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Eduardo Rodríguez: 'Hay que bajar los ánimos en Bolivia y Chile'

Abogado y juez. El exmandatario es optimista y pragmático. Apoya un diálogo político diplomático antes que un juicio a Chile en el ámbito internacional.

Eduardo Rodríguez.

Eduardo Rodríguez. Víctor Gutiérrez.

La Razón / Mauricio Quiroz / La Paz

00:02 / 03 de marzo de 2013

En los siete meses que estuvo en el Palacio Quemado, entre junio de 2005 y enero de 2006, se reunió seis veces con su par Ricardo Lagos. En ese tiempo, Bolivia y Chile firmaron el acuerdo que anuló el requisito del pasaporte para la circulación de ciudadanos entre ambos países y se logró un entendimiento para reducir asimetrías comerciales a merced del Acuerdo de Complementación Económica ACE-22. No cree que el referéndum que promovió Carlos Mesa sea una política de Estado.Eduardo Rodríguez Veltzé asegura que nunca estuvo en la trinchera política, en esa lógica de buscar el poder. Fue Presidente durante siete meses y recuerda con cariño los años como servidor público, en la Contraloría y la Corte Suprema de Justicia. Desde su despacho de Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica aboga por “soluciones posibles” entre Bolivia y Chile, lejos de la confrontación.

— ¿Qué percepción tiene sobre esta relación, hoy?

— Lo que domina estas relaciones es la confrontación, que implica un escenario negativo, un poco como lo encontré cuando asumí la Presidencia (2005). Cuando me tocó ser Presidente, decidí que la mejor política exterior boliviana debe ser aquella de la buena vecindad, con todos los países, pero particularmente con los que nos rodean. Avancé en la recomposición de las relaciones con Chile que deben tomar en cuenta el tema marítimo, pero también otras consideraciones que pueden contribuir a tener una mejor relación de vecindad, de una integración regional hacia el Pacífico. Concluimos con el presidente Ricardo Lagos un par de convenios muy importantes, uno tiene que ver con el tránsito de bolivianos y personas con el solo uso de la cédula de identidad y el Acuerdo de Complementación Económica (ACE-22) (...) y se comenzó a reflexionar sobre la cuenca del Silala, el Lauca en términos mucho más amplios que asuntos específicos del conflicto en el ánimo de ir resolviéndolos en el tiempo.

— ¿Qué criterio tiene sobre la estrategia que dejó el expresidente Carlos Mesa con el referéndum del gas de 2004?

— En la Constitución actual y en la vigente, quien dirige la política exterior es el Presidente del Estado. Hoy, además, con la nueva Constitución, participa el Vicepresidente. En el texto anterior y en el actual no se contempla que el Presidente deba consultar en un referéndum esa política. Entonces, cuando se sometió a referéndum esa política no tenía un imperativo constitucional hacia el próximo Presidente. No fue vinculante a mi Gobierno ni creo que sea vinculante más allá. En todo caso, estimo que esa política era errada. El nivel de condicionalidad de vender gas a cambio de otro valor, en este caso un acceso marítimo, no fue lo suficientemente reflexionado. Creo que tampoco hoy es una opción viable.

— Pero el Presidente Morales la ha insinuado en la Celac.

— Las grandes líneas de la política exterior no tienen que extraerse de insinuaciones, frases o confrontaciones en estas reuniones o cumbres que es lo que nos ha ido sucediendo. La política exterior debe forjarse con mayor prudencia y con menor visibilidad mediática o de extrapolación de frases que puedan denotar insinuaciones.

— Pero la Constitución fija la posición respecto del mar. ¿Esto dificultará la política exterior?

— Hay una referencia a la reivindicación, lo cual creo que no limita en absoluto la posibilidad de avanzar en soluciones que pueden tener varios matices. Lo que contribuiría a encontrar soluciones es evitar la confrontación y luego forjar, de buena fe y con buen ánimo, y no sólo con Chile, con Perú también, unas salidas posibles.

— ¿En este clima será posible rearmar una relación con Chile?

— Siempre hay decisiones políticas que permiten reconducir un curso de acción, pero yo creo que en tanto exista un interés mutuo de hacerlo, es posible. En mi tiempo (2005) había un interés, porque había una agenda que venía de gestiones anteriores. En Bolivia, nada es inaugural. Siempre hay antecedentes previos.

