Animal Político

Los seis booms tarijeños de la era del gas

El crecimiento de los ingresos de Tarija ha generado fenómenos no experimentados antes. Hay más medios, como la delincuencia, la corrupción, el contrabando, la migración o ineficiencia de parte de las autoridades locales y departamentales. Ojalá que, luego de esto, no vivamos el boom de la indignación.

La Razón / Rafael Sagárnaga

00:03 / 16 de junio de 2013

Y cómo está cambiando a Tarija esta era del gas que ya bordea una década? Ésa es la pregunta que regularmente surge sobre el departamento que hoy tiene más ingresos en Bolivia gracias a sus regalías hidrocarburíferas. Sólo por el gas, los ingresos tarijeños dieron un salto de 18 millones de dólares a 430 millones de dólares anuales entre 2004 y 2012. Y a eso habrá que sumar otras fuentes no siempre santas.

Quizás la respuesta se pueda resumir en los booms que se perciben a primera vista u oída cuando se trabaja en medios. Y, precisamente, el primer boom que se advierte en la Tarija de la era del gas es el de medios de comunicación, boom que incluso contradice tendencias mundiales. Mientras en el planeta baja sostenidamente la cantidad de matutinos y vespertinos, entre 2003 y 2013 en Tarija se abrieron siete diarios. Hoy funcionan seis. Es decir, tiene casi tantos periódicos como La Paz y Santa Cruz, y supera holgadamente al resto de los departamentos. Ni qué decir en el caso de radioemisoras y canales de televisión: en la capital se pasó de 13 a 49 radios y de cuatro a 22 canales de televisión. En Yacuiba, el salto fue de cuatro a 19 radioemisoras y de tres a 12 televisoras.   

Esa multitud de medios se disputa las audiencias y lectores que ha multiplicado el boom migratorio. Según el Censo 2012, cada día llegan casi 11 nuevos residentes. Se ha desatado una licuadora social, y nuestro “país feria” exhibe otras de sus grandes expresiones en Bermejo, Yacuiba y la propia capital tarijeña.

Y, entonces, se abre una nutrida agenda noticiosa con los otros fenómenos del sur en estos tiempos. Hablar de ferias es hablar de contrabando, y luego hallamos todo tipo de tráfico. Por lo tanto, Tarija experimenta también un boom de la delincuencia sin precedentes. La era del gas ha coincidido con un ajuste de estrategias fronterizas antidrogas en Brasil y Chile que convirtió las rutas de este departamento en la “doble vía” del narcotráfico. Son semanales los operativos que detectan cocaína boliviana o peruana con rumbo a la Argentina o marihuana paraguaya con rumbo a Perú.

Así, no sólo llegan divisas por el gas. Por ello, también se multiplican, especialmente en el Chaco, fortunas de dudosa procedencia y violentos silenciamientos transfronterizos. Pero, claro, los efectos de la lluvia de “gasdólares” sobre Tarija  son los que nutren más la agenda de los medios, especialmente por otro boom: el de una corrupción que presenta casos de antología. En este boom ni los políticos oficialistas ni los opositores ni los pendulares, ni los tránsfugas, han demostrado escrúpulos.   

El ritmo de escándalos de corrupción es más que semanal. Este martes, la gente supo cómo un proyecto carretero (Piedra Larga-Carlazo) redujo un tercio su extensión y subió casi cien por ciento su precio. Un alza no explicada de 18,7 “milloncitos” de dólares. Todo se mantuvo en secreto hasta que la denuncia llegó a los medios. Dos días antes volvió a tapas y titulares el caso de la piscina “olímpica”, obra iniciada en 2006 y que debía estrenarse en 2008. En 2009, en el tema se ahogó entre contradicciones y cuentas inexplicables el grupo del fugado gobernador Mario Cossío. Ahora, las explicaciones enredadas corresponden a los funcionarios del gobernador masista Lino Condori. La piscina empezó valiendo 5,7 millones de dólares, ahora se presupuesta concluirla gastando 6,6 “milloncitos”.

