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Los desafíos de Dilma

La sociedad brasileña quiere cambios, pero no que la lleven al pasado. Esto se demostró cuando Marina Silva, que inicialmente generó entusiasmo, fue abandonada al ver su afinidad con el neoliberalismo. Rousseff tiene el desafío de introducir cambios en un sistema capitalista en crisis, pero desde la izquierda.

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira

00:01 / 02 de noviembre de 2014

La victoria del Partido de los Trabajadores (PT) por cuarta vez consecutiva en Brasil ha reafirmado la permanencia de la tendencia popular en América Latina en gran parte de los países de la región. Brasil, por su enorme importancia económica y su incidencia geopolítica, es central en la definición de políticas continentales y su orientación influye notoriamente en los países vecinos.

Las elecciones del domingo 26 de octubre tuvieron el carácter de referéndum, porque existían dos proyectos políticos claramente diferenciados: el neoliberalismo, representado por Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), (con el apoyo de la ecologista Marina Silva, quien confirmó con su adhesión a Neves su filiación neoliberal); y Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, que representaba la opción popular.

En caso de haber triunfado Neves, era claro que el Mercosur (Mercado Común del Sur), Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) estaban condenados a un deterioro, e incluso desaparición, por las preferencias hacia Estados Unidos y Europa expresadas por el candidato del PSDB. Con Dilma Rousseff, el Mercosur, la integración regional y la complementación con los países de América Latina se mantendrá. Asimismo, las políticas que privilegian la economía y no a las personas a través de la subordinación de la política económica a los lineamientos de los organismos financieros internacionales haya sido una consecuencia de la victoria de Aécio Neves, dejando de lado una exitosa política social que permitió sacar de la pobreza a 40 millones de personas en 12 años y mejorar notoriamente los niveles de desarrollo social.

En el caso de Bolivia, la victoria de Neves habría sido desastrosa en términos económicos, debido a la posición antiboliviana del candidato del PSDB, quien había criticado la política del PT en relación a la nacionalización de los hidrocarburos el año 2006, que afectó a empresas brasileñas, y la mantención de las condiciones favorables para Bolivia en el comercio bilateral. La respuesta de Dilma Rousseff a las críticas de Neves es emblemática: “Neves habla fuerte con Bolivia y suave con los Estados Unidos”. La afirmación  de la Presidenta de Brasil pinta de cuerpo completo el impacto que habría tenido en Bolivia una derrota del PT, afectando no solo las relaciones diplomáticas, sino también las relaciones económicas.

Si bien la victoria consolida al PT por cinco años en el gobierno, no se debe ignorar que en este periodo se deben resolver varios  dilemas que no admiten postergación. Los exitosos programas sociales y el crecimiento de la economía que caracterizaron los dos gobiernos de Lula, entraron en crisis en el gobierno de Rousseff, quien además de intentar continuar con las políticas de su predecesor no pudo profundizarlas o darles un rumbo nuevo. Además de una economía que ha perdido empuje, lo que genera descontento social, existe ahora una derecha mucho mejor organizada, con un discurso contestatario manipulador y con una extraordinaria red de medios de comunicación a su servicio. Además cuenta con el apadrinamiento de las transnacionales, que apuntan a acabar con un régimen que si bien no hizo reformas profundas al sistema de propiedad, logró imponer la presencia del Estado, frenar la influencia de los organismos internacionales y apuntar a un orden económico basado en la integración regional. 

La sociedad brasileña quiere cambios, pero no cambios que la lleven al pasado. Esto quedó demostrado cuando Marina Silva, que generó entusiasmo inicialmente, fue abandonada al comprobarse su afinidad con el  neoliberalismo, hecho que se repitió cuando no toda la votación de Silva fue hacia Neves, en la segunda vuelta electoral. Rousseff tiene el desafío de introducir cambios en un sistema capitalista en crisis, pero desde la izquierda, con la dificultad de que el margen de acción política se ha reducido porque no cuenta con la mayoría parlamentaria, y su tradicional aliado —el PSB— se ha sumado a la oposición.

La gestión de Rousseff será complicada, y de su resultado dependerá que en cinco años se pueda pensar en el retorno de Inacio Lula da Silva al poder, o el retorno del neoliberalismo. Por ahora, la victoria contundente del presidente Evo Morales en Bolivia, la probable victoria en el balotaje de Tabaré Vázquez en Uruguay y la victoria de Dilma Rousseff en Brasil, garantizan que la ola de gobiernos populares mantenga su presencia regional.

Respecto al proceso electoral brasileño, fue penoso escuchar y leer los comentarios de algunos columnistas bolivianos, que sin importar las ofensas permanentes contra el país del candidato Aécio Neves, ni las nefastas consecuencias económicas para Bolivia que acarrearía una victoria del PSDB, no ocultaron su alegría por la posible victoria del candidato conservador, pensando que con ello se debilitaría el gobierno del presidente Morales. Felizmente para el país, y para pena de algunos apátridas, el pueblo brasileño fue consciente, y pese a la conspiración mediática interna y externa, renovó su confianza en la opción popular.

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