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La concreción física de la ‘Cortina de Hierro’: el Muro de Berlín

En 1961 comienza a construirse el Muro de Berlín para evitar la huida de los berlineses del este a la Alemania capitalista. La fortificación, vigilada con guardias que tenían la orden de disparar a quien quiera atravesarla, estuvo en pie hasta el 9 de noviembre de 1989. En una semana se recuerdan 25 años de su derrumbe.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont / La Paz

00:05 / 02 de noviembre de 2014

La historia la escriben los vencedores. Ellos también nominan el acontecimiento histórico de la victoria. Así, George Bush (Senior) nombró al 9 de noviembre de 1989 —día en que miles de berlineses del oeste destruyeron el muro que dividía a esa ciudad— como el “Día de la Libertad”. Lo cierto es que lejos de ser la caída del muro el triunfo de la libertad, significó la victoria de un modelo de dominación por encima de otro. En términos generales, se puede decir que en lo político sale victoriosa la democracia liberal. En lo económico habrá que variar a Bush y llamar al 9 de noviembre Día de la libertad “de mercado”. El próximo domingo se recuerdan 25 años de que el muro fue destruido.

1945. Después de que los rusos y estadounidenses llegaran a Alemania, éstos desde el oeste y aquéllos del este, más contingentes menos numerosos de ingleses y aún menores de franceses, y derrotaran definitivamente al nazismo, los aliados se repartieron uno de los despojos de la guerra: Alemania.

La capital, Berlín, quedó dividida al ser ocupada por los estadounidenses de la Puerta de Brandenburgo al oeste y por los rusos, de ese mismo sitio histórico hacia el este, llamándose la primera, de gobierno demócrata liberal, República Federal de Alemania (RFA) y la segunda, de una gestión estalinista del socialismo, República Democrática Alemana (RDA).

DIVISIÓN. Hasta 1961, la ciudad estuvo dividida por alambres de púas y puestos de control, si bien los primeros años después del fin de la guerra había desplazamientos de un lado al otro. La primera señal de la división, según Ami Davidson del New York Times, fue que el U-Bahn, el metro de la ciudad, dejó de recorrer algunas rutas. Los berlineses del este comenzaron a huir hacia occidente.

Si bien la metáfora de la “Cortina de Hierro” comenzó a sonar en boca de políticos occidentales en los 50, tras la Segunda Guerra Mundial, el signo más tangible de la Guerra Fría —el muro— comenzó a ser construido el 13 de agosto de 1961 por el Gobierno prorruso para evitar la deserción de berlineses hacia Alemania del oeste. Lo llamaron “Muro de protección antifascista”. Ese mes, 5.000 personas lograron cruzar la estructura aún en construcción, precisa David Sim en el International Business Times de Reino Unido.

Con los años, el muro fue fortificado y se reforzaron sus barricadas hasta tener dos paredes de concreto internas y externas (1967) seguidas de obstáculos de protección antitanque, luces de búsqueda y torres de control en todo lo largo. Los guardias de la RDA tenían autorización de disparar a cualquier persona que intente pasar hacia el oeste.

El número de personas que murieron en el intento de atravesar el muro no ha sido determinado, sin embargo hay dos datos. Según Alexandra Hildebrandt, directora del Museo del Puesto de Control Charlie, el número está por encima de los 200, sin embargo el Centro para la Investigación Histórica de Postdam tiene 136 muertes confirmadas, según cita Sim.

La primera persona asesinada por tratar de cruzar el muro fue abatida el 24 de agosto de 1961, a días del inicio de su contrucción, mientras que la última fue asesinada meses antes de la caída, en febrero de 1989, según Le Monde.

Este panorama entre un Estado policial represivo en el este alemán y el espejismo de la vida capitalista de un “mundo libre” en el oeste persistió por décadas hasta que las voces que llaman a la destrucción del muro comienzan a ser oídas en los 80, tras las crisis de los misiles (1962) y momentos de tensión en los 70 que parecían anunciar un conflicto nuclear entre los bloques capitalista y comunista.

De este modo, en junio de 1987, durante la conmemoración del aniversario de Berlín, en su parte occidental, a los pies de la Puerta de Brandenburgo, el presidente de los EEUU, Ronald Reagan, en su discurso a los berlineses del oeste los llamó a “destruir este muro”. También se dirigió a su par ruso Mijail Gorbachov: “Señor Gorbachov, destruya este muro”·

REFORMAS. En realidad, el mandatario ruso había asumido la conducción de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) hablando de la necesidad de “reformas”. El mismo mes del discurso de Reagan, Gorbachov aprobó una ley que daba ciertas libertades a las empresas y cinco meses después publicaba su libro: Perestroika: un nuevo pensamiento para nuestro país y el mundo.

Es claro que las reformas económicas de la URSS y la medida política de la Glasnost (que flexibilizó el control de la libre expresión) apuntaron a la aplicación de correctivos al modelo de gestión del socialismo para que éste se pueda reproducir y nunca se pensó que sería el principio del fin del bloque comunista.

En los días previos al 9 de noviembre de 1989, cuando miles de berlineses del oeste, eufóricos, desmontaran el muro, no había ningún síntoma que anuncie el suceso y, al menos públicamente, las autoridades del este no tenían ninguna intención de posibilitar esto.

Un acontecimiento importante se da en junio, cuando los ministros de Asuntos Exteriores de Hungría y Austria abren sus fronteras para que alemanes del este puedan refugiarse. Sin embargo, este hecho no terminaba de precipitar los acontecimientos más allá de hacer proliferar manifestaciones anticomunistas en Alemania Federal.

De hecho, en enero de 1989, Erich Honecker, miembro de la cúpula del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), crítico de la Perestroika y ese momento presidente del Consejo de Estado, dijo que el muro podía permanecer de pie por otro siglo más. En octubre, Honecker es obligado a renunciar por su partido.

Josef Thesing, exdirector del Instituto Internacional de la Fundación Konrad Adenauer, institución de la Alemania capitalista cuenta —en un artículo a propósito de los 25 años de la caída del muro— que el 9 de noviembre de 1989 se encontraba en Polonia junto al canciller Federal de entonces, Helmut Kohl, quien tras recibir una llamada dijo: “las cosas empiezan a moverse”. Luego, Thesing comenta: “igual que los demás, en aquel momento tampoco pensé en la reunificación. Eso nos parecía todavía demasiado lejos”.

La versión oficial de occidente del detonante concreto de la destrucción del muro hace ver el acontecimiento como un equívoco fortuito. Según esto, el nuevo gobierno, tras la renuncia de Honecker, leyó en una transmisión en directo el memorando errado sobre las reformas en la regulación fronteriza. Al ser preguntado por un periodista sobre cuándo entraban en vigencia estas medidas, el funcionario de la RDA respondió: “de inmediato”.

Minutos después los berlineses del este destruían el muro. Otros hablan de reuniones secretas entre las dos Alemanias que habrían propiciado el desmontaje de la barrera. En todo caso, habrá que volver a la idea inicial de este texto: la historia oficial es escrita por los vencedores. Entonces, la versión de la lectura del memorando equivocado cumple esta función: volver a derrotar al vencido (patearlo en el piso), ridiculizarlo mediante el discurso oficial de la Historia.

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