Animal Político

El despunte de una nueva derecha en Bolivia

La campaña está permitiendo observar la aparición de una nueva plataforma política conservadora en nuestro país, conformada por una mezcla entre corrientes de renovación generacional con la derecha forjada en el movimiento autonómico regionalista.

La Razón (Edición Impresa) / Alfredo Rada Vélez

00:02 / 15 de febrero de 2016

Esta campaña previa al referéndum está permitiendo observar la aparición de una nueva plataforma política conservadora en nuestro país, conformada por una mezcla entre corrientes de renovación generacional con la derecha forjada en el movimiento autonómico regionalista.

No me refiero a esa expresión fosilizada de la ultraizquierda que es el Partido Obrero Revolucionario (POR), al que se le ha dado por ingresar al terreno de la democracia burguesa… de la mano de la burguesía. El insólito llamamiento porista a votar por el No —coincidente con la arenga que desde Miami lanzan Carlos Sánchez Berzaín y Manfred Reyes Villa— fue repudiado y derrotado políticamente en el último Congreso de la Central Obrera Boliviana (COB) realizado hace tres semanas en la ciudad de Tupiza.

Tampoco hablo de los masistas disidentes que se alejaron del proceso de cambio con un discurso de izquierda y terminaron pactando con el fascista José María Leyes, con quien cohabitan en la Alcaldía de Cochabamba la señora Rebeca Delgado y el inefable Álex Contreras, convertido en defensor a sueldo de las discriminadoras disposiciones ediles que prohíben realizar en la plaza 14 de Septiembre actividades reñidas con la moral de las personas “de familia”.

La nueva derecha boliviana tiene como principal referente ideológico al movimiento autonómico cruceño, que se opuso abiertamente al proceso de cambio y a la Asamblea Constituyente, presionando desde  2004 para contener las inevitables transformaciones políticas y sociales que se venían en el país luego de la caída del gonismo en octubre de 2003. Este movimiento autonómico de carácter regionalista, cuyos principales líderes son Rubén Costas y el propio Leyes, cuenta con el respaldo de las fracciones económicamente más poderosas de la burguesía asentada en Santa Cruz, y ha logrado, en el contexto de la nueva Constitución Política del Estado aprobada por voto el 2009, fundar un partido político: el Movimiento Demócrata Social (MDS).

El MDS tiene un discurso anclado en el liberalismo en lo económico y, en lo político, en la descentralización del poder estatal hacia las regiones bajo el formato de autonomías. Esto le permite interpelar a otras corrientes políticas, tales como Sol.Bo de Luis Revilla, con quien desde el año 2014 ha logrado entendimientos programáticos. Recordemos que fue Revilla el mayor promotor y el que más presionó al interior del extinto Movimiento Sin Miedo (MSM) para el  acercamiento entre Del Granado y Costas. Desaparecido el MSM —con su ropaje izquierdista que incomodaba a un Revilla adocenado y elitista— se conforma la nueva agrupación ciudadana a imagen y semejanza del burgomaestre paceño, con un discurso tecnocrático y desideologizado funcional a la nueva derecha, a la que le aporta renovación generacional. Pero no es solo la confluencia en el discurso, sino también en las medidas de ajuste típicamente neoliberales que se aplican en el municipio. Recordemos que la gestión de Sol.Bo ha aprobado un impuestazo sobre bienes inmuebles urbanos, modificando la base imponible, que ya no será el valor catastral, sino el valor comercial del bien, que como sabemos es bastante más alto. Y ni hablemos del tarifazo y la legalización del trameaje en el transporte urbano.

Cuando Mauricio Macri ganó las presidenciales en Argentina no fueron pocos los que tildaron de exagerada la afirmación de que se trataba del retorno al poder del neoliberalismo y que ese fenómeno podía darse también en Bolivia. En dos meses de macrismo, el pueblo argentino ya siente las consecuencias: devaluación de la moneda, inflación de los productos de la canasta familiar, despidos al por mayor, disminución de impuestos a la burguesía agroexportadora, subida de las tasas de interés bancarias, eliminación de los subsidios al consumo de energía eléctrica y gas domiciliario. ¿Habrá ahora alguien que diga que esto no es neoliberalismo puro y duro?

Pero el efecto político en Bolivia, en plena campaña hacia el referéndum constitucional del 21 de febrero, fue positivo para la izquierda, que ante el peligro inminente de regresión se está cohesionando. Sirva de ejemplo el mencionado congreso cobista, donde la clase obrera nuevamente dio muestras de madurez histórica al rechazar a las corrientes pequeño burguesas que con verborrea radical están tendiendo la alfombra para el retorno de los neoliberales, de esos mismos que batieron palmas saludando la victoria de Macri: Costas, Quiroga, Doria Medina, Revilla.

Es que una cosa es tener críticas al Gobierno dentro del proceso de cambio y otra muy distinta es prestarse al juego de las fuerzas regresivas, que con el triunfo del No pretenden llevar al país a una situación de desestabilización política y crisis económica.

Y aquí unas palabras sobre el colectivo “No es N.O.”. Repasando nombres, se trata del mismo núcleo que hace tres años confluyó con Samuel Doria Medina en el denominado “Frente Amplio”. La señora Loyola Guzmán, que entonces protagonizó un desaguisado junto a connotados derechistas como el propio Doria Medina o Germán Antelo, y que luego volvió sobre sus pasos renunciando a la alianza, hoy quiere una “nueva oportunidad” utilizando el referéndum como trampolín para una futura candidatura del expresidente Carlos Mesa. Sobre Mesa ya se ha dicho que es tan buen vocero de la demanda marítima como malo en el arte de tomar decisiones y gobernar.

Hay otro actor político que tendrá no un papel estelar, sino de reparto: Félix Patzi. Este intelectual aymara sabe que sus posibilidades para 2019 dependen de que Evo ya no esté en la papeleta; por ello es que se ha lanzado a una desenfrenada campaña en todo el país bajo la directriz de Sánchez Berzaín: llamar dictadura al gobierno de Evo Morales. Patzi le llama “tiranía”.

Ya afirmé en varias oportunidades que Patzi, para convertirse en portavoz de la burguesía aymara, inevitablemente tomaría posiciones contrarias al proceso de cambio. Lo está haciendo ahora sumándose a la campaña por el No y lo seguirá haciendo en el futuro —ante un posible triunfo del Sí— persistiendo en su candidatura presidencial únicamente a los fines de restarle votación a Evo.

Esta derecha remozada busca consolidarse el 21 de febrero. Pero su campaña, que pretendía ser “ciudadana” y no partidaria, no logró sus objetivos. Rápidamente comenzaron a aparecer los mismos rostros que cansaron a la gente de tanto presentarse a elecciones y perderlas. Sus estrategas de campaña, extranjeros ellos, no pudieron fijar una idea-fuerza que contrarreste al Factor Estabilidad que tanto pesa en la gente. Algo tan sencillo como el sentido común popular: “no estoy de acuerdo con muchas cosas que hace este gobierno, pero me garantiza estabilidad”. No está demás decir que los revolucionarios defendemos la estabilidad, pero no para que se vuelva “statu quo”, sino como base para la profundización del proceso de cambio. Para colmo, la nueva derecha, y la antigua junto a ella, cayeron en la guerra sucia… ¿será también su epitafio electoral?

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