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Al ‘camba’ Busch le dolió Bolivia

“¡Qué te pasa Germancito! me estás desconociendo, soy yo tu hermano… déjate de macanas, el país te necesita… tus hijos te necesitan”; al escuchar nombrar a sus hijos, él se calma, todos se calman… pero después de unos segundos, nuevamente agarra su arma, se la lleva a la cabeza y dispara.

Religioso. El presidente Germán Busch junto a su confesor.

Religioso. El presidente Germán Busch junto a su confesor.

La Razón (Edición Impresa) / Pablo Michel Romero

00:02 / 23 de agosto de 2015

Son las ocho y veinte de la mañana, radio Illimani está emitiendo música boliviana interpretada por una estudiantina, de repente una voz masculina interrumpe la música y desde el micrófono anuncia… “conciudadanos, debemos informar con el más hondo pesar que el señor presidente de la república, coronel Germán Busch Becerra, ha fallecido… a partir de este momento la programación de radio Illimani cambiará… más adelante estaremos dando mayor información de este infausto suceso”, después de casi dos minutos se interrumpe el silencio con el inicio del segundo movimiento de la Octava Sinfonía de Franz Schubert  conocida como “La Sinfonía  Inconclusa”… increíble coincidencia. En el mismo micrófono que el propio presidente Busch había leído su manifiesto con el rótulo “Que Bolivia aproveche sus riquezas” semanas antes, esta vez se anunciaba su muerte.

Hoy, domingo 23 de agosto recordamos el suicidio del “camba macho”, como se lo conoció en vida. El explorador, gran capitán del Chaco, golpista, nacionalista, antiseparatista, presidente de Bolivia y suicida: Germán Busch Becerra (1904-1939); y desde su muerte se ha establecido (en varios libros y textos referidos a historia de Bolivia y sus presidentes) la incertidumbre de la real causa de su muerte con el rótulo “causa de su muerte: suicidio?”

Lo preocupante es que los actuales textos que tratan el tema siguen arrastrando desde 1939 esta incógnita, generando así un sinfín de especulaciones, llegando algunas de ellas incluso al morbo, desviando así la realidad de este evento trágico que colocó a Busch entre los contados casos de presidentes (en el mundo) que tomaron esta determinación estando en pleno ejercicio de su mandato.

Por supuesto que se habló sobre un magnicidio, un asesinato político, una venganza de la “famosa rosca”, inclusive no faltó quien hizo “volar la imaginación” queriendo relacionar este evento con alguna consecuencia de la reciente guerra contra el Paraguay, tal como se relacionó la muerte del expresidente general José Manuel Pando con alguna venganza del “sur” después de la Guerra Federal, veintidós años antes; y sí, siempre existieron y existirán móviles de todo gusto y sabor para especular con la muerte de un Presidente, así se deba ésta a una causa natural o por enfermedad, y mucho más aún por la forma tan violenta en que murió Busch, con el cráneo destrozado por un balazo.

En el año 2009 tuve la suerte y privilegio de producir y dirigir el documental: Vida y obra de Germán Busch (120 minutos) y que tuvo además la participación de los historiadores Edwin Bequer, Robert Brockmann, Luis F. Sánchez y el nieto del expresidente: Carlos Germán Busch Vargas. Por tratarse de un documental biográfico, decidí concentrarme en los hitos más importantes de la vida de Busch, como su paso por el Colegio Militar, sus expediciones a las extintas y hasta míticas misiones de Zamucos, su gran participación en la Guerra del Chaco, los tres golpes de Estado que él protagonizó, su presidencia del país a los 33 años de edad, su gobierno, la desconocida pero fundamental  movilización de 1938, cuando Bolivia logró el objetivo más importante de la Guerra del Chaco: “salir al Atlántico por el río Paraguay” y, finalmente, su muerte por suicidio con el emotivo homenaje del pueblo boliviano, que lloró su muerte, y las ceremonias en Paraguay por parte de la legión de los dignos excombatientes “paraguayos” a los cuales se había enfrentado pocos años antes. Sin embargo, el tema específico del suicidio no fue abordado en profundidad, fundamentalmente por falta de tiempo y creí que este episodio era digno de un nuevo documental específico sobre su muerte y los motivos que rodearon a esta trágica determinación.

Lo bueno fue que a partir de esta experiencia me llegó documentación conteniendo el proceso judicial (que no había sido publicada aún), con las declaraciones e informes técnicos y balísticos que prueban de forma definitiva que el presidente Busch se suicidó en su casa en esa fría madrugada del 23 de agosto, después de celebrar una fiesta allí, en ocasión del cumpleaños de su cuñado.

