Animal Político

Un caballo de troya moderno

La ideología de género es un ataque perverso a la libertad y a la razón.

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Calderón es investigador y asesor en liderazgo

00:00 / 28 de noviembre de 2018

Cuenta una de las leyendas griegas de Homero que el ejército de un pueblo utilizó un artilugio de madera con forma de caballo para burlar las defensas de sus adversarios con el fin de conquistar un territorio. Este relato ha permanecido hasta la actualidad como un perenne recordatorio de que existen peligros que suelen pasar desapercibidos ante nuestros ojos, pero que tarde o temprano develan su verdadera naturaleza destructiva. La metáfora del caballo de Troya es el mejor ejemplo para comprender cómo opera la ideología de género, pues ésta se vale de estrategias como la manipulación emocional y del lenguaje para eludir los mecanismos de defensa de la sociedad e insertarse en instituciones como el gobierno, la educación, la justicia y los medios de comunicación, con el propósito de ejercer un control tiránico sobre un territorio.

Si el lector revisa los materiales que actualmente se enseñan bajo el eufemismo de “enfoque”, “perspectiva” o “estudios” de género, o las teorías en las que éstos se basan, probablemente una de las primeras cosas que podrá advertir es que la tesis del género plantea la peculiar idea de que no hay verdades absolutas sobre sexualidad, sino un conjunto de creencias especulativas, “saberes” relativistas y argumentos sentimentalistas sobre el tema, es decir que el conocimiento científico, que deriva de la biología, la fisiología, la genética y otras ciencias duras no resulta relevante para comprender el desarrollo sexual. Tesis que, lógicamente, ha sido ampliamente refutada por eminentes investigadores como Pinker, Fisher y Swaab, entre otros.

Por otra parte, tomando en cuenta que una ideología es un conjunto de ideas que ofrece explicar la realidad, prometiendo remedios para alcanzar la perfección, el lector también podrá notar al revisar los planteamientos del género, que en éstos se evoca ambos aspectos de la definición citada: primero, la explicación de la “realidad”, que se ve claramente reflejada en el discurso antagonista opresor/oprimido, víctima/victimario, mujeres vs. hombres  y  homosexuales vs. heterosexuales; y, en segundo lugar, en la promesa de “remediar” esa realidad, a través de una cura o un antídoto que, en la retórica del género, está representada en la sublime promesa de la disolución definitiva de la diferenciación sexual que traerá progreso y que conducirá a la humanidad hacia un futuro idílico y paradisiaco, donde reinarán la igualdad, la diversidad y la inclusión. Pero que, en la práctica, solo crea élites blindadas y privilegiadas, restringiendo las libertades de quienes disienten de esta ideología, tal como sucedió históricamente con el nazismo y el marxismo.

La ideología de género también usa como estrategia discursiva la manipulación de los conceptos de igualdad, diversidad e inclusión, cuyo significado original es astutamente distorsionado para generar receptividad, aceptación y adhesión. En ese sentido, el concepto de “igualdad” no significa únicamente igualdad ante la ley, es decir, el principio indiscutible de que todos los seres humanos somos intrínsecamente iguales en dignidad y valor; sino que se tergiversa añadiendo la pretensión de alcanzar igualdad en los resultados que logramos y en lo que producimos, lo que implica forzar un tipo de igualdad biológica, anatómica y sexual entre varón y mujer que, según la ciencia, resulta imposible de conseguir, a menos que sea impuesta por la fuerza. El segundo concepto distorsionado es la “diversidad”, que, básicamente, hace referencia a la diversidad cultural y de pensamiento, percepción u opinión; no obstante, en este caso, se inserta arbitrariamente la idea de la diversidad en el campo sexual, es decir, en lo biológico, genético y cromosómico, donde, según la evidencia científica, no existe más realidad que la complementariedad dual de hombre (xy) y mujer (xx). El tercer y último concepto de esta triada perversa es la inclusión, que hace referencia al libre acceso de personas o grupos para ocupar cargos o posiciones determinadas, lo cual es encomiable; sin embargo, esta ideología añade la creación de cupos obligatorios de género en el ámbito público y privado, mismos que se otorgan sin que exista mérito o preparación alguna de por medio, lo cual crea castas sociales privilegiadas y una gran injusticia.

En conclusión, la ideología de género es un ataque perverso a la libertad y a la razón que se nos vende como empatía, justicia y progreso, un caballo de Troya moderno.

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