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El camino a la paz entre Irán y Occidente

Una consecuencia positiva son las intensas conversaciones entre Estados Unidos e Irán. Varias décadas de desconfianza y animosidad no pueden desaparecer así como así, pero el hecho de que estén dialogando desde la revolución de 1979 es un dato positivo para la normalización.

La Razón (Edición Impresa) / Seyed Hossein Mousavian

00:00 / 12 de abril de 2015

Después de ocho días de negociaciones sin descanso en Suiza, Irán y las potencias mundiales alcanzaron un acuerdo marco sobre la cuestión nuclear el pasado 2 de abril. Este convenio inicial sirve de base para continuar las conversaciones hasta el 30 de junio, plazo marcado para lograr un acuerdo definitivo. Tras una breve pausa, todas las partes empezarán a redactar sus disposiciones fundamentales para poner fin a más de un decenio de disputas.

El anuncio fue asombrosamente detallado en cuanto a los compromisos y las concesiones de Irán y el grupo P5+1, que incluye a Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, Francia, China y Alemania. El marco pactado establece un grado de intromisión insólito en las inspecciones y medidas de transparencia con el fin de garantizar unos fines exclusivamente pacíficos del programa nuclear iraní. También limita la producción y las reservas iraníes de materiales fisibles y decreta que la mayoría del uranio enriquecido se destine a la exportación. A cambio, el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, la Unión Europea y Estados Unidos revocarán todas las sanciones. El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) verificará que Irán respeta sus compromisos.

Si el acuerdo marco desemboca en un acuerdo global y entra en vigor, todas las partes saldrán ganando, porque satisface las principales exigencias. Desde el principio, los iraníes insistieron en obtener dos cosas fundamentales. La primera, que la comunidad internacional reconociera y respetase el derecho de Irán a disponer de tecnología nuclear para usos pacíficos, incluido el enriquecimiento, como firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). La segunda, que se levantaran las sanciones. A su vez, Irán ha demostrado su flexibilidad y compromiso para tomar medidas concretas que tranquilicen al P5+1 a propósito de la proliferación. Obama lo reconoció en su declaración posterior: “Este marco le cerraría a Irán cualquier posibilidad de desarrollar un arma nuclear. Irán sufrirá estrictas limitaciones en su programa, y ha aceptado las inspecciones y el régimen de transparencia más enérgicos y minuciosos jamás negociados para cualquier programa nuclear”. Irán ha admitido todas las medidas destinadas a crear confianza y garantizar que no se desviará hacia el armamento. A la hora de la verdad, este acuerdo va a elevar el listón en la política mundial de no proliferación.

CONTRARIOS. Los enemigos de cualquier avance diplomático se han hecho notar enseguida. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, proclamó su oposición en los medios estadounidenses y dijo que el acuerdo marco era “un pésimo acuerdo” que no basta para desmantelar la infraestructura nuclear iraní ni “detener sus agresiones en la región”. He aquí algunos datos relativos a las preocupaciones de Bibi (Netanyahu): Irán no tiene armas nucleares y es miembro del TNP, que propugna el desarme nuclear y su limitación. Por el contrario, Israel posee más de 400 cabezas nucleares y nunca ha firmado el TNP. Durante más de diez años, Irán ha permitido a la OIEA más de 7.000 inspecciones de sus instalaciones nucleares, un acceso sin precedentes en la historia de la agencia nuclear de la ONU. El número de inspecciones que ha permitido Israel en ese tiempo es impresionante: cero.

Sobre las agresiones regionales y lo que Netanyahu llama “la maquinaria militar iraní que está conquistando Oriente Próximo”, Irán no ha invadido ningún país en los últimos 200 años, mientras que Israel, desde su creación en 1948, ha ocupado territorios palestinos y librado guerras contra sus vecinos. Lo irónico es que las políticas insensatas han sido las de Netanyahu, como deja claro su reciente rechazo a la solución de dos Estados para el conflicto israelo-palestino.

Otra grave amenaza contra el acuerdo es el Congreso estadounidense, dominado por los republicanos, que quiere que aumenten las sanciones y la presión. El argumento de quienes apoyan estas políticas es que obligarían a Irán a capitular. Pero históricamente las medidas de ese tipo siempre han obtenido el resultado contrario. Los principios del acuerdo marco, firmado tras nueve años de amplias sanciones, sabotaje, asesinatos de científicos nucleares y aislamiento internacional de Irán, son los mismos que los propuestos a los países europeos en marzo de 2005. Yo era entonces portavoz del equipo nuclear iraní. Aquellas negociaciones fracasaron por la insistencia de Estados Unidos en que Irán no podía enriquecer en su territorio, una clara violación de los derechos iraníes.

En 2013, Estados Unidos aceptó que Irán enriqueciera uranio con arreglo al TNP, aunque con limitaciones y solo para cubrir sus necesidades prácticas. Este giro político fue lo que permitió desbloquear las conversaciones y alcanzar el acuerdo nuclear provisional o el Plan de Acción Conjunta (PAC) en noviembre de 2013. Washington cambió de actitud, no para aplacar a Irán, sino tras comprender que las sanciones habían acelerado su programa nuclear. Antes de las sanciones, Irán poseía unos cuantos centenares de centrifugadoras, enriquecía uranio por debajo del 5% y tenía una reserva de unos cientos de kilogramos. Desde las sanciones, Irán cuenta con 22.000 centrifugadoras, un nivel de enriquecimiento de uranio del 20% y 9.000 kilos de reservas. Los llamamientos de Netanyahu y el Congreso norteamericano a endurecer las sanciones e incluso a la guerra no lograrán más que la expansión del programa nuclear y las represalias de Irán.

El último triunfo diplomático pone en marcha unas medidas que superan cualquier régimen internacional de vigilancia, certificación e inspecciones en el ámbito nuclear. El responsable técnico del equipo negociador estadounidense, Ernest Moniz, ministro de Energía, ha dicho que el acuerdo proporcionará “acceso y transparencia sin precedentes” a los inspectores y que habrá “vigilancia continua de la producción de las centrifugadoras”, y ha advertido de que, “si no cumple alguno de estos requisitos, lo sabremos de inmediato”. Estas nuevas medidas podrían servir de base para un mejor sistema de no proliferación nuclear en la región. Y el acuerdo definitivo, previsto para junio, podría abrir la puerta a más discusiones entre Irán y las potencias mundiales sobre problemas —como la estabilidad y la seguridad en Irak y Siria y la lucha contra el extremismo— que tienen a la región sumida en el caos. Otra consecuencia positiva son las intensas conversaciones bilaterales entre EE UU e Irán. Aunque varias décadas de desconfianza y animosidad no pueden desaparecer así como así, el hecho de que las dos partes estén dialogando abiertamente por primera vez desde la revolución de 1979 es un dato positivo para la normalización.

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