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La cruz y la chakana

La chakana, a diferencia de la cruz, no es obra humana, es ‘hechura’ del cosmos sideral. En consecuencia, no tiene arriba ni abajo, derecha ni izquierda. Además de señalar los cuatro puntos cardinales, significa los cuatro fundamentos vitales: energía, espacio, tiempo y materia.

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Reynaga

00:02 / 28 de junio de 2015

Por segunda vez visita Bolivia la cabeza del cristianismo mundial. El evento es importante, digno de reflexiones importantes. La diferencia entre la cruz católica y la chakana andina, como símbolos, muestra la diferencia civilizatoria entre Occidente y el Kullasuyu.  La cruz fue símbolo sagrado de varios pueblos precristianos, druidas, celtas, fenicios, griegos y otros etiquetados como paganos.

Los romanos convirtieron a la cruz en el instrumento más cruel de tortura y de muerte reservado para los enemigos más odiados, los adversarios políticos. Los ahorcados, degollados, asfixiados, decapitados, despedazados morían rápido. Los crucificados agonizaban días mientras se iban desangrando.

El mayor peligro militar para el imperio romano no provino de otros pueblos, provino de sus propias entrañas. Espartaco, oriundo de Esparta encabezando a más de 150.000 gladiadores y esclavos estuvo a punto de apoderarse de Roma. Él y 6.000 compañeros fueron crucificados a la vera de los caminos principales. Desde entonces la crueldad de la cruz fue usada como ejemplo contra los guerreros liberadores.  Jesús el Cristo fue crucificado junto a dos ladrones para enmascarar su estatura rebelde, enemigo del imperio colonial y de sus cómplices, los grandes mercaderes y sacerdotes.

El emperador Constantino en el primer Concilio de Nicea, año 325, convirtió al cristianismo en la religión oficial del imperio romano, aunque él fue bautizado solo cuando ya agonizaba el año 337. Así, la cruz se volvió el emblema de Occidente y del mundo conquistado por él.

La veneración a la cruz cristiana se mercantilizó. Aparecieron y se vendieron miles y miles de “pedazos de la cruz verdadera”. Erasmo de Rotterdam en el siglo XV, maestro de la ironía, afirmó: con tanta madera se podía construir un barco.

La historia de la chakana está por escribirse. Lo registrado por nuestros antepasados fue destruido por el colonialismo europeo, para borrarlo de la memoria del pueblo indio americano y de la humanidad. La destrucción fue parcial. No pudo hacer desaparecer las evidencias patentes.

La chakana, a diferencia de la cruz, no es obra humana, es “hechura” del cosmos sideral. En consecuencia, no tiene arriba ni abajo, derecha ni izquierda. Además de señalar los cuatro puntos cardinales, significa los cuatro fundamentos vitales: energía, espacio, tiempo y materia. Como la sagrada wiphala es cuadrada, sus cuatro lados también representan al fuego, la tierra, el aire, y el agua, componentes de todo lo biológico. El número cuatro también guió la estructura del Tawa Inti Suyu. La chakana, al ser obra de la naturaleza, a diferencia de la cruz, no está manchada de sangre, no fue ni es ni será instrumento de tortura, nadie fue crucificado en ella.

En 1985 cuando Juan Pablo II, el papa santificado, llegó a los Andes le devolví su Biblia con una carta: En cinco siglos no nos ha dado libertad, justicia, menos amor. Señor Papa, llévesela, mejor dele a nuestros opresores, ellos necesitan más de sus enseñanzas morales. “El Papa no respondió, simplemente lloró.” (Hecho registrado en el texto Claves ocultas del poder mundial, José Lesta y Miguel Pedrero, Editorial EDAF, página 200. Este texto fue publicado en México, Buenos Aires, San Juan, Santiago y Madrid).

La carta fue difundida ampliamente por el teólogo de la liberación brasilero Leonardo Boff, aunque con poca honestidad. Según él, yo digo “Santidad”, como diría un “indígena” colonizado; no, “Señor Papa”, como indio libre y rebelde. 

Ahora, al papa Francisco le diría lo mismo. Su cruz ha significado la muerte de más de 100 millones de indios americanos, labriegos desarmados. El colonialismo mundial, lo dijo John D. Rockefeller, confía más en las sectas gringas, ya no en la Iglesia Católica; esto desde la Teología de la Liberación, unión del marxismo y el cristianismo.

Sin embargo, en estos cinco siglos, la fuerza del pueblo originario americano ha ido en cierta forma indianizando a la religión cristiana. En iglesias como el Gran Poder, los 12 apóstoles usan poncho y ch’ullu. No sataniza nuestro pasa-do precolonial como lo hacen las sectas gringas.

En el libro de mi autoría, Ideología y raza en América Latina, que fue quemado en 1973, dije: “Cinco siglos de cristianismo no ha producido un solo obispo indio. Y, como respuesta, apareció Zacarías Mamani como primer obispo indio de la iglesia metodista. Viajé con él a Costa Rica a un encuentro del Concejo Latinoamericano de Iglesias, CLAI, sobre Clase y Raza en la Educación. El marxismo nos atacó como “racistas”, por defender nuestra civilización, cultura y sabiduría milenaria”. Ahora se habla de “neomarxismo”. Si es real, deberá aprender a indianizarse, como el cristianismo.

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