Animal Político

La construcción del prestigio virtual

No se trata de evadir el mundo virtual para evitarse problemas, se trata de pensar antes de publicar, tomando conciencia de que cada mensaje que publiquemos alimentará una imagen y al final cimentará nuestra reputación virtual.

La Razón / Baldwin Montero

00:04 / 11 de agosto de 2013

La velocidad con que avanza la tecnología no deja tiempo ni para sorprendernos. Hoy nos asombra un televisor con pantalla plasma, mañana uno LED y pasado mañana uno en 3D. Y ni bien conseguimos el dinero y compramos este nuevo artefacto, antes de instalarlo en casa aparece otro que responde a señales y órdenes de voz.

En fin, la bronca se nos pasa mientras en nuestro próximamente obsoleto SmarthTV vemos un documental que nos muestra las ventajas de las pantallas flexibles que saldrán el próximo año, con mayor resolución, más funciones, más acceso e infinidad de ventajas que ni entendemos, pero que seducen nuestra obsesión por no quedarnos rezagados.

Lo mismo ocurre en todos los campos de la actividad humana. Los avances tecnológicos se dan a tal velocidad que cambian nuestra forma de vida en cuestión de días, con una rapidez que nos obliga a dar el salto sin estar debidamente preparados, tratando de sobrevivir en esta nueva realidad guiados fundamentalmente por la intuición.

Tal como ocurre con el televisor de última generación, del que no entendemos ni la mitad de sus funciones, pero está en nuestra habitación ocupando un espacio privilegiado, nos iniciamos en el uso de las redes sociales desconociendo sus verdaderas potencialidades y, algo peor, sus enormes riesgos, de los que bien podría dar fe el informático Edward Snowden.

En un inicio las redes sociales se usaron para acercar a las personas, pero su vertiginosa evolución las ha convertido en poderosas herramientas que pueden llegar a ser factor decisivo para el éxito o el fracaso, dependiendo de cómo se utilicen.

Las redes sociales ahora constituyen un mundo paralelo en progresiva y frenética expansión (los expertos concluyen que las empresas que no están presentes en el ciberespacio no existen) y los periodistas no podemos abstenernos de vivir en él; por el contrario, estamos obligados a ser parte. Y diría que ello conlleva un grado de responsabilidad mayor al de tiempos pasados, porque al exponer parte de nuestra intimidad al planeta nos hacemos más vulnerables.

Planteo la reflexión por lo que ocurre en nuestro medio (de seguro se repite en todos lados) donde en general no existe una cultura de construcción y protección de una reputación virtual. En general, los comentarios que se exponen en cuentas de Facebook, Twitter u otras redes están motivados más por la espontaneidad que por la reflexión respecto a las consecuencias que pueden traer esas publicaciones.

No soy especialista y tampoco escribo en base a un estudio que respalde esa afirmación, pero basta mirar las redes para constatar esa realidad.

“Presidente, estamos y estaremos con el proceso de cambio”; “(Los oficialistas) No saben escribir! Y hacen leyes”. El primero no es el comentario de un funcionario del Gobierno ni de un militante del Movimiento Al Socialismo (al menos públicamente) y el segundo tampoco es el de un legislador o un militante de alguno de los partidos de la oposición; ambos fueron publicados por comunicadores.

Aunque actualmente son menos, hubo una temporada en que el Facebook, que es la red social más utilizada en el país, se encontraba atestado de mensajes agresivos y racistas contra el presidente Evo Morales y hubo comunicadores que los compartieron, como otros que salieron en defensa del Jefe de Estado escribiendo consignas prooficialistas. En Twitter ocurre algo parecido, es fácil darse cuenta quién es quién. Hay una regla que no falla: “por sus tuits los conoceréis”.

Pero los comentarios innecesarios no se limitan al ámbito político, seguramente el más sensible en el caso de los periodistas. También tocan otros aspectos, desde inclinaciones religiosas y preferencias deportivas hasta estados de ánimo que desnudan a quienes los publican. Así se deslizan textos inapropiados como “Hoy entrevisté al peor...” o “Tuve que rehacer el trabajo de mis compañeros”.

No se trata de evadir el mundo virtual para evitarse problemas, se trata de pensar antes de publicar, tomando conciencia de que cada mensaje que publiquemos alimentará una imagen y al final cimentará nuestra reputación virtual.

“Si hoy en día como persona o como institución no estás en las redes sociales, no existes”, concluye, por ejemplo, Álvaro Gordo, un prestigioso consultor en imagen pública, docente y autor del libro Imagen cool. Paralelamente, recomienda mantener reglas de etiqueta en las redes sociales, “saber comportarse” en Facebook o en Twitter.

“Todos los días hagan conciencia que se deben a su imagen pública, a lo que se percibe de nosotros. Decir yo soy yo y me importa poco lo que digan de mí, puede convertirse en el epitafio de una tumba personal, comercial, social o artística”, advierte el experto.

Entonces, de lo que se trata es de construir día a día la imagen que queremos de nosotros en ese mundo cada vez más influyente y decisivo, en el que la reputación virtual incluso ya se constituye en un elemento clave a la hora de conseguir un empleo. La Universidad Tecnológica de México publicó algunas recomendaciones y rescato una de ellas: “La forma en la que te presentes en línea vale tanto como si te presentaras en persona”.

Publicar comentarios sesgados o cargados de expresiones que descalifican no es la mejor presentación para alguien que después tiene la responsabilidad de informar. Estás prácticas sólo ponen en riesgo la credibilidad, que es el mayor patrimonio en este oficio.

Con la anunciada celeridad en el servicio de internet y las mejores condiciones de acceso en el país a partir del próximo año, de seguro el trabajo periodístico en las redes sociales tendrá mucho mayor impacto, lo que nos obliga a reflexionar sobre la responsabilidad con la que debemos desenvolvernos en las redes sociales.

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