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‘Se debe construir la nacionalidad sin excluir mayorías’

Jaime Peralta - Peralta señala que las diferencias regionales, para construir la nacionalidad, deben ser asumidas como una oportunidad para enriquecer la igualdad en el país.

Jaime Peralta.

Jaime Peralta.

La Razón / Luis Mealla Gutiérrez

00:02 / 09 de septiembre de 2012

El experto e historiador llegó a Bolivia la pasada semana para participar del foro   que organizó la Embajada de Colombia en Bolivia, con motivo de celebrar el Tratado  de Amistad y establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. El comunicador compartió experiencias con una colega boliviana sobre la construcción de nacionalidad desde la perspectiva de cada país. Aseguró que las diferencias que hay entre naciones deben servir para enriquecer el concepto de igualdad.

Jaime Peralta asegura que los países de Latinoamérica necesitan desarrollar una nacionalidad fortalecida en el marco de la diversidad, propiedad que enriquecerá una cohesión económica y política de la región para afrontar y actuar frente a un escenario de globalización.

Explica que para tener una identidad consolidada se debe construir una nacionalidad en la que se incluya a las mayorías que siempre estuvieron relegadas. Asegura que el caso de Bolivia no es muy distinto al de Colombia, donde reside actualmente el experto, por lo que cada país, según su trayectoria histórica, debe buscar la manera de repensarse como una nueva nación.

— ¿Qué significa la nacionalidad para la América Latina de hoy?

— El caso colombiano es parecido   al latinoamericano. Es una pregunta que nos hacemos en este nuevo siglo, cuando se contextualiza el tema, porque necesitamos revitalizarnos como naciones más unidas, más fuertes, con una cohesión económica política más fuerte en estos escenarios de globalización.

También la diferencia cuenta y en América Latina sabemos que somos diferentes de ese proyecto de hegemonía global, que estamos buscando tener una voz propia y de unidad para competir de esos ámbitos.

— Aunque parezca redundante, ¿qué importancia tiene la nacionalidad en una nación?

— Ese tema es vital. Para el caso colombiano, la gran pregunta es nación o nacionalidades; creo que ése ha sido el eje histórico que ha guiado la problemática. En Colombia primó mucho el proyecto bolivariano, fue un modelo de nación más unificante frente a la cantidad de conflictos que teníamos; pero, al unificarnos como nación, había que buscar un modelo en torno a la procedencia de la gente, el tono de piel blanca u oscura, lengua, religión, conceptos de ciudadanía y el poder económico.

— ¿Cuáles son las consecuencias?

— Ahí surgieron los primeros problemas porque no todos somos blancos, no todos hablamos español. Ahí vimos que al construir el concepto de nación se excluyeron a las grandes mayorías, a los diferentes. Llegamos a esa gran contradicción en la unificación de la nación, descubrimos que no todos cabíamos en ella.Esa institucionalidad que se hizo para unificar también se ha convertido en exclusión de las mujeres, de grupos étnicos, indígenas, afroamericanos; exclusión de los que no tenían poder económico, no sólo en el caso colombiano, sino en muchos otro países de Latinoamérica. Por tanto, se debe construir nacionalidad sin excluir a las mayorías.

— ¿Cuál es el principal problema si se excluyen a las mayorías?

— Hay que hablar mucho de estos temas de nación, porque de ahí parte una gran cantidad de nuestros problemas. Por ejemplo, la institucionalidad jurídica se montó sobre ese modelo excluyente, se montó sobre la exclusión cultural, sobre la exclusión sexual y la exclusión de todo lo que se saliera de ese modelo.

— En ese contexto, ¿se puede plantear alguna solución?

— En naciones como Colombia se está planteando que sí somos iguales y eso es algo por qué luchar; somos iguales en dignidad humana, en derechos, pero desde la diferencia. Colombia se está repensando de otra manera como nación. Cada país latinoamericano, de acuerdo con su trayectoria histórica, también tiene que buscar otra manera de repensarse. Por ejemplo, está la identidad de la nación uruguaya, en cuya identificación antes no se tomó en cuenta la nación afrouruguaya, pero ahora ya se está representando esa condición étnica. Asimismo, muchos  países lo están tratando de hacer.

— Bajo esa perspectiva, ¿cómo construir una nacionalidad boliviana sin excluir a las grandes mayorías de la sociedad?

— No sé, no conozco la historia boliviana; entonces, sería atrevido pensar dar fórmulas. En el caso colombiano, que podría reflejarse en este país, un hito sustancial fue reflexionar que el país se construyó de arriba hacia abajo, desde la institucionalidad de la nación hacia los que fueron convocados para ser ciudadanos.

En Colombia, desde los años 90, ha comenzado un proceso desde la sociedad civil haciendo presión sobre esas instituciones nacionales para que respondan más a sus necesidades; así comenzaron a gestarse otros temas, como la diferencia de género, reivindicando la participación de las mujeres, porque la sociedad patriarcal no tomaba en cuenta decisiones ni opiniones de la mujer.

— ¿Qué otros temas adquirieron importancia en ese contexto?

— También comenzó a gestarse mucho el tema indígena; estos grupos generaron una coherencia interesante en la política colombia- na en sentido de organizarse para reivindicar derechos, no en contra del Estado colombiano, sino como una nueva manera de hacer inter- relación política para lograr que se lo reconozca como colombiano de origen indígena, con el respeto de sus nuevas forma territoriales, capacidad de autogobierno y respeto a la cultura. Los afrodescendientes también agitaron eso: la reivindicación de sus derechos como ciudadanos con derecho a territorio y a formas organizativas propias.

