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La derecha europea apadrina a Monti

Luego de un almuerzo previo a la Cumbre de la UE, los líderes del Partido Popular Europeo cerraron filas en torno al tecnócrata y se distanciaron de Berlusconi

La Razón / Miguel González

00:00 / 16 de diciembre de 2012

Si hace poco más de un año la derecha europea forzó la caída del populista Silvio Berlusconi y su sustitución por el tecnócrata Mario Monti, para evitar que Italia se despeñara por el abismo de la crisis arrastrando al resto de la zona euro, el jueves apadrinó una operación política para que éste último siga en el Palacio Chigi después de las elecciones legislativas adelantadas a febrero. Incluso si no se presenta.

El escenario del compromiso fue la Academia Real de Bélgica, donde los líderes del Partido Popular Europeo (PPE) celebraron su tradicional almuerzo previo a cada cumbre de la Unión Europea (UE). Como jefe del Pueblo de la Libertad (PDL), Berlusconi era uno de los invitados, aunque su nombre no figuraba en la lista de asistentes distribuida a la prensa. A quien no se esperaba es a Mario Monti, que apareció a última hora cuando la mayoría de los comensales —salvo el español Mariano Rajoy, que en ese momento hacía declaraciones a los periodistas— estaban ya sentados a la mesa.

Fue el presidente del PPE, el belga Wilfried Martens, quien le invitó a lo que, más que un almuerzo, fue su acto de ingreso en el club político más poderoso de Europa. Monti no pertenece a ningún partido y, como profesor universitario, presume de estar por encima de intrigas y banderías políticas. Su gobierno técnico ha adoptado medidas impopulares y dolorosas, que no habrían sido posibles sin el beneplácito de la izquierda.

Sin embargo, los líderes del PPE, desde la germana Angela Merkel al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, dejaron patente que Monti es su hombre. Uno tras otro, se explayaron en elogios hacia su gestión y subrayaron la necesidad de que el próximo gobierno italiano mantenga el actual programa de reformas y ajustes, así como el compromiso con la construcción europea. “Si el señor Monti desaparece de la vida política, será una pérdida”, dijo Martens. El mensaje para Berlusconi estaba claro.

Monti se limitó a agradecer los elogios y a explicar la situación de Italia; así como las medidas y sacrificios que le han permitido recuperar la estabilidad y alejarse del precipicio. Aunque no tiene afiliación política, recordó que en su etapa de comisario europeo asistió a alguna reunión del PPE y dijo sentirse “como en familia”. Es todo lo que sus anfitriones querían oír.

A Berlusconi le tocó el ingrato papel de excusarse ante sus correligionarios. Y no sólo porque, tras anunciar su propósito de presentarse a las elecciones, arremetió contra Merkel, a quien culpa, no sin razón, de haber presionado en 2011 para desalojarle del poder. Lo peor es que su decisión de retirar el apoyo parlamentario a Monti ha forzado la caída del Gobierno italiano y la apertura de un nuevo periodo de inestabilidad en el corazón de la zona euro. La posibilidad de que la ortodoxia y el rigor presupuestario que representa el profesor sean sustituidos por el populismo y la sombra de la corrupción que personifica il Cavaliere produce escalofríos en las cancillerías.

Berlusconi empezó afirmando que él no se había pronunciado en contra del Gobierno, sino de una medida concreta, el decreto ley de desarrollo económico, y argumentó que si Monti se había mantenido en el poder durante el último año había sido gracias al apoyo de su partido.

A continuación aseguró que si Monti aceptaba liderar al centro-derecha italiano en las próximas elecciones, él estaba dispuesto a dar un paso atrás y retirar su candidatura a primer ministro. Ya lo había dicho el miércoles, durante la presentación de un libro, pero el jueves lo repitió en un marco mucho más solemne: ante 15 jefes de Estado o Gobierno europeos. Y ya no sonó como uno de sus frecuentes cambios de opinión, una berlusconiada, sino como un compromiso firme.

Monti se dejó querer. Ni en el almuerzo con los líderes europeos ni en la rueda de prensa que ofreció tras reunirse con Barroso quiso revelar si acepta la oferta. Pero al menos no la descartó. “No es el momento”, se limitó a contestar. “Ni el lugar”, añadieron fuentes del PPE.

Aunque la práctica totalidad de los gobiernos europeos cruzan los dedos para que Monti sigua al timón de la política italiana, todos se cuidan de añadir que no pretenden interferir en los asuntos internos de dicho país. “No estamos aquí para imponer nada, la decisión depende del pueblo italiano”, enfatizó Merkel. Así que será en Italia donde se haga el anuncio.

Antes, habrá que despejar algunas incógnitas. Fuentes del PPE dan por sentado que Berlusconi se presentará a las elecciones, para no perder la inmunidad, y creen que Monti en cambio no lo hará. Prefiere seguir aplicado a la gestión de la res pública y no bajar a la arena de una campaña electoral.

Según las fuentes consultadas, la solución pasa porque los partidos del centro-derecha italiano suscriban un pacto preelectoral en el que anticipen que votarán a Monti como candidato a primer ministro si tienen mayoría en el Parlamento salido de las elecciones. Tendría que ser un pacto firme y explícito, admiten las mismas fuentes, a salvo de los vaivenes de la convulsa vida política italiana, cuyo garante podría ser el propio PPE. Italia tendría así no sólo un gobierno riguroso y fiable para los mercados internacionales, sino también legítimo democráticamente, lo que hasta ahora le ha faltado a Monti. Aunque ni siquiera a la sociedad italiana, que ya lo ha visto todo, será fácil explicarle que votar a Berlusconi, el hombre que ha hecho caer a Monti, supone en realidad votar a Monti.

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