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Entre el declive estadounidense y el ascenso chino

El siglo XXI para Latinoamérica, pero especialmente para Sudamérica, ha implicado el declive de la influencia estadounidense en la economía y el paralelo ascenso chino; tal la nueva condición económica en que debe actuar Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano

00:06 / 25 de octubre de 2015

El nuevo papel o peso de Bolivia en el sistema de Naciones Unidas o en Latinoamérica también debe ser comprendido desde el cambio de escenario que hubo en el mundo y en la región, tanto en su realidad económica como en las relaciones de poder.  Solo hablando de la relación entre Sudamérica, Estados Unidos y China se puede comprender el “nuevo mundo” que se tiene hoy día.

Como recuerda el excanciller Gustavo Fernández Saavedra en su texto Espejos y espejismos: las relaciones entre América Latina y Estados Unidos (FES y Plural, febrero de 2014), si antes la relación era América Latina productora de materias primas para Estados Unidos, al comenzar el siglo XXI empezaron a cambiar las cosas.

Con el “costoso error” de la invasión estadounidense a Iraq y la crisis financiera internacional de 2008, que arrastró a Europa, se “puso en la mesa del debate teórico y la pugna política sobre el perfil del nuevo orden económico mundial”.

Era el momento también de la irrupción de China: “Hay quienes piensan que Estados Unidos y China compartirán la cabecera de la mesa. Otros, que, en el mediano plazo, la supremacía china será inevitable. Finalmente, gana cuerpo la afirmación de que el mundo no será de nadie”.

También es el momento de la emergencia de los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), aunque esto “no los convierte automáticamente en centro de poder”; es cuando se habla más frecuentemente del “multipolarismo”; aunque, a no engañarse. “Eso sí. Se sabe que la competencia en el siglo XXI no será militar. Nadie disputa ese lugar a Estados Unidos”.

Específicamente en América Latina —continúa Fernández Saavedra— mientras declinaba la influencia estadounidense, se afirmaba la presencia china: “la participación de Estados Unidos en las exportaciones sudamericanas se contrajo del 30 al 18% entre 2000 y 2011 y las importaciones latinoamericanas de Estados Unidos cayeron de 55 a 30%. China se transformó en el primer mercado para las ventas de Brasil, Perú, Chile, en el segundo para Argentina, Paraguay, Uruguay y desplaza cada día a la oferta norteamericana en las plazas sudamericanas”.

Con este doble movimiento, concluye el excanciller, “se redujo el rol tutelar del FMI (Fondo Monetario Internacional) y del BID (Banco Interamericano de Desarrollo). De allí en adelante languideció la influencia de Estados Unidos en la región”. Por eso, no por nada en la década de los 2000  se crearon la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en 2008, y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en 2010. “Las manifestaciones regionales más expresivas de la época son ante todo afirmación de independencia, en las que el dato más importante es la ausencia de una silla para Estados Unidos”, según destaca Fernández Saavedra en Espejos y espejismos.

El docente investigador del Posgrado en Ciencias del Desarrollo de la Universidad Mayor de San Andrés, Rogelio Churata Tola, por su parte, recuerda tanto la ruptura de la tradicional homogeneidad política y económica que caracterizaba a los gobiernos de la región como el “giro a la izquierda” de varios de ellos. Lo que se tiene al final es un “escenario heterogéneo” pero también “fracturado”, en bloques más o menos contradictorios: la Alianza para el Pacífico, el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Alianza Bolivariana para Nuestros Pueblos (Alba), entre otros.

En este concierto, el excanciller Agustín Saavedra Weise destaca que Bolivia en ningún momento debería olvidar su carácter “país bisagra”, un eje articulador entre los océanos  Atlántico y Pacífico; entre las macrorregiones de la Amazonía y la cuenca del Plata; y entre los grandes pisos ecológicos conformados por Los Andes y las llanuras del oriente. “Estamos enclavados en el centro y ese es el destino de nuestro país, tierra de contactos, de países hermanos, para que la integración se concrete en un territorio”, concluye.

En lo relativo a la influencia china en el país, el presidente del Comité de Finanzas Internacionales de la Cámara de Diputados, el diputado por el Partido Demócrata Cristiano (PDC) Helmut Salinas, ilustra el tema con el caso concreto del crédito chino de 7.000 millones de dólares recientemente anunciado por el Gobierno nacional.

Se trata de un crédito que está poniendo al tope la capacidad de endeudamiento del país, asegura el diputado de la oposición.  “Por otra parte, estos créditos chinos tienen una modalidad que no es conveniente para Bolivia, que consiste en que los ejecutores de los proyectos y de las obras (para las que se adquiere el préstamo) tienen que ser empresas chinas”.

Empresa chinas que en Bolivia no han tenido éxito, recuerda Salinas, “es más, han fracasado”. Puso como ejemplos la paralización del tren entre Montero y Bulo Bulo, cuestionamientos al ingenio de San Buenaventura, carreteras inconclusas, “el tema del sodio, se trata de empresas que no son estatales sino privadas y no han cumplido con su cometido”.

Además se vio, cuenta el legislador, cómo estas empresas subcontratan a empresas locales; “entonces, no está bien manejado el tema con las empresas chinas, y es por eso que nosotros creemos que si los 7.000 millones van a ser ligados a las empresas chinas, va a haber muchos problemas, estamos en contra de ese crédito si se va a manejar de esa manera”, destacó el diputado.

Consultado sobre si este tipo de préstamos (en que el crédito está “atado” a que la empresa ejecutora deba ser del país de origen del dinero) es inevitable en el mercado de créditos, Salinas enfático señaló que no. “No es común. Hay, por ejemplo, las agencias de desarrollo alemanas, el Banco de Construcción Alemán; ellos prestan el dinero con un destino determinado y el ministerio del rubro hace una convocatoria nacional e internacional y adjudica la obra a quien mejores condiciones ofrece”.

En cambio, el “crédito chino es exclusivamente para empresas chinas, y eso no está bien; no hay competitividad, y cuando no hay competitividad, pues hay problemas”.  En lo relativo a las acaso facilidades que ofrecería China para otorgar estos créditos, Salinas apunta al menos un dato: la disponibilidad financiera del gigante asiático. “China tiene un superávit fiscal gigante, tiene plata para todos, la pregunta es en qué condiciones”.

Si bien el país está fortalecido económicamente, hasta ahora se ha ido cuidando la situación de la deuda, reconoce el diputado opositor, pero con el crédito chino, por su magnitud, “se pone en entredicho la credibilidad del manejo de la deuda; hasta ahora la deuda externa se ha controlado muy bien, pero imagínese que con un solo crédito pretender doblar las obligaciones de deuda externa es, por lo menos, arriesgado”.

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