Animal Político

Una atinada apertura

La próxima Cumbre de las Américas, convocada para el 10 y 11 de abril, en Panamá,  será de histórica trascendencia cuando Cuba se reintegre al sistema interamericano; ésta podría ser ocasión para el encuentro Obama-Evo, propiciado por el canciller Choquehuanca.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

00:01 / 21 de diciembre de 2014

La reciente declaración del canciller David Choquehuanca sugiriendo una reunión al más alto nivel, o sea  entre los presidentes de los Estados Unidos y de Bolivia, abre la perspectiva de voltear hacia atrás las páginas ingratas y comenzar una nueva, en tiempos en que las circunstancias en uno y otro país han cambiado y que la coyuntura de los balances de poder en el mundo tampoco es la misma.

Inútil referirse a los elementos que motivaron la mutua expulsión  de embajadores acreditados en La Paz y Washington  y la escalada de reacciones hostiles que desembocaron en el cierre de agencias de cooperación que como la DEA y Usaid, tenían una larga ejecutoria en Bolivia. Lo cierto es que a partir de 2008, con representaciones casi simbólicas, se demostró que tanto Bolivia como Estados Unidos podían vivir el uno sin el otro, ignorándose recíprocamente. Ese desdén hubiese sido impensable hace treinta años, cuando el presupuesto fiscal boliviano requería soporte financiero estadounidense. Tampoco hubiese ocurrido si Bolivia en ese tiempo no hubiera cumplido un satisfactorio programa macroeconómico que se tradujo en el aumento inédito de sus reservas internacionales, la ejecución de programas sociales que redujeron los índices de pobreza extrema y otros logros sociales que mitigan el costado negativo de esa proeza por la incontrolable corrupción en las agencias estatales, el rebalse del narcotráfico y la defectuosa  administración de la justicia.

Encuentros esporádicos entre representantes americanos y bolivianos culminaron en 2011 con el denominado Acuerdo Marco que estatuía vínculos cooperativos dentro de niveles de respeto dual. Lamentablemente, la ausencia de una sincera voluntad política impidió ir adelante y la estridencia de ciertas opiniones vertidas a granel, avivaron el fuego de la discordia y el tiempo hizo lo demás.

Sin embargo, este momento es muy propicio para Bolivia, si se entablaran conversaciones en la cumbre, porque Evo Morales, como interlocutor válido será reconducido, en enero de 2015, por tercera vez a la suprema magistratura por la voluntad mayoritaria de los bolivianos. Al frente, encontrará a un Barack Obama, agobiado por la derrota sufrida en las elecciones legislativas del pasado noviembre y cohibido por las recientes revelaciones acerca de las atrocidades cometidas por los agentes de la CIA, cuyo calendario de torturas y vejámenes en detrimento de los prisioneros de guerra encerrados en Guantánamo, no condice con las frecuentes prédicas de observancia de los derechos humanos que habitualmente endilga Estados Unidos al resto de los países del planeta. En suma, Evo tendrá al frente a un presidente que, como concluye su mandato en dos años, precisa anotar prontamente puntos históricos en su haber, mientras Morales reinicia su liderato por un quinquenio más.

Pienso que encontrarse con Obama al comienzo de un fresco periodo podría brindar a la diplomacia del Estado Plurinacional una dorada oportunidad para principiar un lustro sin animadversiones insulsas con la nación más poderosa de mundo. Ese temperamento lo entendieron acertadamente varios mandatarios del Alba, como Raúl Castro que no obstante la legendaria confrontación de Washington con La Habana,  primero, estableció un puente de cooperación conjunta en la batalla contra la pandemia del ébola en África, para más tarde, el 17 de diciembre, culminar un modus vivendi que da fin a medio siglo de embargo. También Daniel Ortega abrió su país a las inversiones americanas, particularmente en la perspectiva de no entorpecer el megaproyecto del canal —que con auxilio chino— atravesará Nicaragua, en franca competencia con Panamá.

Para la política externa de Bolivia, su principal reto inmediato es el litigio que enfrenta con Chile, en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, donde Estados Unidos cuenta con un juez permanente. Paralelamente, los tentáculos a nivel planetario que digita el Departamento de Estado y sus numerosas agencias diseminadas mundialmente, son obstáculos difíciles de soslayar si el Tío Sam decidiera emprender una actitud contraria a los intereses nacionales. En cambio, si mínimamente se logra la neutralidad de las redes americanas en esta controversia, se habrá allanado un áspero camino. Al respecto, se debe recordar que la presidenta chilena Michelle Bachelet apenas posesionada comedidamente visitó la Casa Blanca, oportunidad en que se trató, entre otros temas, la demanda boliviana ante La Haya.

Por otra parte, 2015 será un año de desafíos regionales en el campo económico por la dramática caída en el precio del petróleo y del gas, que afectará colateralmente las finanzas públicas de países productores como Bolivia, incidencia que debilitará su actual robustez  macro-económica. En la arena política se deberá elegir al nuevo Secretario General de la OEA, organismo que aunque puede ser reemplazado por otros entes de reciente creación como la Unasur o el Celac, sigue teniendo una estructura institucional difícil de descontar.

La próxima Cumbre de las Américas, convocada para el 10 y 11 de abril, en Panamá,  será de histórica trascendencia cuando Cuba se reintegre al sistema interamericano, aceptando la invitación cursada por el presidente Juan Carlos Varela, en su condición de anfitrión de la reunión. Por añadidura, ésa podría ser ocasión para el encuentro Obama-Evo, propiciado por el canciller Choquehuanca, pero para llevar adelante la iniciativa se deberá empezar ya una activa labor diplomática usando talento profesional y las astucias que la experiencia aconseja en casos semejantes.Los elementos descritos anteriormente son solamente los puntos más sensibles de una nutrida agenda bilateral cuya implementación podría ser de igual beneficio para los pueblos americano y boliviano.

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