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El capitalismo no generará alternativas por sí mismo

A las 19.00 del jueves 2 de mayo, en el Musef, el Grupo Permanente de Trabajo sobre Alternativas al Desarrollo presentará dos libros: ‘Alternativas al capitalismo, colonialismo del siglo XXI’ y ‘Más allá del desarrollo’. Una conclusión es que en los hechos estamos viviendo en América Latina una modernización del sistema capitalista.

La Razón / Miriam Lang

00:01 / 28 de abril de 2013

El punto de partida es la amenaza que corre la humanidad como tal frente a un modo de vida que rebasa los límites del planeta, basado en el dogma del crecimiento económico ilimitado y el consumismo como supuestos caminos a la felicidad. Si todos los humanos aspiramos a aumentar nuestro nivel de consumo, a tener carro propio, por ejemplo, ¿de dónde y cómo sacaremos tanta materia prima? ¿Cómo se supone que este planeta aguantará el nivel de contaminación y la montaña de desechos que este crecimiento conlleva?

Según los científicos, un calentamiento global de más de 4° C —que estamos encaminados actualmente a obtener— llevará a la desaparición de la civilización humana. Las sequías, inundaciones y otros fenómenos climáticos extremos que causan a su vez hambrunas, falta de vivienda y de agua potable, además de otras enfermedades, se multiplican en los últimos años, con actualmente 5 millones de víctimas mortales relacionadas por año. Para que el calentamiento global se mantenga en el rango de los 2° C, identificado por los científicos como lo que es todavía “manejable” para nuestras sociedades, deberían permanecer bajo tierra la mitad de las reservas mundiales probadas de combustibles fósiles.

Construir alternativa: una tarea histórica para las izquierdas. El capitalismo como sistema no es capaz de instalar una economía que se autolimite por razones morales, más importantes que sus metas de rédito y acumulación. De ahí la tarea histórica de las izquierdas de proponer una transición hacia la sociedad del “vivir bien”, que preserve la Naturaleza de la que somos parte. Esto es el objetivo del Grupo Permanente de Trabajo sobre Alternativas al Desarrollo, coordinado desde 2011 por la oficina andina de la Fundación Rosa Luxemburg. Aglutina a mujeres y hombres de ocho países de América Latina y Europa, y centra sus debates en Ecuador, Bolivia y Venezuela, países que a través de sus asambleas constituyentes se han propuesto una verdadera refundación. Sin embargo, en la elaboración e implementación de políticas públicas, han caído en la llamada “paradoja latinoamericana”: gobiernos progresistas que se proyectan como revolucionarios, mientras avalan y promueven al extractivismo como sustento de sus políticas sociales, con efectos sociales y ambientales muy negativos.

El primer libro del Grupo, Más allá del desarrollo, hace más énfasis en la deconstrucción y crítica del concepto de desarrollo y le contrapone interpretaciones del vivir bien como horizonte de transformación. Por primera vez en La Paz también se pondrá a debate este libro. Para el Grupo, el desarrollo —por más que aparezca como término neutro o de connotación positiva— es un dispositivo de poder que ha consolidado la relación jerárquica entre norte y sur global, o países centrales y países periféricos, después de que éstos últimos ganasen la independencia de la Colonia. Definiendo los países del sur como “subdesarrollados” y los del norte como ejemplo a seguir, ha invisibilizado civilizaciones enteras y otros modos de vida, que hoy en día podrían darnos luces importantes sobre cómo construir relaciones sociales sustentables con la Naturaleza.

Los integrantes del Grupo de Trabajo están conscientes de que las contradicciones que surgen en el transcurso de los procesos de cambio encaminados por Bolivia, Ecuador y Venezuela responden en gran medida al margen de acción que tienen los nuevos gobernantes en el marco del capitalismo global y de su crisis. Lo que estamos viviendo en los hechos en América Latina es una modernización del sistema capitalista, una adaptación de nuestros países al capitalismo mundial renovado de este siglo, mucho más que la construcción de un “socialismo del siglo XXI”. Cuando se habla de colonialismo del siglo XXI, el Grupo se refiere a la proliferación de tratados bilaterales que pretenden ser comerciales, mientras abarcan otros temas, la migración, la propiedad intelectual, las licitaciones públicas, etc., como nueva herramienta de sometimiento; la concentración de la riqueza a nivel global (ultrarricos) y la creación de una oligarquía económico-financiera global; así como la reprimarización de las economías del sur, que significa un refuerzo de la división internacional del trabajo, mientras las viejas y nuevas economías industrializadas desarrollan estrategias para asegurar su acceso a materias primas, en lugar de cambiar el modo de vida hegemónico, que es caracterizado por ser imperial, ya que se basa en el consumo acelerado.

El Grupo también busca fortalecer el diálogo de voces críticas entre América Latina y Europa, porque los problemas requieren soluciones globales. En este sentido, se plantea construir nuevas relaciones de solidaridad internacional, basadas en la reciprocidad, la ecología de saberes y la cooperación desde abajo. Así, en Alternativas al capitalismo, colonialismo del Siglo XXI, cuatro textos dan cuenta de los debates entre actores progresistas en Europa.

Frente al paradigma de crecimiento sin fin, el Grupo de Trabajo propone establecer necesidades productivas reales en base a parámetros de sustentabilidad, y evaluar qué sectores de las economías deben seguir creciendo (la infraestructura social y los servicios de cuidado, por ejemplo) y cuáles deben necesariamente decrecer (la industria automotriz, por ejemplo, y todas aquellas que son intensivas en materias primas). Un artículo de Alberto Acosta, Esperanza Martínez y William Sacher explora la transición al postextractivismo para el Ecuador, en concreto. Pero la publicación también propone miradas regionales: Un texto de Eduardo Gudynas esboza un nuevo modelo de integración regional, basado en la complementariedad entre economías, para generar mayor autonomía del mercado mundial; otro, de Pablo Bertinat, discute los cambios de timón necesario en las políticas energéticas, proponiendo una perspectiva de considerar a la energía como derecho y no más como mercancía. Desde Bolivia, Mario Rodríguez propone “repensar la ciudad colonial y extractivista”, abordando un tema crucial en un continente donde un 80% de la población ya vive en ciudades.

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