— ¿Se puede renegociar el Tratado de 1904? Hay una disposición constitucional transitoria que fija un plazo para este año.

— Sí. Lo que tienen que hacer los órganos de poder público, el Ejecutivo y la Asamblea Legislativa, es tomar la noción de que un tratado es un convenio de partes y hoy en el mundo hay instrumentos que rigen la forma en la que éstos pueden ser renegociados, denunciados. No es un tema sencillo ni unilateral. Encuentro que es un espacio de oportunidad para aproximarnos a discutir con los vecinos este tema, no sólo con Chile, no sólo con Perú. Pero, para discutir temas de semejante complejidad, hay que bajar los ánimos. La gente, nuestras poblaciones, no está en el ánimo de confrontación.

— ¿Un juicio contra Chile?

— Es una posibilidad compleja por una razón que es fundamental. Chile debe aceptar la jurisdicción del tribunal que se escoja. Ningún Estado puede obligar a otro a aceptar una jurisdicción arbitral o internacional. Lo que tiene que examinarse con mucho cuidado es que el Pacto de Bogotá, el instrumento por el que los países reconocen la competencia de La Haya, tiene reservas. Chile formuló algunas, Bolivia también.

— ¿Cómo ha ocurrido en el diferendo marítimo Chile y Perú?

— Ambas partes estaban afectas a recurrir a esa jurisdicción, pero han sucedido hechos posteriores como el fallo entre Nicaragua y Colombia que ha llevado a que Colombia desconozca esa competencia y eso revela que no todos los países están hoy realmente afectos a consentir competencias de tribunales y extranjeros por más internacionales que sean. Unas soluciones diplomáticas pueden tener muchísimo más valor que una decisión judicial, porque pueden reflejar una verdadera voluntad política y transcender un fallo de agentes internacionales.

— ¿El próximo fallo de La Haya afectará a Bolivia?

— En absoluto. Si se da una solución entre Bolivia y Chile por esa franja en la frontera debe tener una solución de continuidad en la nueva frontera. Tampoco puede ser un motivo para que Bolivia, Perú y Chile reencaminen una gestión que deba responder a una buena vecindad entre tres países.

— Hemos estado en una lógica pendular, o Chile o Perú; bien con Bachelet, mal con Piñera.

— Todo es medido por el tema marítimo. Destaco los dos acuerdos con el presidente Lagos y creo que resumía una fracción del lado importante de nuestras relaciones. De las gestiones que se hicieron con (Michelle) Bachelet no puedo opinar mucho porque no las he seguido de cerca y creo que no se han hecho transparentes todavía. Mi percepción política es que Bachelet pudo hacer mucho más en seguimiento a la voluntad política del presidente Ricardo Lagos. Luego viene un deterioro que siempre se puede remontar.

— ¿Usted cree que es posible?

— Sí; es más, deberíamos ser capaces de hacerlo. Una situación de paz y de confraternidad es un aliado para el desarrollo. Segundo, cualquier distanciamiento, y peor si hay un proceso judicial, puede tomar más de una década. Son oportunidades perdidas.

— ¿Y la soberanía?

— Uno de los temas cruciales para la definición de una política exterior es la soberanía de los territorios que eventualmente van a ser recuperados, soberanía territorial y marítima. Esta aproximación, a mi juicio, genera dificultades con Chile, que tiene una posición más severa como del Perú, en la hipótesis de que si se cede soberanía se lo haría por territorios que fueron peruanos. El todo o nada. En esa línea, las relaciones boliviano-peruanas, boliviano-chilenas y las relaciones regionales deberían abordarse con un concepto de soberanía más completo, más pragmático. Deberíamos mirar el tema de la soberanía no como un renunciamiento, sino con la posibilidad de una salida posible.

— Entre medio ha surgido la detención de los tres soldados.

— No creo que este tema fuera  sólo la Justicia chilena; éste es un tema del Estado chileno. Fue muy desafortunada la idea de llevarlos a un ámbito judicial cuando en el pasado, y con alguna frecuencia, Chile, Bolivia y Perú resolvían este tipo de incidentes de manera diplomática y consular. La detención no la encuentro constructiva, como tampoco las reacciones bolivianas que tienden a escalar el conflicto.

