Animal Político

Hacia la apropiación ciudadana de la tecnología

El camino hacia la soberanía científica y tecnológica pasa necesariamente, y primero, por su apropiación por parte de la ciudadanía.

La Razón (Edición Impresa) / Noelia Gómez es economista, coautora del libro ‘Bolivia Digital’

00:00 / 26 de marzo de 2017

El cuarto pilar de la Agenda Patriótica 2025 hace referencia a la “Soberanía científica y tecnológica con identidad propia”, meta que debería ser alcanzada por el país hasta 2025. A ocho años de este objetivo, resulta pertinente preguntarnos: ¿qué papel jugamos los y las ciudadanas hacia su alcance?

La soberanía científica y tecnológica tiene muchos componentes, sin embargo y para objeto de este artículo, nos centraremos únicamente en el desarrollo de tecnología con identidad, es decir, una tecnología con un sello propio que es el de nuestra identidad, la cual ha sido desarrollada a través de la convergencia de conocimientos en el marco del diálogo entre prácticas y saberes locales, ancestrales y comunitarios con las ciencias modernas.

Ahora bien, si queremos que la tecnología refleje la identidad de las y los bolivianos, primero es necesario que ésta forme parte de nuestras vidas; es imposible que las prácticas y saberes dialoguen cuando la tecnología no forma parte de nuestro día a día, cuando no la hemos adoptado. Entonces, el camino hacia la soberanía científica y tecnológica pasa necesariamente, y primero, por su apropiación por parte de la ciudadanía. Pero, ¿cómo nos apropiamos de la tecnología?, ¿es un proceso similar para todas y todos?

Por supuesto que no, todo lo contrario, el uso e impacto de la tecnología está profundamente condicionado por las características del o los contextos sociales receptores. Como ejemplo de esto se tienen algunas características del proceso de adopción del Internet en el país, después de su llegada en 1989 y posterior proceso de masificación en su uso; estas reflexiones están desarrolladas en el capítulo Historia de Internet en Bolivia, parte del libro Bolivia Digital, publicado por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Vicepresidencia hace unas semanas. 

El mencionado estudio señala que el proceso de adopción de Internet en el país no fue uniforme entre las diferentes ciudades (para el caso de estudio La Paz, Santa Cruz y Cochabamba), y las características particulares del medio donde se desarrolló este proceso decantó en formas diferenciadas de consumo, uso y apropiación del Internet. Debido a factores como la idiosincrasia, el tamaño del sector público, el impulso desde las universidades y/o el grado de intervención del sector privado, en algunos lugares se produjo un mayor crecimiento del comercio, en otros del emprendimiento, del uso social, o del uso político y/o la politización de Internet.

Estas particularidades locales también se tradujeron en diferentes procesos sociales manifestados en el surgimiento de distintas comunidades virtuales conformadas por activistas que transformaron la idea primigenia de Internet como oferta institucional, a Internet como un espacio apropiado socialmente, y esto fue finalmente lo que dotó de identidad (o identidades) al consumo y uso de Internet en el país.

Ahora bien, este análisis corresponde solo a las áreas urbanas de tres ciudades de Bolivia; si ha sido posible identificar importantes diferencias en estos espacios, imaginemos cómo se produciría este proceso al incluir a todo el país y al hablar de la tecnología en su conjunto y no solo de Internet. ¿Podríamos hablar de tecnología con identidad, o sería mejor empezar a hablar de tecnología con identidades propias?

Como se mencionó, parte importante del contexto receptor lo constituyen también las instituciones, y es aquí donde vale la pena hacer incidencia en el rol que juega el Estado. Si bien en lo que refiere a Internet la influencia estuvo principalmente en el tamaño del sector público en cada ciudad, ahora el uso de tecnología es un componente importante de las políticas públicas hacia 2025, cambiando el rol del Estado que ahora, además, se convierte en impulsor de su uso en diferentes áreas.

Con este nuevo papel, el Estado tiene un desafío central hacia 2025 y es: ¿cómo promover el uso de tecnología para que la ciudadanía la adopte en su día a día, manteniendo un constante diálogo de prácticas y saberes? Es decir, ¿cómo desarrollar tecnología tomando en cuenta las muchas identidades que surjan en el proceso de apropiación de la misma? Es ahí donde las y los ciudadanos tenemos un rol importante como consumidores activos e innovadores.

Tomemos como ejemplo una comunidad en el área rural del país donde el uso de tecnología es nulo o muy limitado, y donde la implementación de procesos más modernos (tecnológicos) de producción podría generar un uso más eficiente de la tierra y mayor desarrollo para la comunidad. Hacia la apropiación y posterior desarrollo de tecnología con identidad, los nuevos instrumentos para la producción deberían adaptarse a las formas comunitarias y no al revés, y una vez que la comunidad empiece a utilizar tecnología, promover su modificación a través de procesos innovadores.

Por supuesto, cada espacio merece un proceso distinto, y es tarea tanto del Estado como de la ciudadanía en general el dotar de nuevas identidades a la tecnología, para luego desarrollar una nueva, propia, soberana.

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