La semana antepasada se debatió el caso de la ya célebre “variante al Chaco”. Es una carretera que dejó de ser construida tras haberse avanzado 39,8 kilómetros. Casi 21 “milloncitos” de dólares se invirtieron en esa obra que quedó suspendida por siempre en medio de la nada. Hace tres semanas se supo del caso de un puente, en Colón, que llegó sólo a “piedra fundamental”. El entonces Alcalde ejecutó el 20% del presupuesto del proyecto, pero seis años después nadie da cuentas de esa “obra”. Nadie dice qué se hicieron 120 mil dolarcitos.

Y así, los casos de corrupción continúan retrospectivamente. Hasta se va formando una pintoresca lista de apelativos: “Canal fantasma”, trata de una televisora inexistente que cobraba pagos oficiales por publicidad. “Postes y hamburguesas” se refiere a una importación de postes para la Alcaldía que fue realizada con la razón social de una hamburguesería. “Terminal con su terrenito privado”, recuerda a la maqueta del proyecto que exhibía en medio de la futura terminal un área que pertenecía a empresarios. “Gloria Trevi”, habla de cuando se anunció la llegada de la cantante a la ExpoSur, pero ni ella se había enterado. Hasta la fecha no se ha devuelto el dinero “invertido” en la mexicana…

La lista podría continuar a lo largo de este suplemento y más. Suficiente señalar que sólo el virtual exgobernador Cossío acumuló, en cinco años, 27 procesos por corrupción. Para entonces (2010) esa cantidad implicaba el 70% de los casos que afectaban a los gobernadores de la “media luna”.  Y se puede elaborar listas de casos de más de 20 autoridades departamentales, ediles o provinciales tan sólo revisando los diarios. Lectura recomendada para investigadores de corrupción, antólogos de saqueos y tesistas.      Para colmo, el quinto boom de la era del gas en Tarija es algo así como uno de magia. Todo hace presumir que gran parte de la renta hidrocarburífera, aproximadamente 1.800 millones de dólares registrados hasta hoy, desapareció porque sencillamente no hay obras. Tanto en la capital como en el departamento “más rico de Bolivia” si algo se advierte es la ausencia de obras. Se vive el boom de la ineficiencia.

Desde grandes obras interdepartamentales, como la carretera a Potosí, hasta elementales servicios, como el alcantarillado, se hallan inconclusos o ausentes. En casi una década de bonanza en Tarija virtualmente no se ha estrenado una sola obra de impacto. La actual Gobernación no pudo siquiera concluir los cinco proyectos “estrella” que dejó a medias (en medio de escándalos de corrupción) el fugado Cossío.

La capital tiene el mismo alcalde desde hace 12 años (Óscar Montes), sin embargo, crece de manera saturada sin planificación. Presenta una Terminal de Buses más pequeña y menos aseada que decenas de estaciones de servicio en el país. El único proyecto de un parque urbano central que devuelva áreas verdes sufre un incesante asalto de loteadores. El hospital principal presenta rajaduras y goteras hasta en los quirófanos, en medio de equipos inutilizados y carencias generalizadas. Las lagunas de oxidación colapsaron hace 20 años y expiden olores de cloaca a todo el barrio de San Luis y llegan ya a otros.

Las ciudades menores no desentonan este estancamiento. Bermejo fue apodada “la capital de la basura” porque dejó de funcionar su botadero municipal. Considérese el caso de Caraparí. Allí, sus habitantes, pese a vivir sobre el megacampo que alimenta de gas a Sao Paulo, cocinan a leña o compran garrafas.  

El martes, cientos de vecinos de San Luis se dirigieron hacia la plaza Luis de Fuentes portando recipientes con aguas estiercoladas. Las habían extraído de las lagunas colapsadas y echaron ese contenido a las puertas de la Alcaldía y la Gobernación. ¿El siguiente boom en Tarija será el de la indignación? 

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