Animal Político

Una derrota táctica

El 21 de febrero se produjo una derrota táctica dentro de una lucha estratégica; por derrota táctica se entiende un desgaste político que no llega a cambiar estructuralmente la correlación de fuerzas sociales. La oposición sabe esto y abandona rápidamente su inicial plan de ir hacia un referéndum revocatorio de Evo.

La Razón (Edición Impresa) / Alfredo Rada Vélez

00:01 / 07 de marzo de 2016

Partamos por lo positivo. El 21 de febrero el voto agrario ha mantenido su apoyo a Evo Morales, hablo de las comunidades campesinas de La Paz, Oruro, Cochabamba, Chuquisaca y Potosí, así como los bastiones de San Julián y Yapacaní en Santa Cruz, además de varias provincias en Pando, Beni y Tarija. También ha triunfado contundentemente el Sí en Huanuni, Colquiri y San Cristóbal, donde están los sindicatos mineros más fuertes. El voto de los trabajadores fabriles y constructores, que son los sectores proletarios más numerosos de la COB, se hizo sentir en las barriadas populares de La Paz, en los distritos urbanos más poblados de El Alto, también en Vinto, Quillacollo y en la plebeya zona Sur de la ciudad de Cochabamba, en las villas y en el Plan Tres Mil de la ciudad de Santa Cruz. El sufragio de otros sectores urbanos vecinales fue particularmente importante en El Alto, La Paz, Cochabamba y Oruro. En otras palabras, la base indígena-obrera-popular del proceso de cambio ha continuado respaldando a Evo, siendo esa la mayoritaria composición de clase del apoyo recibido.

Pero se debe reconocer que la opción del No triunfó entre los pobladores urbanos de ingresos medios y altos en todas las ciudades capitales de departamento, logrando también captar mayoritariamente el voto joven, sobre todo por el impacto de los medios de comunicación y las redes sociales.

En esto hay que ser cauteloso pues no creo que sea acertado atribuir la derrota únicamente a las redes sociales. En sentido general esas redes surgen desde las nuevas herramientas tecnológicas de información y comunicación; no es que puedan crear “realidades virtuales”, pero sí pueden expresar, llevándolas hasta el paroxismo, algunas tendencias que están presentes en la sociedad. Su impacto se ha sentido fundamentalmente en las denominadas clases medias, porque había una base subjetiva sobre la que la derecha montó sus campañas que terminaron alentando el racismo y la discriminación. Aquella subjetividad se origina en algunos casos de corrupción no aclarados plenamente, me refiero en particular al caso del Fondo Indígena en el que, si bien hay un proceso investigativo que ha llevado a la cárcel a la exministra Julia Ramos y a un número creciente de dirigentes campesinos, Nemesia Achacollo ni siquiera fue citada por la Fiscalía. ¿Por qué Achacollo no asistió voluntariamente a declarar? Estas cosas dejan un mal precedente sobre el que luego se arman tramoyas como el caso Zapata.

Hay que reconocer que lo del Fondo Indígena erosionó la confianza del pueblo. Que la derecha realizó una campaña electoral mucho más efectiva logrando posicionar la idea de recambio generacional por delante de las ideas de estabilidad y futuro que planteó la campaña por el Sí. Hay que darse cuenta de que no se logró neutralizar el aparato mediático y político opositor, que actuó con sus propias estrategias y con una hoja de ruta precisa y sumamente eficiente. Hay que asumir que el debilitamiento de la estructura política del Movimiento Al Socialismo (MAS) fue otro factor que llevó al resultado negativo.

Pero el referéndum ya pasó y hay que mirar hacia adelante. Es probable que en los espacios de decisión abiertos para la participación en el proceso del bloque social revolucionario (repito: indígena-obrero-popular), el más importante de los cuales es la Conalcam, se proyecten medidas de gobierno que profundicen las transformaciones. Hoy tenemos esta oportunidad, luego de que ha quedado en evidencia que la burguesía agroexportadora y financiera, que se acercó hace algunos años sonriente al Gobierno prometiendo inversiones y apoyo, solo estaba buscando preservar su poder económico para, una vez logrado ello, gestar el proyecto de derecha restauradora del neoliberalismo más peligroso de los últimos diez años: el Movimiento Demócrata Social (MDS).

El partido de Rubén Costas ha triunfado electoralmente en el departamento de Santa Cruz, se ha expandido hacia el centro del país con el alcalde cochabambino José María Leyes y tiene dos importantes acuerdos programáticos en el occidente, el primero con el alcalde Luis Revilla en la ciudad de La Paz, el segundo con la burguesía cooperativista minera en la ciudad de Potosí. A quienes, por dar un ejemplo, se preguntan por qué el apoyo a Evo disminuyó en Santa Cruz en este referéndum, les respondo que desde que se impuso al interior del Gobierno una tendencia conciliadora con los grandes empresarios cruceños, se ha dejado intacto aquel poder económico burgués que hoy, convertido en proyecto político, amenaza con vencer a las fuerzas revolucionarias.

Hoy está profundamente cuestionada esa tendencia que incluso llegó a ser teorizada bajo la forma de incorporar al contrincante derrotado, como supuesto resultado de la universalización de las necesidades colectivas del bloque social dominante. Se dijo que era una combinación de un planteamiento leninista (de fuerza, de victoria con derrota del enemigo) con otro gramsciano (de seducción y convencimiento). Esta orientación terminó justificando no solo la apertura de nuestro proyecto a personajes provenientes de la derecha, sino también los lineamientos no revolucionarios de carácter pactista con la burguesía cruceña. Nunca he estado de acuerdo con este pragmatismo; es más, creo que los resultados del referéndum en Pando y Beni, pero fundamentalmente en Tarija y Santa Cruz, muestran su debacle y exigen que nos olvidemos del “derrotar e incorporar”.  

Si leemos la Tesis Política aprobada en el reciente Congreso de la Central Obrera Boliviana, encontraremos un planteamiento muy consistente sobre el papel revolucionario de los movimientos sociales en el proceso de cambio, además de una estrategia para la defensa y profundización del mismo. No son planteamientos solo de coyuntura; apuntan a tomar iniciativas programáticas en lo económico —considerando que estamos ya en un nuevo escenario en el que nos está golpeando la crisis internacional del capitalismo, en lo político —sabiendo que ahora tenemos que enfrentar a una derecha remozada que tiene su proyecto regresivo, y en lo social —ahora que se deben encarar los temas de la reforma integral de la justicia o de la salud pública.

El 21 de febrero se produjo una derrota táctica dentro de una lucha estratégica; por derrota táctica se entiende un desgaste político que no llega a cambiar estructuralmente la correlación de fuerzas sociales. La oposición sabe esto y abandona rápidamente su inicial plan de ir hacia un referéndum revocatorio de Evo, aunque no faltan algunos recalcitrantes que insisten con la idea. Evo Morales seguirá siendo factor de unidad de los movimientos sociales y continuará ejerciendo su liderazgo plebeyo y la conducción del gobierno por los siguientes cuatro años. En torno a él se debe preservar la unidad, seguir fortaleciendo al bloque histórico de poder y el programa revolucionario; la futura candidatura deberá responder a esos dos factores y recién discutirse en 2018.

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