Partiendo de esta conclusión plenamente documentada y que no deja dudas, preguntémonos:

¿Qué puede motivar a un hombre a suicidarse?, ¿qué pudo orillar a este hombre joven, corajudo, Presidente, atractivo físicamente, con una familia estable y con un interesante futuro a terminar con su vida? ¿Qué le hizo tomar esta decisión cuando en otras ocasiones y estando en real peligro y depresión no lo hizo… como cuando estuvo perdido y a punto de morir en su expedición a Zamucos, o en tremendos momentos de peligro y desazón en la Guerra del Chaco?

¿Será que en los anteriores episodios de su vida tenía esperanza en el porvenir y cuando ya se encontró de Presidente vio la cruda realidad de que ni siéndolo podría realizar lo que en su criterio pensaba que era lo mejor para el país? ¿Acaso no vislumbraba con optimismo el porvenir una vez haya dejado el poder y se haya retirado de la vida pública? ¿No era suficiente motivo para aferrarse a la vida su esposa Matilde, sus tres hijos y una niña que venía en camino? ¿Acaso para Busch, los intereses de Bolivia y el Estado eran lo más importante, incluso por encima de su familia y de él mismo? ¿Es posible que a este “macho camba” le hayan afectado tanto, hasta el punto de deprimirlo, los ataques de la prensa y la oposición a su gobierno?

¿Es posible que Busch haya sido una de las miles de víctimas de la Guerra del Chaco, que retornaron en la posguerra con las secuelas y la sicosis de guerra? (no hay que olvidar que entre 1936 y 1968 existieron aproximadamente 400 casos (documentados) de suicidios de excombatientes bolivianos, un hecho que por supuesto se trató de ocultar.

Y aún podíamos hacer otros cuestionamientos más; sin embargo, hay que tocar un factor (creo) determinante en este episodio y es el referido al congénito. Existen relatos coincidentes de distintas fuentes que el médico alemán Pablo Busch (padre del Presidente) trató de suicidarse en dos oportunidades: una, cuando aún vivía en Alemania y, otra, años después en Bolivia, cuando su hijo ya era Presidente. Sobre el propio Jefe de Estado se sabe que en varias ocasiones de su corta vida se llevó su revolver a la sien; una de ellas de muy joven, cuando se encontraba perdido con un solo soldado en su famosa expedición de Zamucos (que le valió el Cóndor de los Andes) donde murieron todos los soldados de su patrulla, y en otras varias ocasiones también. Se sabe que días antes de su muerte, el Mandatario estaba a punto de pegarse un tiro en la cabeza estando en su escritorio en el Palacio de Gobierno, y gracias a que uno de sus hijos, aún niño, entró en el despacho y se cayó Busch guardó inmediatamente su arma en el escritorio y corrió a levantar a su hijo.

Tomando en cuenta estos antecedentes, concretémonos a revisar qué pasó en los últimos meses de su gobierno y por qué la oposición, la prensa escrita opositora (incluido el triste episodio de la bofeteada al rostro del escritor Alcides Arguedas) y las élites poderosas que iniciaron una cruzada contra Busch, después de que éste lanzara el decreto del 7 de junio de 1939 con el rótulo de “Que Bolivia aproveche sus riquezas”, que ordenaba la entrega del 100% de las divisas de los mineros al Estado.

Aunque Busch había llamado a elecciones en marzo de 1938 pensando en una nueva Asamblea Constituyente y el 28 del mismo mes la convención lo elegía como presidente constitucional, un año después (24 de abril de 1939) se declaró dictador.

En estos cuatro meses antes de su muerte impulsó las transformaciones más notables de su gobierno, como el Código del Trabajo que estuvo vigente hasta hace poco tiempo, nacionalizó el Banco Central; en la educación se estableció el concepto de una escuela unificada. Pero también existieron incidentes como la orden de fusilamiento para el magnate minero Mauricio Hoschild, acusado por el tráfico de pasaportes bolivianos dentro de la comunidad judía durante la persecución nazi en Europa, aunque tampoco se debe olvidar que fue el propio Busch que dio apertura años antes a la emigración de judíos de Europa a Bolivia; Hoschild no sería fusilado por presiones inclusive del propio gabinete de ministros. También, parece que los acercamientos que quiso tener Busch con el gobierno del Tercer Reich no prosperaron pues Bolivia no estaba contemplada dentro del “nuevo orden nazi”.

