Animal Político

El azaroso presidencialismo boliviano

‘Bolivia en democracia (1982-2012)’ es un aporte a la recuperación de la memoria histórica del país. El documento, editado por el Ministerio de Culturas, repasa con la construcción del nuevo Estado y las características de quienes se encargaron en el tiempo de ese proceso: de Siles Zuazo a Morales Ayma.

La Razón / Julio Peñaloza Bretel

00:03 / 06 de octubre de 2013

Treinta (y un) años de democracia, treinta (y un) años de periodismo. Comencé mi andadura por las páginas de los diarios de La Paz con un texto sobre una película de Akira Kurosawa (Dersú Uzalá, 1975) y mis primeros pasos fueron guiados por el recordado Jesús Urzagasti que publicaba mis críticas de cine en la página cultural de Presencia. Pasé del periodismo cultural al político, luego al deportivo, al que en 2012 retorné después de casi una década de paréntesis.

Superado mi pavor escénico pude hacer radio y televisión, también sobre política y fútbol, y realicé mi carrera asumiendo como una constante la importancia que tiene la información para la forja de niños y jóvenes. “Es más fácil opinar que describir”, decía quien fuera mi jefa, Ana María Romero de Campero, cuando dirigía el ya desaparecido diario católico. Pues bien, guiado por esa claridad conceptual, que ayuda a establecer prioridades en la práctica periodística, he escrito un texto adoptando como punto de partida unas cuantas vivencias personales, haciendo explícito en alguna parte del texto un mea culpa propio de quien fuera un joven pequeño burgués acomodado de la principal ciudad del país cuando todavía ignoraba por qué Bolivia fue durante casi toda su vida republicana un país de invisibles y excluidos.

Conocí al presidente Luis Adolfo Siles Salinas (1969) cuando tenía ocho años, subió al balcón de mi casa Víctor Paz Estenssoro (años 70), entrevisté a tres presidentes largo y tendido para el suplemento Ventana de La Razón (1994), a Hugo Banzer cuando era opositor y a Gonzalo Sánchez de Lozada en la residencia de San Jorge, a quien vi  entonces por única vez y que afirmó sin ponerse colorado que “en Bolivia el Estado de Derecho es el estado de excepción”. Con el que más relación tuve —antes de que fuera vicepresidente y presidente— fue con Carlos Mesa, cuando inventamos El Pentágono televisivo (2002-2003). Fui asesor de Eduardo Rodríguez Veltzé (2005) y entrevisté a Evo Morales durante un par de horas una semana antes del referéndum para la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado (CPE, 18 de enero de 2009) para Bolivia decide de la televisión estatal, memorable experiencia si debo sentirme honrado porque fue Evo quien pidió venir al programa.

Hecho este breve recuento sobre algunos antecedentes anecdóticos del libro que publica el Ministerio de Culturas, pongo en consideración las líneas temáticas fundamentales con las que he concretado este que llamo azaroso presidencialismo boliviano.

La historia de las presidencias bolivianas es la historia de una inacabada construcción del Estado-Nación que pasa por demasiadas peripecias, pero que en estos últimos 30 años (ahora 31) tiene el valor de la no interrupción de la vigencia del Estado de Derecho, con todas sus violaciones, imperfecciones y limitantes y en ese contexto podemos clasificarlas de la siguiente manera:

