Animal Político

No cantar en el coro de los baños del usufructo

Tan es así que mezclando las palabras, cuando debo ir al Parlamento o al Palacio y alguien me pregunta, digo que voy a “los pasillos del usufructo”.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:02 / 02 de febrero de 2014

Cada vez que por razones de trabajo debo ir a la Asamblea Legislativa o al Palacio de Gobierno se me vienen a la cabeza los versos del poema Cuya boca ardía  del poeta palaciego aunque disconforme Óscar Cerruto: “Me niego. Me niego a entrar en el coro / a corear / al perpetrador con sombrero / de probidad. / El abogado de la carcoma / el que dicta las normas / y sacude en la plaza / el árbol del usufructo”. Tan es así que mezclando las palabras, cuando debo ir al Parlamento o al Palacio y alguien me pregunta, digo que voy a “los pasillos del usufructo”.

Tales corredores sean de arquitectura ecléctica o neoclásica son el lugar del poder por excelencia. Quien ocupe ese espacio debe ser mirado siempre, al menos, con desconfianza, se considere a sí mismo de izquierda o quiera disimular su diestra. Sea derecha, izquierda, arriba o abajo, el poder (el lugar del usufructo) debe causar recelos, pues así lo ha demostrado la historia una y otra vez en todo tiempo y en todo espacio geográfico...

Debe ser por esa razón que los parlamentos y palacios de gobierno de todo el mundo son lugares, a primera vista, muy pulcros... hay que disimular... Entonces, uno podría plantearse la siguiente relación: a mayor pulcritud del lugar del poder, mayor suciedad por debajo. Entonces, uno visualiza, por ejemplo, la Casa Blanca, el Kremlin o las Naciones Unidas...

Parece ser que con este razonamiento quien está encargado de que se pague y se cumpla con la higiene de los baños de la Asamblea Legislativa Plurinacional decidió que no debían ser aseados aparentemente nunca. Seguramente se dijo: “Vamos a tomar el pelo a todos, si tenemos los baños más inmundos de La Paz, nadie va a creer que éste fue y es el lugar del poder y, por consiguiente, del usufructo plus ultra”.

Al contrario, queda la posibilidad opuesta, es decir, que exista una toma de conciencia metonímica    de que el lugar del usufructo debe tener por signo el “aroma” que le corresponde; entonces optaron —con una vocación realista que junta, como en la antigüedad, la ética y la estética— por no asear les toilets.

La tercera hipótesis, tal vez la más verosímil, no es la metonímica sino la metafórica: los baños del usufructo no son aseados para que sean el sentido desplazado de aquello que al final de cuentas es cualquier y todo lugar del poder...

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