Animal Político

El continente y el archipiélago

No existen condiciones políticas para la unificación de las oposiciones por las diferencias de sus discursos políticos, de sus estrategias y articulaciones electorales y de sus candidaturas. Así surge una pregunta: ¿Cuál es el plan B?

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Komadina Rimassa

00:01 / 12 de enero de 2014

A falta de oposición, tenemos oposiciones. Un oficialismo fuerte y una miríada de oposiciones; un continente y un archipiélago. Así podría dibujarse la geografía electoral de 2014. Mientras que el MAS (Movimiento Al Socialismo) ha logrado unificar un campo político alrededor de un líder, un discurso y una estrategia de poder, las fuerzas políticas opositoras sobreviven como pequeñas islas desparramadas en un espacio vacío. En otras oportunidades escribí sobre el lugar central que ocupa el MAS en el espectro electoral, ahora me concentraré en algunos rasgos que definen a las oposiciones, empleando como hilo conductor esta pregunta: ¿Por qué no pueden ellas unificarse a la imagen y semejanza del partido de gobierno?

Primer obstáculo, las diferencias entre los discursos políticos. En el polo opositor conservador se alojan dos organizaciones: el eje UN (Unidad Nacional)-Frente Amplio y el emergente Movimiento Democrático Social (MDS). En ambos casos encontramos un discurso crítico con relación al autoritarismo del Gobierno y a las principales orientaciones de su estrategia de desarrollo. No obstante, mientras la plataforma electoral del MDS parece girar en torno a la ampliación y profundización del proceso autonómico, la piedra angular del discurso del Frente Amplio es la “defensa del estado de derecho”. En cambio el Movimiento Sin Miedo (MSM) se sitúa en un emplazamiento discursivo de izquierda, sus tesis ideológicas recuperan el plexo semántico del “proceso de cambio” aunque introducen nuevas figuras retóricas: el socialismo democrático, la “república plurinacional”, la reinstalación de la Asamblea Constituyente, entre las más destacables.

Eso no es todo. Hace pocas semanas se ha conocido un documento suscrito por la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (Cidob) de Adolfo Chávez, el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) y la Asamblea del Pueblo Guaraní, estas organizaciones han resuelto “participar orgánicamente con candidatos propios en alianzas con sectores sociales urbanos (…) en las elecciones nacionales 2014 y departamentales de 2015”. Se aspira a constituir una “nueva fuerza política indígena” capaz de enfrentar tanto al MAS como a las “expresiones políticas de la derecha”. Aunque esta opción electoral todavía no se ha cristalizado, es claro que ocupa un espacio discursivo distinto al resto de las fuerzas opositoras pues forma parte del horizonte de derechos contenidos en la nueva Constitución y aspira a la realización plena del Estado Plurinacional, particularmente en lo que concierne a los derechos de los pueblos indígenas originarios.

El segundo obstáculo tiene relación con las estrategias y las articulaciones electorales. A pesar del naufragio político de la coalición Plan Progreso para Bolivia-Convergencia Nacional, principal fuerza opositora en las pasadas elecciones nacionales, se han estabilizado dos fuerzas políticas con presencia parlamentaria: el MSM y UN, estas organizaciones cuentan con estructuras internas relativamente consolidadas, pero además se han dotado de programas políticos mejor elaborados, menos reactivos, pero son organizaciones que tienen estrategias electorales diferentes, visiones encontradas.

UN ha propiciado la formación del Frente Amplio articulando a distintas agrupaciones ciudadanas departamentales como la cruceña Nuevo Poder Ciudadano (NPC), liderada por Germán Antelo, y la cochabambina Martín Uchu. A éstas se suman otras, pero además se adhieren personalidades del mundo político, académico y empresarial como Loyola Guzmán, José Antonio Quiroga y Jimena Costa. En suma, se ha privilegiado una estrategia electoral de articulaciones flexibles basadas en coincidencias mínimas.

Por el contrario, el MSM parece apostar a un proyecto político con programa y candidato propios, hecho que limita sus posibles alianzas, pero preserva su identidad política. El MDS es un bloque electoral que congrega a Verdad Democrática Social (Verdes), la agrupación ciudadana del gobernador Rubén Costas; Primero el Beni, encabezada por Ernesto Suárez; Consenso Popular, organización nacional liderada por Óscar Ortiz; la chuquisaqueña Libertad y Democracia Renovadora (Líder), de la exprefecta Savina Cuéllar y Todos por Cochabamba, entre otras. Se trata pues de una agregación a escala nacional de fuerzas departamentales y municipales ya constituidas.

La “nueva fuerza indígena”, de acuerdo con declaraciones de sus voceros, intentaría articulaciones con fuerzas urbanas, particularmente con los disidentes del MAS (especialmente Rebeca Delgado y Alejandro Almaraz) y con otros grupos de izquierda, críticos a la gestión del Gobierno. Pero la presencia de una fuerza electoral de estas características es por ahora una conjetura.

Tercero, las candidaturas parecen ser el principal (e insalvable) obstáculo para unificar a las fuerzas opositoras. No es tan banal como parece, pues la figura del candidato suele encarnar la identidad política y la estrategia de la organización Así, en su reciente congreso nacional, el MSM ha decidido participar con sigla, candidato presidencial y programa propios, pero ha dejado vacante la nominación del candidato o candidata a la vicepresidencia con el propósito de establecer nuevas articulaciones. Esta posición descarta implícitamente alianzas con otras fuerzas, sobre todo con el Frente Amplio, que se ha propuesto elegir a sus postulantes a través de elecciones internas o encuestas de popularidad (que de hecho beneficiarían al líder de UN, su fuerza principal). El MDS ha proclamado a Rubén Costas, gobernador de Santa Cruz, como su candidato presidencial, pero su congreso nacional, realizado en diciembre del año pasado, le ha dado el mandato de buscar alianzas con otras fuerzas opositoras. Por su parte, los voceros de la “nueva fuerza indígena” han enfatizado que la condición de su participación electoral es la presencia de candidatos indígenas.

Como vemos, no existen condiciones objetivas para la unificación del campo político opositor en torno a un líder, una estrategia y un programa. ¿Cuál es el plan B?

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