Animal Político

‘Lo cotidiano es el nuevo semillero de la organización política’

El geógrafo inglés visita el país invitado por la Vicepresidencia del Estado. David Harvey hoy es uno de los autores más citados en los estudios sociales y políticos, especialmente en Europa; su trabajo cuestiona el neoliberalismo, el sistema de clases sociales  y el capitalismo global.  

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:02 / 17 de agosto de 2014

David Harvey, geógrafo y teórico social británico, visita el país la próxima semana. Para quienes siguen el curso de los movimientos sociales en Europa, como el de los Indignados, no les es extraño este profesor inglés.

En días recientes, en España, tuvo lugar un diálogo entre el Colectivo Escribas, un “grupo de análisis y producción de discurso” de la organización política española Podemos, y David Harvey. De esa plática, enviada en exclusiva para Animal Político, se extracta los pasajes de mayor actualidad y referencia para Bolivia y para la región.

Parte de los Indignados, del M-15 español, solidarios con movidas similares, como el Occupy Wall Street norteamericano y, en general, con todos los movimientos sociales no “tan asociados a un partido o a una ideología política”, los Escribas de Podemos ciertamente le cuestionan a Harvey que él no tenga reparos en “echar mano del concepto de la izquierda y su tradición como fuente de cambio social”.

Harvey responde. Para él, los partidos tradicionales de la izquierda y las organizaciones laborales siempre privilegiaron a los trabajadores de la fábrica y al proletariado industrial (organizado en sindicatos) como la vanguardia para producir un cambio social gradual y para la construcción de una alternativa socialista.

Pero “pienso —complementa— que ha llegado el momento de centrarse en la vida cotidiana, en sus dificultades y sus satisfacciones, como nuevo semillero para la organización política.

He argumentado siempre que tendríamos que reconocer el carácter de clase de muchos de los movimientos sociales urbanos e intentar crear alianzas entre ellos y los trabajadores organizados para así cambiar la vida cotidiana”.

Acudiendo al político italiano Antonio Gramsci (1891-1937), Harvey recuerda que éste ya propuso en su tiempo un similar enfoque: “La organización de los consejos de fábrica, argumentaba Gramsci en 1919, debe ser paralela a la creación de comités en los barrios o distritos. Estos deberían ‘tratar de incorporar delegados de otras categorías de trabajadores que viven en el barrio: camareros, taxistas, conductores de tranvías, del ferrocarril, barrenderos, empleados privados, oficinistas y otros. El comité de barrio tendría que ser la expresión de la totalidad de la clase trabajadora que vive en el barrio, una expresión que es legítima y vinculante, que puede hacer cumplir una disciplina espontánea delegada y respaldada por las potencias y que puede ordenar el cese inmediato y completo de todos los trabajos en el barrio’”, cita Harvey.

“¡De ninguna manera es esto una descripción del proletariado industrial clásico!”, exclama el geógrafo inglés. Además, insiste en que hay que tener en cuenta “que ésta es la única manera en la que podrían representarse los intereses de toda la clase obrera y movilizarse su poder colectivo. Esto es lo que enfatiza el derecho a la ciudad” (“Derecho a la ciudad”, movimiento anticapitalista urbano en Europa).

Ciudad. Pero el británico no deja de ser crítico ante dicho movimiento de “derecho a la ciudad”: como cualquier movimiento, dice, es siempre susceptible de ser cooptado y hasta puede ser “demasiado fácilmente reconvertido hacia fines neoliberales”. Aunque ello, claro, no debe disuadir a sus seguidores de que de todos modos se trata de un movimiento cuyo fin es la transición hacia una alternativa anticapitalista.

Los integrantes de Escribas le recuerdan a Harvey que él había afirmado que lo importante en el cambio social era la cultura y la política, y no tanto la determinación económica.“Gramsci —responde— dijo una vez que cuando los asuntos políticos son traducidos a cuestiones culturales se vuelven imposibles de responder. Con esto estoy seguro de que no quiso decir que los asuntos culturales sean irrelevantes. La deconstrucción de las muchas máscaras culturales de la desigualdad social es crucial para la acción política”.

En el libro Breve historia del neoliberalismo, recuerdan los miembros de Podemos, se señala cómo el contraataque neoliberal utilizó todos sus “poderes  de  persuasión, cooptación, soborno y amenaza para mantener el clima de consentimiento necesario para perpetuar su poder”. ¿Qué quedaría de esa hegemonización neoliberal en 2014, a la vista de las dificultades que esta retórica encuentra para ganar consenso?, se preguntan.

“El neoliberalismo fue y todavía es un proyecto de dominación de clase diseñado para restaurar y consolidar a la clase económica dominante y su poder político. Como tal, tiene una dimensión ideológica en la que las concepciones mentales están moldeadas hacia el individualismo y hacia ciertas formas de subjetividad política, tales como la responsabilidad personal”, responde concluyente Harvey.

Y es que el proyecto neoliberal ha tenido un éxito extraordinario en la mayoría de los lugares, afirma: “La concentración de riqueza y poder en una oligarquía global ha tenido lugar a buen ritmo y de hecho se ha acelerado a través de los años de crisis hasta nuestros días. A nivel ideológico, sin embargo, se puede cuestionar la legitimidad de este proyecto y de sus resultados, en los cuales le va muy bien al capital corporativo y a la élite capitalista, mientras que a la gente, más en general, le va muy mal”.