La Unidad Democrática y Popular (UDP) es la viabilizadora del traumático tránsito del autoritarismo a la democracia. A la presidencia de Hernán Siles Zuazo (1982-1985) los bolivianos le debemos la restitución de los valores democráticos del pluralismo y el disenso, el pleno respeto a los derechos individuales y colectivos, a pesar de sus infortunios en lo concerniente a la calidad y a la eficacia de la gestión gubernamental. Es el intento, desde la izquierda, con sus distintos matices ideológicos y partidarios, de buscar la continuación de la Revolución de 1952. Victor Paz Estenssoro (1985- 1989) reposiciona al partido más gravitante de Bolivia en el siglo XX, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), para inaugurar la noche neoliberal que funcionaría con vigor pragmático durante los 20 años que el mismo líder movimientista había calculado para que Bolivia no se nos muriera, y esto se extiende hasta el gobierno democrático de Hugo Banzer Suárez (1997-2001), que renuncia por enfermedad y con su deceso a pocos meses de su retiro de la presidencia, comienza también a sucumbir el modelo estatal basado en el Decreto Supremo 21060. Es el intento, indiscutiblemente logrado desde la derecha, de dar continuidad a la Revolución de 1952 a través de una economía capitalista fuertemente mercantil y sin horizonte de políticas sociales orientadas a una mejora cualitativa de la calidad de vida de las mayorías bolivianas.

El gobierno de apenas un año presidido por Jorge Quiroga Ramírez (2001-2002) se constituye en el principio del fin del modelo en el que el mercado tiene subordinado al Estado y da lugar a la irrupción del liderazgo de Evo Morales Ayma con su expulsión del Congreso Nacional, y con los estallidos sociales que se manifiestan con las guerras del Agua (2000) y del Gas (2003), la caída de Sánchez de Lozada (2002-2003) y la indeterminación de Carlos Mesa (2003-2005) en la disyuntiva de decidirse por la riesgosa apuesta a la autodeterminación o, por lo contrario, como terminó sucediendo con el final de su mandato, como la última hilacha del modelo neoliberal en la lógica de la democracia pactada, ya que el transicional periodo de Rodríguez Veltzé (junio 2005 a enero de 2006) tenía el exclusivo propósito de convocatoria a elecciones generales.

El Movimiento Al Socialismo (MAS)-Instrumento para la Soberanía de los Pueblos (IPSP) escucha, interpreta y encarna la llamada Agenda de Octubre de 2003 traduciéndola en un proceso constituyente que tiene como desenlace el principio del fin del liberalismo republicano colonial y del Estado del 52 para dar paso a la emergencia de un Estado Plurinacional todavía en ciernes con la aprobación de una nueva CPE, que rige desde el 7 de febrero de 2009.

Once presidencias y nueve presidentes, y ocho vicepresidencias y siete vicepresidentes entre 1982 y 2012, ya significan una notable mejoría de continuidad en comparación con la década de los 60, que tuvo administraciones gubernamentales de pocos meses hasta un año y algo más, pero que de todas maneras denuncian picos de inestabilidad, momentos erráticos y quiebres que históricamente resultaban ineludibles como los saltos dados del capitalismo de Estado al neoliberalismo, y de éste al Estado Plurinacional con matrices transversales de modelos político-económicos mixtos.

Tengo el convencimiento, sin embargo, de que la historia profunda de Bolivia no reside en el culto al presidencialismo, sino que se debe leer en las evoluciones y actuaciones definitorias de sus movimientos sociales, porque es allí donde se encuentra la nitidez de una búsqueda de conceptualización y concreción de nuestras identidades y sus derroteros dentro una nueva lógica estatal, y por eso, más que en la historiografía plagada de fechas, nombres de héroes y plazas o estadísticas de cuánto tiempo gobernó éste o aquél, hay que ejercitar, por ejemplo, una refrescante mirada retrospectiva sobre qué y quiénes somos a través de la primera parte de la filmografía de Jorge Sanjinés, en la que se encuentra el drama insurgente del occidente boliviano desde las naciones aymara y quechua, y hay que revisitar los desplazamientos de los indígenas de tierras bajas que hacen de la lucha por la tierra y el territorio el mapa-itinerario para reconquistar su lugar en el mundo, aquél que ya había sido de sus antepasados antes de que Bolivia fuera Bolivia.