—¿Exagerada la reacción del Estado chileno?

— Era innecesario usar este tema en las relaciones bilaterales, marcadas por intereses comunes.

— Pero hay acuerdos de cooperación contra el contrabando...

— Pues, eso, hay entendimientos históricos comunes no sólo de la vecindad, sino de la activa vecindad por los tránsitos y el comercio. Tenemos un gasoducto, Arica-Sica Sica, que transporta volúmenes fundamentales de hidrocarburos desde los años 60. Y hay muchos otros intereses en común. Me preocupa que por estos temas de confrontación, que no son tan relevantes y que pueden tener soluciones sencillas, se deterioren las relaciones que tienen dimensiones mucho más importantes.

— ¿Cómo se dañan las relaciones?

— Se daña el intercambio cultural y somos parte de un mismo continente. Francamente, lamento el ambiente de tensión. Y no me gusta echar la culpa a alguien, pero es posible remontar este mal momento. Nuestros hijos y nuestros nietos serán capaces de ver lo que nosotros no hemos visto.

Perfil

Nombre: Eduardo Rodríguez Veltzé

Nació: 02-03-1956, en Cochabamba

Profesión: Abogado

Cargo: Decano de la Facultad de  Derecho de la Universidad Católica Boliviana (UCB).

Carrera

Fue subcontralor y luego presidente de la Corte Suprema de Justicia. Por efecto de la crisis política (2003-2005) fue designado Presidente de Bolivia. Fue sucesor de Carlos  Mesa, cargo que asumió el 9 de junio de 2005. Enfrentó una dura oposición que quiso frenar las elecciones de diciembre de 2005, cuando fue elegido Evo Morales. Mantuvo una línea de diálogo muy activa con Chile y Perú con la perspectiva de integración.

Reelección: ‘Hay una limitación constitucional’

— ¿Es posible la reelección del presidente Evo Morales?

— La Constitución, que expresa la voluntad del poder constituyente ciudadano, y su disposición transitoria tienen una lectura muy clara: La elección es sólo por dos períodos y para el cómputo debe tomarse en cuenta el anterior. Alguna razón habrán tenido los constituyentes de incluir esa disposición, cuya lectura e inteligencia es muy nítida. Para mí, hay una limitación de orden constitucional para proceder a una reelección sin resolver este tema.

Cuando surgen dudas, como las que se manifiestan, se puede acudir al Tribunal Constitucional para que interprete la norma y en esto la Constitución señala cuáles son los parámetros. El Tribunal tiene que acudir a la voluntad del constituyente a través de los registros y las actas de la Asamblea, al texto literal.

Otra salida es que la Asamblea Legislativa, a iniciativa del Ejecutivo que tiene el interés de promover la reelección, procese una reforma parcial de la Constitución. Alentaría esa posibilidad que legitimaría el proceso, indistintamente de quien sea el candidato.

— ¿Es el camino a la reelección?

— Una reforma constitucional parcial supone una iniciativa legislativa, y el Gobierno tiene una posibilidad de una aprobación muy pronta y luego someter un texto de reforma en un referéndum, lo que debe sentar una línea de legitimidad constitucional al proceso de elección con reelección. Sería muy provechoso incluir en este proceso otras cuestiones de orden constitucional que podrían ser muy útiles para ajustar la gestión del Estado.

— ¿Cuales otros temas?

— Advierto algunos. Llevamos casi siete años con una Controlaría interina. Entre otras cosas, estimo que no se designa a un contralor porque hay una contradicción en la Constitución, que por un lado dice que al Contralor lo elige el Presidente y, por otro, lo elige la Asamblea Plurinacional. A mi juicio, es imperativo que en una enmienda parcial de la Constitución se ajusten temas.

Seguramente fueron omisiones y temas no tratados en la Asamblea Constituyente. Eso tampoco está en la capacidad de Tribunal (Constitucional). Hay ciertos temas de decisión que va más allá de la interpretación que nos corresponde a los ciudadanos de poder recuperar el poder constituyente ciudadano que fue una de las grandes virtudes dede la elaboración de la Constitución.

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