, dice. “No sé si Evo Morales va a ser quien dé ese giro. Creo que vendrá solo después de un ínterin de restauración neoliberal en el continente. Porque en términos de reproducción de poder dar ese giro es lapidario”.

Según Argirakis, es la tarea del Gobierno poner alerta contra la acumulación del capital. “Sí hay que coartar cuando se generan desequilibrios y asimetrías. Desincentivar el consumo. Es muy espinoso, yo no sé si se animarían a hacerlo”. Zegada, desde otra nomenclatura, también nota el abandono del discurso del socialismo comunitario que “fue uno de los ejes centrales”, plasmado en el Plan Nacional de Desarrollo.

Esta politóloga aborda el tema desde el socialismo comunitario, el cual “ha sido abandonado y reemplazado por una convivencia y hasta complicidad con un régimen neoliberal que no ha sido vulnerado. Si hay algo distinto, es la masificación de los sectores populares en el mercado internacional con el boom del comercio”. Acá hay una plena coincidencia con lo que Argirakis decía de las nuevas clases medias que adoptan las costumbres de consumo de las clases oligárquicas. Otra expectativa que no fue colmada fue la del indigenismo. “Se pensó que habría resolución de los problemas de las comunidades indígenas”.

En el eje indígena “no hay una posición clara del Gobierno para favorecerlos; al contrario, han sido divididos. No se percibe un avance y ya son 10 años de un Gobierno que no tiene amenazas externas” El otro eje que Zegada destaca como falencia es el no cumplimiento del discurso radical del MAS, a un inicio, de la lucha contra la corrupción. Zegada dice que no hay mucho qué comentar ya que basta como ejemplo el Fondo Indígena. “Se ha terminado reproduciéndose aquello que se cuestionó”.

Los grandes cambios constitucionales relacionados a la plurinacionalidad, como la autonomía, por decir un ejemplo, “podían haber dado pasos agigantados, ya que el MAS no tuvo oposición en el Congreso para una implementación efectiva del nuevo Estado, por lo menos en sus ejes fundamentales, pero el avance ha sido escaso, incluso algunas leyes secundarias han obstaculizado el avance”.

Se trata entonces de aspectos de relevancia que para esta analista han quedado en el plano “simbólico y discursivo”. El discurso también ha dado un giro: “Esa huella radical queda, pero de modo marginal, ya no son su eje, salvo tal vez cuando se sale a hablar en foros internacionales. Ahora hay empresarios patriotas, se habla de la necesidad del desarrollo en Bolivia. Las contradicciones entre un discurso radical y acciones moderadas sería muy notorio, entonces esa radicalidad ya no está presente ni siquiera como discurso”. Nota que casi no se habla de descolonización y quienes más daban esa línea (menciona a Félix Patzi y Alejandro Almaraz) han sido separados del proyecto.

Las condiciones internacionales van a determinar la deriva del proceso de cambio, concluye Zegada y pone como ejemplo que ese influjo será determinante al momento de cumplir la Agenda 2025. “Pero sobre todo se trata de ver hacia dónde nos estamos dirigiendo, el Gobierno ha optado por medidas cortoplacistas, dar recursos. Entonces, no hay claridad en la línea ideológica de hacia dónde se avanza como proyecto”.

Es entonces un problema ideológico, según se puede deducir de lo mencionado por las dos analistas. Los logros alcanzados no deben quedar como éxitos del pasado a ser recordados cada 22 de enero, sino que deberán ser asumidos como retos a los cuales dar continuidad; por supuesto solo en caso de que haya voluntad de retomar el inicio ideológico con que comenzó, auspiciosa, la década de gobierno del MAS.

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