Animal Político

La democracia: sus espejos

Aquellos 11 de septiembre...

La Razón / Verónica Rocha Fuentes

00:02 / 16 de septiembre de 2012

El libro que publicó Eduardo Galeano sobre breves relatos de la historia universal hace unos años llevaba el nombre de Espejos. Una historia casi universal. La idea la había extraído de un canto indígena de Dakota del Sur, que rezaba (mientras se preguntaba): “Los espejos están llenos de gente. Los invisibles nos ven. Los olvidados nos recuerdan. Cuando nos vemos, los vemos. Cuando nos vamos, ¿se van?”.

Sucede, pues, que los espejos, como la historia, nos hacen. Y algo parecido pasa con la democracia nuestra de cada día, que se hace con/en la historia y, por ello, tiene sus propios espejos. Espejos que dosificadamente habitan nuestros días/nuestras vidas y que, ocasionalmente, irrumpen abrumadoramente a recordarnos su presencia que, por doquier que uno/a vaya, reflejan la reminiscencia de los años-hechos pasados, a veces con entrañables guiños, otras con rabiosos rencores y las menos con silencios cómplices.

Espejo en La Moneda: “Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición, pretende imponerse. Sigan ustedes, sabiendo, que mucho más temprano que tarde, de nuevo, abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.” Así se despedía Salvador Allende del pueblo chileno un 11 de septiembre, hace 39 años.

Si bien el golpe de Estado militar que sufrió el vecino país (y que le depararía una larga noche militar de 17 años) es uno de los eventos con mayor ancla en nuestra historia latinoamericana, es preciso recordar uno de los episodios que probablemente es poco conocido/recordado en el país sobre el golpe de Estado de 1973 en Chile, aquél que tuvo lugar en Santiago el 10 de septiembre del mismo año, cuando Allende tendría conocimiento de las intenciones golpistas de un grupo de las Fuerzas Armadas de Chile, tras la advertencia de sus ministros de Interior y de Defensa.

No obstante, la errónea información sobre la fecha de la traición militar indicaba que aquélla tendría lugar el 14 de septiembre. Con ese dato, Chicho (como le decimos quienes lo entrañamos) encontraría una salida para mantener resguardada la democracia; había tomado la decisión de convocar a un plebiscito en el  que —lo sabía la Unidad Popular y lo sabía Allende— perderían el gobierno, pero podrían salvaguardar el proceso democrático. Para la historia, los planes golpistas indicaban otra ruta que además se aceleraría con la transformación de un histérico Augusto Pinochet durante el golpe en pleno: Allende, el primer presidente socialista elegido democráticamente de la región, vería truncada su oportunidad de resguardar el sistema democrático, moriría en La Moneda al día siguiente de tomar esta decisión.  Se trataba de la democracia representativa buscando respirar en el continente.

Espejo en el Porvenir: “Vuélvanse por donde vinieron. Están viniendo de Puerto Rico tres volquetadas con gente y va a ser peor. Vuélvanse antes de que pase a mayores. (…) Si no hubiera esta zanja ustedes estarían correteados por todo este monte y eso se los aseguro. Vuélvanse por donde vinieron, si no deciden volverse vamos a tomar otras medidas”. Según el libro La mañana después de la guerra, del periodista Boris Miranda, así amenazó Ricardo Shimokawa, líder del Comité Cívico de Pando, a la columna campesina que buscaba llegar a Pando el 11 de septiembre del año 2008 y que fue interceptada cerca de Porvenir por una zanja cavada por funcionarios de la entonces Prefectura pandina. Aunque hasta la fecha no se han esclarecido estos hechos, se sabe que los campesinos acudían a Pando a un congreso extraordinario que tenía como fin salvaguardar el proceso agrario que el primer gobierno de Evo Morales había llevado a cabo exitosamente desde el año 2006. Los hechos que sucederían el enfrentamiento verbal en esa zanja serían conocidos hasta ahora como “la masacre del Porvenir” (la cual recordamos tras cuatro años sin que estén totalmente esclarecidos los hechos) y con ellos se iniciaría la caída del bloque cívico-prefectural que, en franca oposición al texto constitucional, habían iniciado una ofensiva contra el Gobierno y el Estado a través de la toma violenta de instituciones sobre todo en los escenarios departamentales de la región del oriente. Corrían tiempos de pugna por la Constitución, tiempos de transición paradigmática en el proceso constituyente.

Se trataba de la democracia intercultural tratando de nacer. Espejo en El Alto: “Lo importante es decir que yo no niego que es una crisis grave porque es una subversión y un levantamiento del narcosindicalismo contra el sistema democrático contra la unidad del país, por eso yo no voy a renunciar. Yo no puedo renunciar porque significaría el fin de la democracia y probablemente la desintegración del país”, señalaba Gonzalo Sánchez de Lozada en una entrevista al periodista mexicano Carlos Loret de Mora, el 16 de octubre de aquel 2003.

En la actualidad son tres las observaciones que Estados Unidos ha interpuesto a las 60 razones que permanecen en la memoria de todo un país para justificar la no extradición al país de Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín. A puertas de recordar un octubre más (el noveno bajo el manto de la impunidad), hemos recibido un golpe de memoria tras escuchar las funestas declaraciones de Sánchez Berzaín, quien desde Estados Unidos no titubeó en señalar que fueron otros actores y por otras razones los que rompieron con la democracia aquel octubre de 2003.

Corrían tiempos en que la democracia buscaba ampliarse, donde el pueblo boliviano buscaba ejercer su derecho a ser consultado sobre las decisiones estatales. A Sánchez de Lozada se le había señalado el camino a la salida por la pugna gasífera y se llamaba referéndum, mas ese gobierno optó por las armas y a nombre de Estado de derecho abrió fuego en nuestra hermana ciudad de El Alto.  Se trataba de la democracia directa y  participativa luchando por existir.

¿Cómo y hasta dónde somos capaces de reflejarnos/mirarnos? Más importante aún, ¿de no hacerlo sólo cuando los espejos se nos ponen al frente mientras el resto del tiempo siguen pegándonos abajo? Ah, son los espejos que persiguen y persisten en reflejar nuestra historia y nuestra memoria. Es nuestra democracia, que se mira a sí misma… y que insiste.

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