Las últimas semanas, la presión de los medios contrarios a su gobierno fue más dura y esto le afectó, centrándose los ataques de forma casi generalizada con la tónica de “que era joven e inexperto para gobernar”, “que no tenía ni cultura ni conocimientos”, “que era prisionero de un entorno familiar malvado que solo buscaba aprovecharse de él”, etcétera, etcétera. A esto se sumó la muerte de su madre y lo poco concurrido que estuvo el entierro; y, para finalizar, un problema dentario que había hecho que Busch tenga que tomar fuertes analgésicos para calmar el dolor, inclusive con la pérdida de una pieza frontal, lo que estéticamente también le afectó.

Según información confidencial que recientemente se ha develado, Busch tenía un confesor y las últimas noches antes de su suicidio estuvo acudiendo a hablar con este sacerdote en el actual seminario San Jerónimo, donde permanecía por largas horas, inclusive hasta muy entrada la madrugada; seguramente con un mundo de cuestionamientos, dudas, culpas, y quizá también su lucha interna contra el demonio de la autodestrucción.Resulta muy difícil precisar cuántas cartas, llamadas telefónicas, notas anónimas y panfletos con amenazas le llegaron al dictador Busch, días antes de su fin; por un lado, los poderosos de la minería, por otro, los escritores y periodistas influenciado por los “siempre  presidenciables”.

Agosto sería su último mes, enfrentado al enemigo más duro y crítico que tuvo: él mismo; acompañado además de una profunda depresión, y la complicación de su salud por un problema dentario producto de la descalcificación que sufrió en la guerra. 

22 de agosto. Es el cumpleaños de Eliodoro Carmona (cuñado del presidente) y en la casa ubicada en la calle Villalobos de la ciudad de La Paz (actual hospital psiquiátrico), donde viven las tres familias (Busch y su entorno familiar, incluidos sus cuñados y sus respectivas familias); se realiza una fiesta, en la que participan los familiares y amigos más cercanos. Por unas horas, el Presidente parece haber olvidado sus profundas preocupaciones y atiende a los invitados con mucha cordialidad. El whisky le ha calmado el dolor en su encía que lo tiene torturado desde hace varios días. Después de la cena y algunos bailes, los invitados se retiran, Busch está ya adormecido por el alcohol. Se dirige a su despacho, donde se encuentran sus cuñados mientras las esposas ya descansan. Busch está alterado nuevamente y repite frases como “antes de que estos vendepatrias y reaccionarios de mierda me destruyan, prefiero meterme un tiro”, a lo que su cuñado le responde: “al final la historia te premiará, Germán. ¿Sabes por qué te insultan? Porque te temen. ¡No valen nada!” Busch responde: “mi sacrificio es en vano, pero antes de bajar los brazos prefiero meterme un tiro” e inmediatamente agarra el revólver que tiene sobre su escritorio y se lo lleva a la sien. Los dos cuñados tratan de quitarle el arma, forcejean, uno le dice: “qué te pasa Germancito, me estás desconociendo, soy yo tu hermano… déjate de macanas, el país te necesita… tus hijos te necesitan”; al escuchar nombrar a sus hijos, él se calma, todos se calman… pero después de unos segundos, nuevamente agarra su arma, se la lleva a la cabeza y se dispara.

Al “camba” Busch le dolió Bolivia; como el hombre que ama a la mujer de su vida (toda su vida) y sabe que haga lo que haga, su amor no será correspondido como él espera y (además) cree que no habrá otro que la ame de esa forma… entonces decide poner fin a su vida en varias oportunidades hasta que al fin todo confabula para el desenlace fatal.

En el Cementerio General de la ciudad de La Paz se encuentra su tumba, con una columna trunca simbolizando la obra inconclusa de Germán Busch, pero la historia, el tiempo y los procesos son implacables y en pocos años otro excombatiente de la Guerra del Chaco tomará la posta y continuará con el proceso nacionalista revolucionario: Gualberto Villarroel, que como Busch también morirá de forma dramática, colgado en un farol al frente del Palacio de Gobierno… al igual que Busch, una víctima más de las pasiones políticas y los entornos palaciegos (“la campana de cristal”) que aíslan irremediablemente a los presidentes hasta destruirlos.

Las dos últimas personas que estuvieron con él hasta su final (Eliodoro Carmona y Ricardo Goytia) no se equivocaron cuando le dijeron: “al final la historia te premiará Germán...”, pues a medida que avanza el tiempo, la figura de Busch crece y se estudia hoy en su real dimensión, sin apasionamientos, con sus luces y sus  sombras; pero con una certeza: que en el transcurso de su corta vida hizo mucho más que los detractores y opositores que lo hostigaron hasta su último día.

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