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Los capos camarógrafos que salvaron al Presidente

El presidente Evo Morales se acordó de los trabajadores de la prensa. Dijo que una vez los camarógrafos le salvaron la vida, pero ¡ay! no fue tanto por las imágenes que tomaron (que también las hubo) como por las advertencias que le hicieron para que huya de cierta emboscada en que cayó ante las fuerzas represivas de entonces en el Chapare.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos

00:02 / 30 de marzo de 2014

En la presentación de su libro autobiográfico, Mi vida, de Orinoca al Palacio Quemado, el presidente Evo Morales se acordó de los trabajadores de la prensa. Dijo que una vez los camarógrafos le salvaron la vida, pero ¡ay! no fue tanto por las imágenes que tomaron (que también las hubo) como por las advertencias que le hicieron para que huya de cierta emboscada en que cayó ante las fuerzas represivas de entonces en el Chapare. Los camarógrafos, dijo, pero agregó luego, los camarógrafos extranjeros...

El Mandatario también se acordó del policía (que hasta ahora no encuentra) que en uno de esos días violentos, en plena represión a los cocaleros, lo salvó de ser golpeado por los camaradas del primero. Tiene la foto, en su libro, pero aún pidió al comandante nacional de la Policía que le ayude a encontrar al uniformado que ese día protegió, ¡quién lo diría!, al futuro presidente del país.

En el primer caso, el hecho no deja de traer a la memoria lo bien que antes el Mandatario se llevaba con los periodistas. Todavía recuerdo cómo en el antiguo parlamento, luego de una entrevista, el diputado Evo Morales chanceaba con los periodistas sobre la inocultable belleza de cierta presentadora de televisión. “Yo voy si le llevan a la...”, festejaba entre risas el, ¡quién lo diría!, futuro gobernante del Estado Plurinacional (este último término no pasaba ni en la más afiebrada cabeza de ningún sociólogo, creo). El hecho es que éramos amigos. Hasta subrepticias enamoradas había. Recuerdo cómo una colega, cuyo nombre no me lo sacan ni a bala, tenía en su escritorio, en una especie de altar, una pequeña foto del diputado Evo Morales... y la verdad que no era de su mejor perfil, pero bueno, como dicen los que saben: no hay nada más arcano, profundo e inescrutable que el corazón de una mujer, peor si es periodista.

Pero también está el valor de la imagen, a propósito del policía bueno que salvó al Mandatario. De hecho, hay que ver el libro de Morales: varias fotos acaso inéditas para la historia. Ya ve, señor Presidente, de algo sirven las fotos de las que ahora ya debe estar harto, de las fotos y los fotógrafos, de los fotógrafos y los periodistas, de los periodistas y los dueños de los medios, y así sucesivamente. No por nada hoy, cuando nos ve, el Presidente nos acaricia con una lija: “mis queridos paparazis”. Eran otros tiempos; ojalá vuelva, quiero decir, el lado bueno de las cosas, y así escribimos otro libro más.

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