Es en el abrazo de la marcha de fines de los 90 entre pueblos indígenas del oriente y occidente que se encuentra el embrión de la construcción del Pacto de Unidad con el que los indígenas, los campesinos, los colonizadores, los Sin Tierra y las mujeres organizadas nos avisarán a los estupendos sabelotodos de las clases medias que habitamos las zonas urbanas que, para comprender al país como una totalidad, era primero necesaria la visibilización y luego inaplazable la participación en las decisiones para hacer de Bolivia un punto de inflexión y un destino colectivo constituido por las mayorías organizadas desde las naciones y pueblos, y desde los sindicatos, inscribiendo la gravitación de la Bolivia rural en su historia y en sus luchas emancipatorias.

Es con este espíritu que abordo un registro crítico de las presidencias y vicepresidencias de Bolivia, desde Siles Zuazo hasta Morales Ayma, desde Jaime Paz Zamora hasta Álvaro García Linera. Dolorosa y apasionante, impredecible y paradójica, la historia de la democracia boliviana de estas tres décadas la han vivido nuestros abuelos, nuestros padres, nosotros mismos y ya la viven nuestros hijos, como escenario único e irrenunciable de convivencia ciudadana.

Superadas parcialmente las marcas dejadas por las botas militares, instalados democráticamente los poderes del Estado, recuperada la legalidad de los partidos políticos y empezando a tejerse variadas formas de organización colectiva, instaurada la disciplina fiscal y el control de las variables económicas, aplastado el síndrome del modelo único de mercado, y asumida nuestra diversidad a través del ejercicio pluricultural y multilingüe, primero, y plurinacional, a continuación, tenemos un país donde el desafío de la convivencia y la construcción de los lazos para un proyecto común se hace más intrincado que en latitudes culturalmente homogéneas. Nuestra riqueza y sentido residen, indiscutiblemente, en nuestra laberíntica trama étnica y socio-cultural y es en esa dimensión que vivir y hacer en Bolivia es una experiencia que según los bolivianistas —son alrededor de 700 los que se encuentran en las academias de fuera de nuestro país entre nacidos y no nacidos aquí— se caracteriza por unos rasgos que por haberse tornado casi siempre en impredecibles se han caracterizado por un continuum fascinante.

Constituciones, presidencias y problema marítimo

Bolivia en democracia 1982-2012 es el resultado de un proyecto escrito y editado por el periodista Julio Peñaloza Bretel, habitual columnista de los productos deportivos de La Razón, con el respaldo del Ministerio de Culturas.

El libro está estructurado a partir de una primera parte en la que Susana Rivero, asesora de pueblos indígenas de tierras bajas y exministra de Estado, examina de manera didáctica y concisa la historia de las constituciones de la República y la primera del Estado Plurinacional, y Andrés Guzmán, especialista en comercio exterior y temas internacionales, ejercita una detallada retrospectiva acerca del problema marítimo desde las perspectivas bilateral (con Chile) y multilateral.

El retraso de su publicación (el libro debió estar listo para principios de año) se debe a que era imprescindible una mirada exhaustiva a cargo de la Dirección de Reivindicación Marítima (Diremar), dado el nuevo contexto internacional con la presentación de la demanda boliviana ante la Corte Internacional de La Haya con el objetivo de que Chile termine sentándose en la mesa de negociaciones por un asunto pendiente que persiste en desconocer, a partir de un derecho histórico de nuestro país que tiene como antecedente primigenio la invasión a nuestro territorio en 1879.

“En el libro hay muchísima información que abre puertas para temas investigativos en las tres grandes temáticas que aquí se abordan, creo que el periodismo y la historia pueden ir de la mano si se trabaja con paciencia y el mayor cuidado posible para manejar los datos con precisión”, dice el autor, quien añade que “Susana (Rivero) y Andrés (Guzmán) han realizado trabajos interesantísimos que le dan mucha consistencia a este libro”.

Bolivia en democracia 1982-2012, cuya portada incluye una pintura de Ejti Stih (Multitud) podrá adquirirse en el stand del Ministerio de Culturas en la Feria del Libro que se desarrollará en La Paz entre el 9 y el 20 de octubre en el campo ferial de Bajo Següencoma “Chuquiago Marka”.

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