Con tanto control de los medios (de comunicación) e incluso de la educación, “por no hablar de la compra al por mayor del proceso político”, para la disidencia organizada, remarca, resulta muy difícil prosperar. “En su lugar vemos irrupciones sociales efímeras por todas partes, pero pocas señales de un movimiento social de base amplia a largo plazo con el propósito de construir una alternativa”.

Los integrantes de Escribas recuerdan que Harvey este año habló del surgimiento de “partidos locos en Europa”, aquellos cuyos “líderes carismáticos intentan captar lo que está ocurriendo en las calles”. En Latinoamérica —arriesgan los activistas españoles— esos liderazgos han sido importantes en el proceso de resistencia frente a la lógica global del desarrollo capitalista.

Fetichismo. “Cuando dije eso (la aparición de los “partidos locos”) me estaba refiriendo, por supuesto, al surgimiento de movimientos fascistas, particularmente en Europa (siendo un ejemplo Amanecer Dorado en Grecia). Yo defiendo estos días una nueva forma de hacer política pero al mismo tiempo me opongo a lo que llamo el ‘fetichismo de formas organizativas particulares’, que condena a la impotencia a cierta izquierda contemporánea frente al poder de clase capitalista fuertemente centralizado, movilizado en la actualidad a través de un aparato estatal represivo”.

En algunos segmentos de la izquierda —afirma— hay un miedo profundo a la jerarquía y por extensión, a estructuras de fuerte liderazgo, y “pienso que la emergencia de tales estructuras en Venezuela, Bolivia, Ecuador y en otras partes no debería desestimarse por carecer de elementos positivos, aunque crea que es fundamental construir mecanismos para hacer rendir cuentas al liderazgo”.

Desafortunadamente, concluye Harvey, “en la tradición política latinoamericana siempre existe el peligro de caer en el estilo de gobierno peronista y de ‘caudillo’, de modo que no estoy defendiendo que todo eso esté bien. Pero se necesita un liderazgo fuerte para hacer frente a las inmensas concentraciones de poder político y militar en el estado capitalista”.

En su visita a Bolivia, Harvey estará en La Paz, El Alto y Cochabamba. En la ciudad de La Paz, el martes 19 de agosto, brindará la conferencia “Espacios críticos frente al nuevo imperialismo” (Auditorio del Banco Central, a las 19.00); en El Alto, el miércoles 20, hablará sobre las “Ciudades rebeldes” (Auditorio de la Universidad Pública de El Alto, UPEA, a las 18.30); y, en la ciudad de Cochabamba, el jueves 21, disertará acerca de “El enigma del capital: neoliberalismo y crisis” (Auditorio de la carrera de Economía de la Universidad Mayor de San Simón, UMSS, a las 18.30).

David Harvey nació el 31 de octubre de 1935 en Gillingham, Kent, Inglaterra. Entre sus obras figuran: Justicia social y la ciudad (1973); La urbanización de la capital (1985); La condición de la posmodernidad (1989); Espacios de esperanza (2003); El nuevo imperialismo (2004); Espacios del capital (2007); Breve historia del neoliberalismo (2007); París, capital de la modernidad (2008); El enigma del capital y las crisis del capitalismo (2012); Ciudades rebeldes; Del derecho de la ciudad a la revolución urbana (2013).

En Europa, el poder local es insuficiente

En Europa, señala el Colectivo Escribas, “es sabido que las élites financieras desempeñan una función fundamental en la acumulación capitalista, así como en los gobiernos europeos”; así, cabe preguntarse ¿cuál es la escala territorial más prometedora de cara a construir nuevos proyectos políticos? ¿los gobiernos locales y municipales, los departamentales franceses o las comunidades autónomas españolas?

“Siempre he pensado que la forma cómo abordó esta cuestión el Manifiesto Comunista (Carlos Marx y Federico Engels, 1848) fue ejemplar —reflexiona Harvey. Comenzamos al nivel del individuo que reconoce su propia alienación. Los individuos se reúnen en lugares de trabajo (a los que yo añadiría ahora centros comunitarios) y reconocen su alienación mutua. Entran en alianzas con trabajadores en otros lugares y otras comunidades, y así comienzan a trabajar juntos en el nivel regional/urbano. Entonces reconocen la necesidad de conquistar el poder estatal y de pasar a un nivel de política nacional antes de que, al final de la argumentación, lleguemos a pensar en los trabajadores (y habitantes) del mundo uniéndose para liberarse de sus cadenas en todas partes”.

En otras palabras, continúa, es importante desplazarse a través de estas diferentes escalas o niveles (espaciales o territoriales) y no privilegiar una sobre las demás.

“En el pasado se enfatizó demasiado el poder del Estado, pero ahora gran parte de la izquierda prefiere trabajar en el nivel local. Esto es un error. No puede afrontarse la pregunta crucial de las infraestructuras organizativas físicas y sociales que los movimientos locales autónomos necesitan para prosperar y para colaborar e integrar sus actividades de apoyo mutuo a través del espacio y el tiempo. Necesitamos encontrar maneras de conectar a través de diferentes escalas y trabajar juntos, así como escalas móviles, con el fin de maximizar nuestra efectividad política”, concluye el teórico social británico.

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