Animal Político

Las ciudades intermedias no atraen a la gente

Las políticas urbanas deberían atender prioritariamente  a los cinturones de pobreza que se forman en las ciudades.

La Razón (Edición Impresa) / René Pereira Morató

00:00 / 25 de abril de 2018

En algunas regiones del país el origen del flujo migratorio, un proceso irrefrenable, es rural y el destino, urbano. Es el caso por ejemplo de La Paz, donde el 20% de los migrantes son del mismo departamento, procedentes de las provincias rurales que se dirigen principalmente a El Alto. No es el caso de Santa Cruz ni el de Cochabamba, regiones en las que el flujo migratorio es de origen urbano, y se dirige sobre todo hacia los grandes centros poblados del país. Esto significa que las ciudades intermedias “expulsan” población hacia las principales ciudades de Santa Cruz y Cochabamba y hacia El Alto.

¿A qué se le llama ciudad intermedia? Son las localidades que tienen entre 20.000 y 249.000 habitantes, según el criterio demográfico, muy criticable dicho sea de paso por lo arbitrario de este rango. Para mayor precisión podrían incluirse otros elementos en esta categoría como su interrelación con el entorno rural, en tanto proveedor de productos alimenticios, bienes y servicios; o su distancia respecto a los centros mayores, entre otros. Entre las ciudades intermedias están, por mencionar algunos casos, las capitales de departamento poco pobladas (Cobija, Sucre, Tarija, Trinidad y Potosí), y otros municipios como Sacaba, Quillacollo, Montero, Viacha y Villazón.

Lo más interesante de esta situación es que un poco más del 58% de la población urbana del país se concentra en tan solo cinco metrópolis; el 23%, en 27 ciudades intermedias; y el 13%, en las ciudades menores, que suman 172. Este perfil, necesario para tomar decisiones de políticas estatales, significa que la preferencia de la población migratoria boliviana está orientada hacia las mayores aglomeraciones urbanas y no hacia las ciudades intermedias ni a los centros urbanos menores. Asumo que éste es un elemento muy importante para el debate. Tal situación podría de alguna manera revertirse en el marco de un ordenamiento territorial que sitúe vocaciones productivas y comerciales, así como las interfaces entre lo rural y lo urbano más allá de las superadas dicotomías urbanas.

Por tanto, en la imaginación de algunas personas una cosa es el “ser” y otra el “deber ser”. Las llamadas ciudades intermedias no atraen corrientes migratorias, a diferencia de las grandes aglomeraciones, que en el caso boliviano están distribuidas no en entorno a una gran ciudad metropolitana como Lima, Santiago, Buenos Aires o Sao Paulo, por mencionar algunas capitales altamente concentradoras, sino en ciudades como Santa Cruz, El Alto y Cochabamba. La Paz es expulsora de población.

En suma, creo que la política urbana, que se encuentra en pleno proceso de construcción desde el Gobierno central, debe atender esta problemática. Pero dado que el desarrollo urbano debería centrarse en lo productivo, inclusivo y resiliente, necesita orientarse prioritariamente a las periferias, a los cinturones de pobreza que caracterizan a las principales ciudades de Bolivia. Se trata de una población que se asienta centrífugamente en las áreas de desborde, en zonas marginales; y dudo mucho que estos pobladores, según los indicadores de calidad de vida, incluyendo el de vivienda, tengan acceso a los derechos de la ciudad que deberían gozar.

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