Animal Político

Desde un balneario sin soberanía hasta un puerto soberano

En medio de los diferendos verbales entre los gobiernos de Chile y Bolivia, es pertinente barajar opciones para el acceso boliviano al mar. Una de las propuestas más llamativas se reactualiza con la iniciativa de tres profesionales chilenos: una isla artificial y un túnel para Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Finot / La Paz

00:02 / 24 de febrero de 2013

A cierta el presidente Evo Morales al plantear que Chile podrá contar con el gas boliviano, y otros recursos, cuando se llegue a un acuerdo para resolver la mediterraneidad boliviana, y sienta así las bases para una política de Estado. A su vez, Sebastián Piñera malinterpreta esta propuesta, pero, ante  el ya próximo fallo del tribunal de La Haya, acaba de ofrecer informalmente un enclave sin soberanía donde los bolivianos podríamos hacer un balneario, en caso de que dicho fallo le favoreciera.

Qué lejos está Piñera de la preocupación del presidente Santa María (1881-1886), a quien, al término de la Guerra del Pacífico, le parecía imperioso que Bolivia contara con un puerto propio. Lejos está también de la actitud del presidente Lagos, que estuvo a punto de lograr un consenso para ofrecer a Bolivia el corredor acordado inicialmente entre Pinochet y Banzer, pero sin soberanía. En fin, se entiende, Piñera debe fijar posiciones, pero felizmente también llegan otras propuestas desde Chile, aunque no oficiales.

En Bolivia no se ha dado la suficiente importancia a una iniciativa de tres destacados profesionales* chilenos para que podamos contar con un puerto soberano. Su propuesta fue publicada en 2009, pero recientemente ha sido actualizada ante la posibilidad de una “solución salomónica” por parte del Tribunal de La Haya.

Ella consiste básicamente en que Chile y Perú suspendan su actual litigio y acuerden:

1. Ya no disputar el triángulo marítimo en discordia sino transformarlo en el “Triángulo de la Concordia”, haciéndolo de soberanía compartida entre Chile, Perú y Bolivia.

2. Que nuestro país construya dentro de este triángulo —a una distancia entre 600 metros y un kilómetro desde la costa— una isla-puerto que sería de exclusiva soberanía boliviana.

3. Que Bolivia tenga acceso soberano a su isla a través de un túnel que pasaría exactamente por debajo de la frontera entre Chile y Perú, y luego continuaría por debajo del lecho marino, hasta llegar a la isla. Este conducto contaría con línea férrea, una doble vía para automotores y ductos de petróleo, gas, energía, etc., y sería boliviano; en términos de los proponentes, “un país (Bolivia) pasa[ría] por debajo de otros dos países (Chile y Perú)”.

Recapitulando: dado que, por un lado, Chile se niega a ceder una franja soberana en tierra y, por otro, tanto Chile como Perú podrían perder pretendido territorio marítimo, se propone que ambos —y Bolivia— ganen, optando por un proceso de integración de largo aliento entre los tres países, haciendo al nuestro una cesión parcial de posible soberanía en el territorio marítimo que ambos pretenden, y que en tierra se mantenga la frontera entre los dos, pero permitiendo que Bolivia construya un túnel desde la zona de Charaña hasta su isla-puerto soberana.

Construir una isla a un kilómetro   o menos de la costa con las rocas y la tierra obtenidas de la construcción de túneles, parece algo perfectamente posible. En el mundo han sido construidas muchas islas artificiales, siendo tal vez las experiencias más pertinentes la de Panamá —islas construidas con rocas y tierra provenientes de la construcción del Canal— y la de Japón, por sus particulares características sísmicas. En cuanto al costo: el de una isla de 100 hectáreas que Israel planea construir próximamente en el mar Mediterráneo (donde habrá, además de puerto, un aeropuerto, una planta de energía y una planta de de-salinización del agua de mar) es estimado en $us 1.500 millones  (Enlace Judío, 8 de julio, 2012).

En lo que se refiere a túneles existe mucha experiencia, referida tanto a terrestres como a submarinos, según lo muestran los proponentes. Según dicen, el costo total de la obra —que tendría unos 150 kilómetros— sería comparable al del viaducto multimodal de 204 kilómetros que se construirá entre la Quinta Región de Chile y la Argentina, que incluye un túnel de baja altura con una pendiente del 2% a través de la Cordillera de los Andes, y cuyo costo total alcanzaría a una suma entre $us 3.000 millones y $us 4.000 millones.

En suma, tomando en cuenta que el tiempo de ejecución de las obras sería de por lo menos diez años, y comparando estas estimaciones preliminares con nuestro actual nivel de reservas monetarias, ellos parecen alcanzables.

Por supuesto, habría que hacer una evaluación técnica y financiera a fondo de la propuesta pero, en la medida en que fuera viable, tendría varios aspectos interesantes para Bolivia. En primer lugar, el puerto soberano:

1. La forma más factible de acceder a la costa es el corredor con soberanía, pero éste desembocaría en una playa al norte de Arica y habría que construir un puerto. Hacerlo en una isla artificial tendría grandes ventajas ya que, en vez de tener que adecuarse a la naturaleza, se lo construiría ad hoc y, dada la rápida pendiente de la plataforma marítima del Pacífico, la profundidad de las aguas que lo circundarían probablemente permitiría el acceso de buques de gran calado.

2. Para ser de soberanía boliviana, la isla debería contar, obviamente, con mar territorial exclusivo alrededor de ella, pero además, dentro del acuerdo de soberanía compartida en el Triángulo de la Concordia, podría darse a Bolivia un tratamiento especial, garantizándole pleno acceso a las 200 millas náuticas correspondientes al triángulo, en cualquier circunstancia.

En cuanto a cómo acceder al puerto a través del corredor: una ruta más directa, con vía férrea, autopista, etc., que incluya un túnel —o varios— a través de la cordillera, podría ser una opción más conveniente que la tortuosa ferrovía Arica-La Paz. Con rocas y tierra provenientes de éste o estos túneles, y de la perforación bajo el lecho marino, se construiría la isla.

Sin embargo, coincidimos con los proponentes chilenos, lo decisivo para poder encarar soluciones de esta envergadura sería que, no solamente se hiciera por fin justicia al pueblo boliviano sino que, a la vez, se consensuara entre los tres países un proceso de integración en el que todos ganaran. Esta iniciativa podría verse favorecida por el proceso de integración que ya han iniciado Perú y Chile, por el que está realizando la Alianza Estratégica Aymaras sin Fronteras (entre Bolivia, Perú y Chile), y por la favorable disposición y el liderazgo del presidente Ollanta Humala.En cambio, si La Haya definiera una merma del territorio marítimo que Chile reivindica, ello haría más difícil una cesión adicional: la del mar territorial del posible corredor boliviano. Ciertamente es conveniente que en este proceso se esté mencionando el problema marítimo de Bolivia y las tratativas que hubo para solucionarlo. Más provechoso aún sería que nuestro país —al haber sido aludido— pudiera ampliar esta información y quedara constancia de su punto de vista. Pero lo mejor para todos —también para no-         sotros— sería que ese proceso se suspendiera y se instaurara un diálogo tripartito para construir proactivamente entre los tres una solución consensuada, antes que depender de un fallo imprevisible.

* Fernando Castillo Velasco, quien ha sido rector de la universidad Católica de Chile, intendente (gobernador) de la Región Metropolitana y alcalde de uno de los municipios que integran esta región; Carlos Martner García, y Humberto Eliash, profesores de prestigiosas universidades y autores de importantes obras arquitectónicas.

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