Animal Político

Una convergencia irrepetible

Convergencia Nacional fue el resultado conservador de los líderes de la oposición política regional que resignaron construir un proyecto político nacional y de largo plazo por mantener sus pequeños espacios de poder.

La Razón (Edición Impresa) / Marcelo Silva Mollinedo

00:01 / 09 de febrero de 2014

Las escarnecidas divergencias de Convergencia Nacional (CN) son el resultado de sus propios pecados originales. El primer pecado original, la carencia de principios ideológicos, de un proyecto político y de un programa de gobierno. En realidad, lo único convergente era el acentuado  antievismo, argumento importante pero nunca suficiente para conformar un bloque político que tendría en sus manos la responsabilidad de liderar la oposición política en la Asamblea Legislativa.

Más temprano que tarde, las contradicciones de este conglomerado emergente de una urgencia electoral aparecieron evidenciando que en Bolivia hay varias oposiciones políticas que pintan una riquísima gama de matices y colores en relación a lo único claro que tienen: oponerse a Evo Morales.

A los militantes del Plan Progreso para Bolivia, pasando por los eneferistas (NFR, Nueva Fuerza Republicana) de un corazón de bombón, a los exmilitantes de viejos partidos tradicionales, a alguno que otro independiente y a los nostálgicos de la antigua media luna debemos agradecerles el gran acierto pedagógico de mostrarnos la diferencia entre juntarse y unirse.

El segundo pecado original es la vieja y colonial noción feudal de la política. Sin duda, Convergencia Nacional también fue el resultado conservador de los líderes de la oposición política regional que resignaron construir un proyecto político nacional y de largo plazo por mantener sus pequeños espacios de poder, no considerando que los dos tercios (llave para capturar todo el poder político) tomaría de golpe o poco a poco sus castillos y tierras. Pero la lógica feudal no termina con la burbujeante noción espacial si no se complementa con la dependencia señorial. José Luis Paredes, Manfred Reyes Villa, Leopoldo Fernández y Mario Cossío fueron los únicos pilares sobre los que se construían estos dispersos proyectos políticos que fueron heridos de muerte con la desaparición de sus líderes. Esta forma de hacer y mirar la política no solo ahogó la irrupción de nuevos liderazgos dejando la sensación de una gran carencia de renovación política, sino que contribuyó a la fragmentación y desorientación de esta bancada parlamentaria.

Es cierto que el rodillo de los dos tercios, la judicialización de la política, la falta de acceso a la información, etc. estuvieron presentes en la práctica legislativa del periodo constitucional que ingresa a su recta final; pero el no realizar una autocrítica a la luz de estos pecados originales puede tener la grave consecuencia de repetir esta experiencia que deja una pobre performance política, legislativa y fiscalizadora que no es justificable por la diferencia cuantitativa. Recordemos, a modo de comparar, que en el pasado, bancadas unipersonales o bancadas minoritarias tuvieron mejores resultados al hacer una diferencia cualitativa.

A puertas de nuevas elecciones nos preguntamos: ¿las cosas han cambiado? Para ello tendríamos que constatar que la oposición u oposiciones políticas son capaces  de construir un bloque de unidad con bases ideológicas y programáticas que les permita tener un proyecto de poder que articule estas elecciones nacionales con las elecciones municipales, departamentales y regionales del próximo año; proyecto lo suficientemente solvente que garantice un accionar político y parlamentario coherente y consecuente. Por otro lado, tendríamos que evidenciar una renovación no solamente de nombres sino también de actitudes, aptitudes y proyecciones, que destierren el imaginario de retorno al pasado y nutran de vitalidad y renovación al sistema político.

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