Animal Político

Hay una crisis institucional

La Organización de Estados Americanos (OEA) cuando surgen conflictos al interior de los gobiernos como Brasil y otros mira para otro lado, pero cuando se trata de Venezuela organiza toda una gestión de asedio internacional para debilitar a esa nación.

La Razón (Edición Impresa) / Hugo Siles es viceministro de Autonomías

00:00 / 04 de junio de 2017

El Gobierno lamentó mucho la salida irregular y cuestionada de la expresidenta Dilma Rousseff —destituida por fraudes fiscales en agosto de 2016 y sustituida por Michel Temer— pues fue reelegida en 2014 con más de 53 millones de votos.

Dicha situación derivó en un debilitamiento de la institucionalidad en Brasil, que es una potencia que logró varios avances en el área social y económica en la última década como la reducción de la pobreza.

Ahora, las solicitudes de iniciar un impeachment (proceso de destitución) de Temer implica todo un proceso de sucesión que está establecida en la Constitución de ese país.

No hay duda de que esto es crítico para el Brasil pero también para América Latina, porque ese país tiene la economía más grande de la región. Y vemos con mucha preocupación lo que sucede en esa nación porque somos portadores de la integración y la hermandad. Por este motivo, no estamos contentos con la descomposición institucional que vive Brasil desde la salida irregular de Rousseff que ha derivado en estos desenlaces que comprometen la estabilidad e institucionalidad de ese país.

La afirmación que hizo el lunes el presidente Evo Morales a través de su cuenta de Twitter, recomendando al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, “mirar más a Brasil” que vive una crisis política “provocada por golpistas corruptos” en vez de “obsesionarse con Venezuela”, busca hacer una reflexión sobre lo que ocurre en Venezuela y la postura que asume la OEA que muestra una “preocupación al extremo” por ese país.

Sin embargo, en Brasil existe una serie de hechos de corrupción denunciados, pero sobre el tema el organismo y su representante no han señalado absolutamente nada.

Esto es llamativo, porque la organización ha apoyado la destitución de la exmandataria pero luego no hicieron ningún pronunciamiento sobre toda la erosión y crisis que vive Brasil, principalmente en este gobierno ilegítimo que conduce Michel Temer, el cual no tiene el respaldo ciudadano y solo está sostenido por acuerdos políticos y que en cualquier momento lo pueden destituir.

Hay una crisis compleja que vive Brasil pero la OEA hace una diferenciación porque se concentra en Venezuela y no realiza ningún pronunciamiento sobre el vecino país.

Esto demuestra el estado del organismo internacional que está dividido de forma interna y refleja una contraposición que aflora en el seno de la OEA en los últimos años.

Ahora, Almagro es parte de un esquema tradicional que ha operado en la OEA incluso en el periodo de la Guerra Fría y responde a intereses sobre todo de Estados Unidos. El organismo desde su fundación tuvo una fuerte influencia de ese país.

No obstante, cuando José Miguel Insulza se desempeñó como secretario general de la OEA —entre 2005 y 2015— las decisiones de la organización estaban menos condicionadas a la Casa Blanca, pero ahora el organismo volvió a su posición anterior.

Por esta razón, Almagro forma parte de un esquema de intereses que conduce Estados Unidos y que apoyan otros países de la región para presionar y generar un asedio político sobre Venezuela con el fin de que se consolide el cambio de gobierno.

En los últimos años, la OEA no tuvo un equilibrio sobre la crisis que atravesaron determinados gobiernos, así como en otros temas, y ha expresado más bien los intereses de las potencias como Estados Unidos para el manejo de estos supuestos conflictos que se dan en la región.

Con Venezuela la carga es sistemática y hay toda una gestión de asedio internacional para debilitar a ese país. Empero, cuando surgen otros conflictos al interior de otros gobiernos como en Brasil, México y Paraguay en su momento, la OEA y Almagro miran para otro lado.

Ahora, volviendo al tema de Brasil después de la vergonzosa y polémica destitución de Dilma Rousseff, bajo un esquema de intereses, es muy difícil proyectar que en el desenlace de este conflicto se haga uso de las instituciones ya que hay una fragilidad y descrédito de la ciudadanía sobre dichas instituciones. Y por esto, no es aceptable que una presidenta que fue reelegida democráticamente haya sido destituida bajo la actuación de estas instituciones que supuestamente son independientes.

La salida de Rousseff y el debilitamiento de un gobierno progresista que estaba en un proceso de consolidación de cambios en el ámbito social y económico ha sido un golpe para los gobiernos progresistas de la región. De eso no hay duda y ello es parte del asedio y la guerra de cuarta generación que hubo en los últimos años.

En cambio Temer es parte de una coalición y presidente del Partido del Movimiento Democrático Brasileño que no representa al sector de los trabajadores y no pertenece a un partido progresista, por lo que su posible destitución o no del Gobierno tendrá en el epicentro de la política brasileña, si corresponde su sucesión, a actores que aún forman parte del esquema más conservador y que están distanciados de las políticas públicas referidas al cambio social.

A pesar de eso, es necesario tomar en cuenta que Brasil es una potencia industrial que demanda recursos hidrocarburíferos y energía y que, independientemente de la crisis política, tiene la necesidad de mantener el contrato de compra-venta de gas natural que tiene con Bolivia por el tamaño de su economía.

Por ello, los convenios para la compra del energético están asegurados y una muestra de eso es que el Gobierno firmó, el 5 de mayo, un memorando de entendimiento con cinco estados de Brasil para la venta de un volumen aproximado de 12 millones de metros cúbicos día (MMmcd) de gas así como también urea. Este tema de los recursos energéticos que Brasil consume se maneja por cuerdas separadas, aunque la crisis política puede afectar en alguna medida; vimos que en momentos más complejos de crisis política en Brasil los temas de interés bilateral como el contrato de compra y venta de gas se han mantenido invariables.

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