Animal Político

La democracia posnacional ramiro

En el pasado, vivimos en un “mundo de las naciones”, cerradas en sí mismas o relacionadas a partir de intereses propios, ahora tenemos la posibilidad de edificar uniones políticas  sobre intereses compartidos entre países, representados en una sede legislativa.

La Razón (Edición Impresa) / Paredes Zárate es vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE)

00:00 / 15 de febrero de 2015

La elección y posesión de los representantes del Estado Plurinacional a los organismos supranacionales no ha sido objeto de reflexión por parte de los  “analistas políticos”, lo que acentúa el déficit de conocimiento deliberativo sobre la aplicación de esta norma fundamental. No hay duda de que el despliegue de la ley suprema (la Constitución), aprobada en 2009, está generando nuevos hechos desconocidos por las viejas normas comiciales, uno de los cuales es lo que podríamos denominar provisionalmente la democracia posnacional parlamentarizada, esto es, en breve, la articulación democrática  de naciones en una comunidad política mayor, representada en un Parlamento conformado por representantes de circunscripciones electorales que son países. Se trata de una modalidad democrática en que confluyen varios pueblos y son representados y se expresan en una sede representativa-legislativa.

Por ello, meditar sobre esas elecciones debe asomarnos a pensar en la posibilidad de esa unidad política, sobre la cual han teorizado autores como Jürgen Habermas, con su propuesta de la “constelación posnacional”,  Manuel Castells  y su  Estado Red, Ulrich Beck, y su tesis sobre el Estado Transnacional. Esta dinámica, intensa en unos casos, y débil aún en otros, expone nuevos perfiles de la democracia y el gran potencial del dispositivo parlamentario.

ESCALA. La democracia inicialmente fue pensada y practicada en unidades territoriales de pequeña escala, como las ciudades antiguas, siendo Atenas el clásico ejemplo. Autores como Alexis de Tocqueville afirman que este modelo solo era posible en estos espacios, por ser los más adecuados para la práctica de alguna forma de democracia por asamblea, la que se desarrolla en condiciones de copresencia  o  de face to face (cara a cara) entre las personas, razón por la cual la voluntad popular se produce colectivamente y se expresa abiertamente. Los cabildos de la Independencia y los abiertos contemporáneos, las asambleas comunitarias de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, pueden ser considerados como casos de esta democracia por reunión.

Cuando el crecimiento demográfico-urbano dificultó agrupar en asamblea a inmensas cantidades de personas, emergieron organizaciones que buscaban agregar y representar los intereses, las corrientes de opinión y las preferencias políticas de la gente, junto a un conjunto de procedimientos de mediación. Así, se institucionalizó el continuum: organizaciones políticas-candidatos-campaña electoral competitiva-urnas-votación secreta-escrutinio de votos-candidatos elegidos.

La convivencia de las personas alcanzó mayor complejidad con el mercado interno, el capitalismo, que se plasmó en el Estado nacional, organizado sobre unidades territoriales de gran escala y relaciones sociales entre ausentes o entre personas que no se miran, pero que pertenecen a un mismo cuerpo. En esas condiciones, la democracia representativa y los Parlamentos se nacionalizaron, vale decir, se consagraron como la forma política propia de ese modelo estatal. Ésa fue la primera gran transformación democrática.

La elección de los representantes mencionados al inicio vislumbra otro cambio generado por el proceso de democratización que, esta vez, ha trascendido países y busca constituir una comunidad política con un demos posnacional, vale decir, que va más allá de las unidades patrias. Este movimiento se da ya no solo al interior de éstas, sino entre las mismas, formando así uniones políticas basadas en el derecho de sufragio y con parlamentos supranacionales. Retomando la idea de democracia multinivel desarrollada en una nota anterior (Animal Político, 15 de enero, 2015), diríamos que se divisa una democracia multinivel orientada hacia arriba, o que va de lo nacional o plurinacional hacia lo supranacional.

UNIDAD. Según Habermas, la forma democrática tendría su máxima realización no en la empatía entre connacionales y la formación de democracias patrias, sino en el entendimiento y la unidad política entre extraños, vale decir, entre personas de varios países. La comunidad política supranacional sería, entonces, el pináculo del desarrollo democrático.

Independientemente de ello, algunas dinámicas tienden a hacerse interdependientes, ya no funcionan solo nacionalmente, sino, entre varias naciones, como el caso del comercio internacional, cuya institucionalidad se plasma en la Organización Mundial del Comercio y organismos financieros. Esta integración avanzó de lo económico a lo político.

Caso paradigmático es la Unión Europea y su conocida sede representativa, sostenida sobre una Constitución continental, una ciudadanía transnacional, una legislación comunitaria, un régimen electoral común (que define la elección simultánea y única en los países miembro), un número fijo de escaños (aplica una fórmula matemática de asignación de bancas, otra para la conversión de votos en curules).

Proyectos algo similares, pero con bajos niveles de éxito son la Comunidad Andina de Naciones y la Unión de Naciones del Sur que apuntan a la integración política entre países.

Los parlamentos Amazónico, Indígena, la Unión Parlamentaria Mundial son planes diplomáticos para fortalecer las relaciones internacionales, con la participación de delegaciones legislativas que formulan soluciones para problemas comunes de las naciones, como lo ambiental o la reivindicación indígena. Bolivia es parte de estos dos propósitos.

En octubre, elegimos representantes que asistirán a las sedes legislativas supranacionales como el Parlamento Andino (PL), cumpliendo el mandato constitucional.

La norma fundamental consagra la integración al señalar que el Estado promoverá “las relaciones de integración social, política, cultural y económica con los demás Estados, naciones y pueblos del mundo y, en particular,  promoverá la integración latinoamericana”, lo que muestra la voluntad del constituyente de asistir a la creación de unidades políticas supranacionales. La CAN y el PL conforman un intento de integración política aún débil, que no alcanzó el éxito del Parlamento Europeo, en tanto no descansa sobre una Constitución, un sistema electoral único que evite la sobre o subrepresentación de los países en la instancia legislativa, un sólido demos posnacional y vínculos de identificación entre los ciudadanos de la región, entre otros factores presentes en la experiencia europea. Pese a las limitaciones del proyecto andino, la democracia posnacional parlamentarizada no deja de ser una alternativa de integración política regional.

En siglos pasados, vivimos en un “mundo de las naciones”, cerradas en sí mismas o relacionadas a partir de intereses propios, ahora tenemos la posibilidad de edificar uniones políticas  sobre intereses compartidos entre países, representados en una sede legislativa. La reflexión sobre nuestra condición de colectividad debe enriquecerse extendiéndola a la posibilidad de construir una democracia posnacional parlamentarizada junto a los Estados vecinos. Este objetivo es muy complejo y parece de imposible realización dada la diversidad de culturas e intereses, sin embargo, no debemos perder de vista que fuimos capaces de elegir el norte de la plurinacionalidad articulando nuestra diversidad. El siguiente gran paso es lograr un entendimiento fundamental entre extraños en esta parte del mundo. Por ello, la elección de aquellos representantes debe hacer que fijemos el pensamiento en el horizonte posnacional de la democracia.

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