Animal Político

La autonomía relativa de la decisión ciudadana

Si hacemos un corte identitario y de etnicidad, mientras menor la autoidentificación indígena, mayor el porcentaje de votación a favor del No. Así, hay una relación directamente proporcional entre tendencia de la decisión e identidad. Mientras mayor la autoidentificación indígena, mayor la votación por la opción del Sí.

La Razón (Edición Impresa) / Adolfo Mendoza Leigue

00:01 / 28 de marzo de 2016

Los resultados electorales del referéndum del 21 de febrero en el departamento de Potosí son una evidencia más de la autonomía relativa del voto ciudadano respecto de las decisiones de las organizaciones políticas, en eventos de democracia participativa como un referéndum. En primer lugar, porque el evento no es para elegir autoridades, sino para decidir un tema; en este caso, una modificación constitucional.

En segundo lugar, porque el voto ciudadano tiene connotaciones distintas a la formula clásica de la democracia representativa (un ciudadano un voto) agrupando conglomerados de opinión de forma colectiva, entre lo urbano y lo rural, entre lo clasista, lo étnico y los sentidos de identidad colectiva.

En tercer lugar, esos conglomerados se conforman con argumentos disímiles. Es decir, no todos los que votan por el Sí o por el No, lo hacen por las mismas razones. En cuarto lugar, hay una espacialización o territorialización de  la decisión, lo cual es notorio a escala provincial y, mucho más evidente, a escala local.

¿Son comparables los resultados electorales de un referéndum con la elección de autoridades?

No. Solo se puede observar tendencias. Sin embargo, puede despistarnos un uso desmedido de las técnicas del análisis político o una retórica que utilice herramientas científicas para la formación de opinión pública. La respuesta potosina mayoritaria fue rechazar la modificación constitucional. En algunos lugares de manera contundente, como en la ciudad de Potosí (85,87% por el No y 14,13% por el Sí) y  en el municipio de Porco (73,55% por el No y 26,45% por el Sí). En otros lugares existió también un contundente apoyo a la modificación constitucional como, por ejemplo, en el municipio de Arampampa (92,18% por el Sí y 7,82% por el No) o en el municipio de Toro Toro (87,6% por el Sí y 12,4% por el No).

Si circunscribimos los resultados al voto de cada ciudadano(a), 53 de cada 100 ciudadanos(as) rechazó la reforma constitucional y 47 de cada 100 aceptó la modificación de la Constitución, en el departamento de Potosí. Es claro que desde la lectura tradicional de la democracia (un ciudadano un voto), la diferencia de 6 puntos porcentuales a favor del No fue suficiente para incidir en los resultados nacionales.

Pero de todas formas, nótese que las tendencias difieren radicalmente de la simplificación mediática o, por lo menos, cuestionan opiniones poco atentas a las tendencias que se están gestando en la democracia boliviana. En este caso, la cantidad poblacional es un indicador, pero no el único para determinar las tendencias de los resultados. Los conglomerados colectivos y los resultados electorales.

Los conglomerados colectivos urbanos votaron mayoritariamente por el No o distribuyeron su votación en partes muy semejantes entre el Sí y el No. En Potosí, ése fue el caso en la ciudad capital, en algunos centros mineros (Llallagua) y ciudades intermedias (Uyuni). En cambio, los conglomerados colectivos rurales o municipios con fuerte presencia agrícola y centros urbanos intermedios menores, votaron mayoritariamente por el Sí.

Si hacemos un corte identitario y de etnicidad, mientras menor la autoidentificación indígena, mayor el porcentaje de votación a favor del No. En consecuencia, hay una relación directamente proporcional entre tendencia de la decisión e identidad. Es decir, mientras mayor la autoidentificación indígena, mayor la votación por la opción del Sí.

Territorialización de la votación.

Un dato significativo, pero que por varias razones teóricas —de sentido común dominante— no es analizado, deviene de la distribución del voto por provincias y municipios. Veamos:

En el ámbito provincial, en 14 provincias ganó el Sí y únicamente en 2 provincias ganó el No. Si bajamos aún más la escala de la descripción, en los municipios se traduce con total claridad la lógica de la territorialización del voto. En 34 municipios del departamento de Potosí ganó la opción del Sí y en 6 municipios ganó el No. En otros términos, prácticamente por cada 6 municipios uno solo rechazó la modificación constitucional. (Ver mapa adjunto)

Todo indica que más allá de las lecturas habituales de los resultados electorales, estamos asistiendo al nacimiento, sino la continuación lógica, de una diferenciación territorial en democracia que ya no admite reflexiones simplistas.

La ganancia democrática

Estos cuatro factores analizados con el ejemplo de Potosí, pueden también evidenciarse en los departamentos en los que ganó la opción del Sí (La Paz, Cochabamba y Oruro) y en los que optaron por el No (Pando, Beni, Santa Cruz, Chuquisaca, y Tarija). Por lo tanto, una conclusión ronda por el país: la democracia se fortaleció, a pesar de las campañas por el Sí o el No.

1. Nunca más en el país habrá reforma electoral sin la decisión del pueblo boliviano. Es la evidencia que el Legislativo ya no puede jugar con la soberanía. En ese sentido, existe un avance de la institucionalidad plurinacional frente a la vieja República;

2. Es notoria la consolidación de la participación ciudadana. Pero es una participación no solamente individual, sino colectiva, y con muchas aristas (Por ejemplo, no todos los que votaron por el Sí son masistas, y muchos que votaron por el No son masistas). Conclusión, además, que deja caer los argumentos agoreros del cansancio ciudadano en eventos electorales;

3. Se ha fortalecido la democracia intercultural con un mecanismo de democracia participativa y directa. Ergo, no todo es democracia representativa;

4. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) goza de mayor legitimidad y ello fortalece la institucionalidad democrática, frente a las voces opositoras que intentaron deslegitimar nuestra institucionalidad democrática. Venció la democracia a pesar de sus detractores.

5. El Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP) con el 47,73% de los votos del Sí, se consolida como la fuerza política más sólida. Por lo menos en términos de preferencia ciudadana y voto duro. Y eso no es poco para un sistema democrático que emergió del colapso total del sistema de partidos en la democracia pactada.

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