Animal Político

De concejal a futuro hotelero

El exconcejal de Oruro considera que su ciclo como médico concluyó, por ello se trasladará a Pocoata, en Potosí, donde se dedicará a la actividad hotelera y también a ayudar a los más necesitados.

Juan José Sarmiento

Juan José Sarmiento Foto: José Sarmiento

La Razón (Edición Impresa) / Juan Mejía Cisneros es periodista

00:00 / 23 de abril de 2017

Al escarbar en el mundo de la política uno se topa con sorpresas, como es el caso de Juan José Sarmiento, quien para cumplir sus planes deberá aprender a hablar quechua cuanto antes. Este médico ginecólogo de profesión llegó a una silla del Concejo Municipal de Oruro para quedarse cinco años y seis meses (2001-2005), de la mano del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), en la tercera gestión municipal del actual alcalde orureño Édgar Bazán Ortega.

“Nosotros estrenamos la modificación a la Ley Orgánica Municipal que amplía la gestión de dos a cinco años. Era la primera vez y nos prorrogamos seis meses más. Como médico respondí a temas prioritarios del municipio como educación y salud, con proyectos como la remodelación de varias unidades educativas, el impulso a la edificación de hospitales de segundo nivel para confort y comodidad de los pacientes”, comenta a Animal Político.

Pero agrega que también tuvo frustraciones por no haber logrado que en los predios del exmatadero (Montesinos-Tarapacá) se construya un hospital Materno-Infantil, pese a que los matarifes buscaban convertir ese terreno en un museo del diablo. “Hoy es un depósito de graderías de la municipalidad, no se hizo nada en salud, el centro de emergencias creado en el Hospital General San Juan de Dios es un depósito de medicamentos y el tomógrafo adquirido ya no sirve”, comenta con desasosiego.

Sarmiento reconoce que de su profesión hizo un apostolado, que ha ayudado a mucha gente, aunque también tuvo enemigos, y está consciente de que su ciclo profesional ha terminado; sin embargo, gracias a sus principios ha decidido hacer el “ayni profesional”, un proyecto de solidaridad con la gente necesitada.

“El pueblo de Bolivia me ha hecho estudiar en el colegio y en la universidad, el pueblo ha pagado mis estudios, por eso he decidido hacer el ayni profesional, devolver al pueblo con mi trabajo a quienes sí necesitan de mis servicios médicos, pero no en la ciudad sino en Pocoata (Potosí)”, manifesta con orgullo.

El exconcejal mirista anuncia que en breve cambiará de residencia. “Me voy a Pocoata y allí inicio un nueva tarea, pero esta vez como empresario hotelero junto a mi pareja, Maritza López Vacaflor, que es enfermera. Allí voy a seguir ejerciendo mi profesión de médico para ayudar a la gente necesitada en salud, sin cobrar nada, pero tengo que aprender quechua para romper la incomunicación con la gente del pueblo”, afirma.

Cuenta que en la población potosina, una zona cabecera de valle donde se producen duraznos, choclo, uva, manzana, ha construido un complejo turístico denominado Pocoata Hotel. “A pocos kilómetros está el Santuario del Señor de Bumburi y a unos 30 minutos por carretera asfaltada se encuentra Toro Toro, una riqueza turística increíble, por sus cavernas y sus lagos dentro de una roca, es toda una belleza”.

Dice, visiblemente entusiasmado, que aparte de la iglesia colonial que se encuentra en Pocoata y que tiene parecido con la Catedral de La Paz, en la zona también se halla un volcán de actividad leve que expulsa humo, de donde los lugareños sacan incienso. “Este es mi nuevo emprendimiento y seguramente será un lugar donde termine mis días”.

Perfil

Nombre: Juan José Sarmiento

Nació en: Oruro, 1949

Profesión: Médico ginecólogo

Carrera

Fue médico en el hospital San José (hoy desaparecido), jefe médico nacional en Salud Caminos, médico en el Seguro Universitario, director y ginecólogo en el Hospital General San Juan de Dios, director del Sedes, antes Unidad Sanitaria, en la gestión del MIR.

El conflicto en Siria y cómo empezar por casa

Marco Fernández Ríos, es periodista

Las cifras provisionales indican que cuatro años de guerra civil en Siria han dejado hasta el momento más de 300.000 personas fallecidas y aproximadamente 12 millones de refugiados y desplazados internos, de acuerdo con datos del Observatorio de Derechos Humanos de aquel país de Oriente Próximo.

Para entender las causas de este enfrentamiento fratricida es preciso comprender las principales corrientes islámicas que influyen en este territorio: el chiísmo y el sunismo. Según la visión de los chiítas, los descendientes directos de Mahoma son los únicos autorizados para ser líderes de la fe, en tanto que los sunitas proclaman que no es necesario tener ese linaje.

El presidente de Siria, Bashar al Asad, pertenece a la minoría alauí chií, en un país de mayoría sunita. En caso de que fuese derrocado, los alauitas correrían el riesgo de la venganza de los sunitas y perderían el poder para siempre, por lo que el Mandatario no puede abandonar así como así su cargo.

Para quien no conozca el Islam —la religión abrahámica que basa su fe en el Corán y tiene como único dios a Alá—, esta diferencia puede parecer intrascendente, pero para su comunidad es un principio fundamental y causa de conflictos.

El orbe critica la intolerancia de los bandos, que hace poco ha ocasionado decenas de adultos y niños muertos por “ataque químico”, pero, lamentablemente, esos fanatismos han estado presentes en la historia universal desde tiempos inmemoriales. Y ocurrió también en los “países desarrollados”, en una Alemania nazi que generó más de 12 millones de fallecidos, entre ellos una mayoría judía, gitanos, prisioneros de guerra soviéticos, discapacitados, homosexuales... personas diferentes a su condición.

En Estados Unidos, la obcecación contra los afroamericanos, primero, y después contra los asiáticos y latinoamericanos es una enfermedad racial que no se ha solucionado todavía y que, al contrario, se ha exacerbado con la presidencia de Donald Trump.

La intolerancia también está enquistada en nuestro país. Muestra de aquello es que es difícil expresar una opinión sin recibir el inmediato ataque, en especial en los ámbitos del Gobierno nacional y local. El conflicto en Siria debe servirnos para repensar sobre los fanatismos e intransigencias, y empezar el análisis por casa.

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