— ¿Cómo se hizo contundente este proceso de reivindicación?

— Todo este proceso fue reconocido en la Constitución Política colombiana que se hizo en 1991, que fue una aspiración para construir la casa de manera distinta. No se han dado en Colombia proyectos de separatismo, de autonomías,  sino lo que se pide que se construya mejor es la casa colombiana donde quepamos mejor todos.

En esa Constitución se refleja todo eso. El capítulo séptimo, por primera vez reconoció que somos un país pluriétnico y multicultural, donde la fuente suprema de autoridad es el pueblo, ya no el Dios católico o el Dios de los blancos.

— ¿Qué ha propiciado todos estos cambios?

— Por ejemplo, nuevos modelos educativos en todos los saberes de la ciencia occidental, pero también desde la concepción de la diferencia cultural. Si bien en el Estado colombiano, en su mayoría habla castellano, en los pueblos indígenas la lengua oficial es el idioma de esos pueblos, y son 64 lenguas clasificadas como tal. También está el caso de los afros; se logró que el niño negro se eduque en el sistema educativo colombiano, pero que sepa que lo negro vale, porque antes no aparecía; todos nos pensábamos blancos y negábamos la identidad mestiza, y negábamos las diferencias étnicas.

— ¿Construir una nacionalidad implica fortalecer la identidad?

— Para que se genere una identidad regional, primero nos tenemos que conocer; somos variados, diversos, y ahí se puede establecer nuevos escenarios de diálogo entre iguales dentro de cada uno de nuestros países, para construir bloques regionales fuertes e identidades fuertes que permitan negociar en contextos globales los asuntos que van a  definir el futuro del planeta.

— ¿Un diálogo entre iguales?

— Se debe conocer lo nuestro sin desconocer lo de los otros, es un diálogo entre iguales; no autoritario, sino un diálogo democrático. Tener una nacionalidad fortalecida conllevará a tener una identidad mucho más fortalecida, porque eso es vital para el futuro de los países; hay que mirar y trabajar en cómo nos reconstruimos.

— ¿Cómo construir una nacionalidad en un Estado Plurinacional como Bolivia, que tiene 36 naciones?

— Es un proceso muy complejo y en eso los indígenas colombianos nos han dado una gran lección; en Colombia no se habla de separatismo, no se habla de nación sino de etnia indígena, en el sentido de que Colombia es como una casa y que dentro de ella existen actores distintos. Eso ha permitido que no se generen procesos de desmembramiento territorial de las naciones ni procesos de separatismo, pero sí de autonomías, aunque falta mucho por pelear.

En este momento, la autonomía es muy restringida, pero ya funciona. Por ejemplo, en territorio indígena, la ley indígena es la que gobierna; si un delito se comete fuera de esa jurisdicción, el fuero nacional se hace cargo. Se logró esa paridad.

Perfil

Nombre: Jaime Peralta

Nació: 16-09-1963

Profesión: Comunicador

Ocupación: Docente universitario e   investigador

Diversidad

El comunicador nació en Ecuador y ahora  reside en Colombia. Tiene una maestría  y doctorado  en Historia de América Latina. Desde hace 20 años viene especializándose en temas de diversidad cultural y social.

Varias naciones en una implica un riesgo de atomización

— ¿El tener varias naciones en una implicaría un riesgo de atomización de la nacionalidad?

— Sí, ése es uno de los efectos colaterales de esto, que se llegue a una atomización; por ejemplo, que se pierda la coherencia en términos de proyectos comunes, de proyectos afines, extraterritoriales. Además, que se pierda la posibilidad de establecer alianzas políticas —para el caso colombiano— entre los grupos afrodescendientes y los grupos indígenas, y que cada uno piense en sí mismo y no vea un espacio de concertación en su mismo territorio ancestral. Ahí es muy difícil construir proyectos de nación, porque se requiere la coordinación, más aún en un mundo global.

— En su criterio, ¿cuál sería una de las primeras consecuencias si una nación de atomiza?

— En términos generales, si un país se atomiza, nos comen vivos. El mundo global ya se ha hecho con bloques económicos regionales muy fuertes. La Unión Europea, pese a todos sus problemas, ha logrado convertirse en un bloque megasupranacional muy fuerte. Japón y China lideran procesos de integración. Si no nos unimos y no tenemos una voz coherente,  desde la diferencia hacia el exterior, nos comen vivos, de ahí el sueño de Simón Bolívar de unificación latinoamericana frente a la defensa de los poderes internacionales.

— Si bien no hay una receta para construir nacionalidad, ¿qué recomienda a países como Bolivia?

— Primero, conocer lo que somos, como pueblos distintos, como pueblos diversos, que tenemos una historia en común; es increíble que América Latina no haya tenido proyectos comunes, porque venimos de una historia común. Con conocimiento, con respeto a la diversidad y en un ambiente de democracia se pueden tejer nuevas relaciones al exterior como dentro del país.

— ¿Qué papel juegan las diferencias regionales en la construcción de nacionalidad?

— Puede ser un factor de enriquecimiento cuando el ser diferente no se plantea como un enemigo, rival u oponente, sino como un socio colaborador o amigo. En Colombia hay un regionalismo muy fuerte que se está superando porque el ser de una zona u otra es muy importante, ya que con esa diferencia se puede construir con el otro que es diferente; pero si se lo ve como un rival, no se construirá nada.

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