Animal Político

Del bipartidismo al pluralismo democrático

El MNR  dominó el Beni desde la Revolución Nacional, su única oposición, la Falange Socialista Boliviana, fue aplastada por la fuerza. En los 80 apareció ADN para disputarle el poder. Estos partidos se ‘turnaron’ en los cargos hasta la llegada del movimiento indígena (2004), que fue instrumentalizado por el MAS

Info elecciones Beni.

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La Razón / Ricardo Aguilar Agramont

00:03 / 13 de enero de 2013

El historial de las fuerzas políticas en territorio beniano está ligado al olvido por las sucesivas administraciones del Estado nacional, prácticamente desde que nació el departamento. En 1842, cuenta la historiadora Claudia Peña, el expresidente José Ballivián creó el Beni en la antigua provincia cruceña de Moxos. “Cualquier vínculo del pasado mojeño quedaba disuelto con el nuevo nombre: Beni, río que nace precisamente en la ciudad de La Paz”. Sin embargo, el Beni siguió formando parte del oriente boliviano, “olvidado y menospreciado por los gobierno centrales”. Incluso el exgobernante Melgarejo, en 1867, cedió a Brasil la mitad del Acre y con ello la libre navegación del río Madera, dejando a muchos bolivianos del lado brasileño.

Posteriormente —continúa la académica—, el auge de la goma en las dos últimas décadas del siglo XIX hizo que el Estado boliviano se haga presente en este territorio a través de puestos aduaneros, pero el fin del boom del caucho significó también el desinterés estatal. En la segunda mitad del siglo XX, tras la Revolución del 9 de abril, las llanuras benianas se convirtieron en las principales abastecedoras de carne vacuna destinada a los centros mineros y esto llevó a que el partido de gobierno, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), tenga una presencia importante en ese departamento.

En 2009 comienza una nueva configuración política con dos partidos distintos: el MAS y Poder Democrático Social (Podemos), que viene de los residuos de Acción Democrática Nacionalista (ADN) y fue liderado inicialmente por Wálter Guiteras, recuerda el sociólogo beniano Wilder Molina. El MNR fue “desplazado radicalmente del poder departamental después de casi 50 años de dominio y presencia en todos los niveles de poder, sean éstos diputaciones, senadurías o alcaldías”.

EL MNR —prosigue— llegó a ese territorio en la década del 50 con el discurso de la Reforma Agraria. Mediante la formación de liderazgos campesinos, se expandió por todo el Beni y construyó una estructura “muy fuerte”. “Esta expansión se articuló con una tradición de redes familiares que operaban como conductores de su presencia local y reproducían su influencia”.

En esos años de supremacía emenerrista, la oposición fue la Falange Socialista Boliviana (FSB) —partido de corte ultranacionalista y de rasgos fascistas— la cual “era duramente perseguida por los nacionalistas revolucionarios con métodos prácticamente dictatoriales, es decir el uso de la fuerza”, cuenta el sociólogo beniano Ismael Guzmán, quien afirma además que esa hegemonía se logró con “métodos de facto”.

Ya en la instauración de la democracia (1982) llegó la ADN y se estableció una suerte de “bipartidismo”, argumenta. “La fuerte presencia” emenerrista sólo fue disputada cuando llegaron los 80 por ADN. “Pese a que habían fuertes rivalidades entre ambos partidos —con peleas campales y balaceras incluidas—, sucedía que se iban alternando en el poder. No había espacio para la emergencia de otras alternativas políticas electorales”, afirma.

La renovación, interpreta Wilder Molina, vino después de la promulgación de la Constitución (febrero de 2009) y particularmente con las primeras elecciones a las gobernaciones, en 2009. “Este hecho prácticamente jubiló a las viejas generaciones de políticos del MNR y ADN que habían manejado el poder durante casi 30 años de democracia”.

En un corto plazo de cinco años, se ha generado una expansión de la presencia estatal  “nunca antes vista en inversiones económicas y presencia física cotidiana”, eso “era imposible” antes de 2007 porque había un bloque de oposición difícil de desestructurar. Se había configurado un frente bajo la bandera de las autonomías y la llegada a los gobiernos municipales era difícil para el partido de Evo Morales. “Ha habido una reconfiguración muy acelerada. Eso es un éxito para el gobierno del MAS. Siempre se pensó al Beni como una región abandonada”, recuerda Molina.

Es en ese momento en que “la política se pluralizó. Ha habido una emergencia de actores nuevos como profesores, mujeres, campesinos e indígenas, reduciéndose la influencia que antes tenían de los grupos ganaderos”, asevera y luego cuestiona que ese cambio no necesariamente ha significado que “el modo de hacer política sea hoy diferente.

Para Guzmán, la transformación se inició en Moxos en 2004, cuando los indígenas presentaron una candidatura al margen de los partidos políticos y ganaron.  “Ahí se generó una tercera opción”. La emergencia del MAS fue porque instrumentalizó casos como el de Moxos.

Molina también nota esta apertura a otras opciones políticas en   el Beni que no sean el MNR o el reflujo del ADN, es decir Primero el Beni. Ahora, dice, hay un tercer partido, el MAS y una representación indígena diferente al partido de Gobierno. “Lo que ha ocurrido es la ruptura de una tradición con la emergencia de los movimientos indígenas y luego del MAS”.

El MNR aún funciona, aunque enfrenta una disputa de liderazgo entre la dirección nacional y la departamental, y no tiene una identidad propia. “Muestra ambigüedad respecto de a quién apoyan”. Algunos de sus miembros se alinearon a Primero el Beni y otros al MAS, dice Molina poniendo en escena cómo la primera fuerza departamental durante décadas hoy a quedado venida a menos.

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