Animal Político

Del diálogo sin exclusión a la trinchera jurídica

Bolivia y Chile pactaron en 2006 un acuerdo inicial para acercar posiciones. Se daba por entendido que se hablaría de una salida al mar con soberanía, aun a pesar de la ausencia de intereses concretos como el tema energético.

La Razón / Mauricio Quiroz

00:02 / 31 de marzo de 2013

A Ricardo Lagos, quien gobernó Chile entre 2000 y 2006, nunca se le olvidó la imagen de Evo Morales en su pequeño departamento de la avenida Busch, en La Paz. Segundo piso, pocos muebles, una mesa, cuatro sillas y un diálogo franco sobre la agitada historia compartida. Intuitivo, como ninguno, Morales, luego de la charla, llevó a su anfitrión hasta la ventana sin balcón que daba a la calle para mostrar a los periodistas que algo tendría que cambiar a partir de entonces. 

El boliviano y el chileno se comprometieron a hallar una solución a “todos los temas, sin exclusión”. Diplomáticos de ambas naciones coinciden en que este escenario fue abonado laboriosamente por el expresidente Eduardo Rodríguez. Pasó el encuentro y Morales juró, pocas horas después ante el Congreso Nacional, a su primer mandato, el 22 de enero de 2006.

Al dejar el poder, en marzo de ese mismo año, Lagos dijo que se sentía frustrado por no haber podido cerrar con Bolivia el pacto del enclave sobre el que se había trabajado desde 2000; bromeaba —medio en serio— cuando expresó que pasaría a la historia como el único mandatario chileno que pudo hablar con seis presidentes bolivianos: Hugo Banzer (1999-2001), Jorge Quiroga (2001-2002), Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003), Carlos Mesa (2003-2005), Eduardo Rodríguez (2005-2006) y Evo Morales, quien preside la administración del Estado boliviano desde 2006. 

Lagos y Banzer comenzaron a manejar la propuesta del enclave   gasífero en una reunión de junio      de 2000, celebrada en Buenos Aires, según el relato de Edmundo Pérez Yoma —el cónsul que puso el mismo Lagos en La Paz para facilitar el pacto del gas— en el texto testimonial Una misión (Debate: 2004). Banzer,  el dictador elegido, murió en 2001 habiendo conocido la propuesta del enclave —sin soberanía— por 99 años en favor de Bolivia en el puerto de Mejillones. La idea era exportar gas natural a Estados Unidos y a otros puertos de ultramar a merced de contratos a celebrarse entre privados, por una parte, Pacific LNG, de las petroleras que entonces controlaban el negocio del gas en Bolivia, y por otra, Sempra Energy, que quería comprar el energético para distribuirlo en California. Quiroga quedó con la propuesta que poco a poco se hizo pública al tiempo que los cuestionamientos surgían en el país, especialmente, contra las empresas  petroleras extranjeras que obtenían abundantes ganancias gracias a la explotación del energético.

Quiroga, quien no alcanzó a tomar decisiones, pasó el bastón de mando a Sánchez de Lozada y la papa quemante del gas. Éste, ávido desde siempre por los negocios con recursos naturales, quiso cerrar un trato con Chile,   según el testimonio del propio Pérez Yoma, en un momento en el que Perú ya le había ofrecido Ilo para sacar el gas a los mercados de ultramar. Entre 2001 y 2002, Hernán Couturier, el embajador peruano de entonces, visitaba con frecuencia la Cancillería y solía conversar con los periodistas sobre estos temas. 

El proyecto LNG fue rechazado en la “guerra del gas” que estalló en El Alto. Éste fue uno de los detonantes de la crisis política de 2003 —la demanda marítima también— que se zanjó con la salida de Sánchez de Lozada del poder. Su vicepresidente, el periodista Carlos Mesa, juró a la primera magistratura el 17 de octubre de ese año, con la Cumbre Iberoamericana de Santa Cruz en puertas, una oportunidad para llevar el diferendo sobre el mar al escenario multilateral. En esos meses, las declaraciones solidarias en favor de una salida al mar para Bolivia fueron muchas. El fallecido mandatario de Venezuela Hugo Chávez quiso “bañarse en playas bolivianas”, mientras que el entonces secretario general de la ONU Kofi Annan y el expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter ofrecieron “sus buenos oficios”. Perú donó recursos, aunque dejó claro, como ahora, que el asunto era de La Paz y Santiago.

Estas mismas declaraciones se escuchan estos días en la nueva campaña de radio y televisión del Gobierno. ¿No existen apoyos más recientes? Además, el contexto de 2003 no se parece en nada al actual. Hace diez años, la inestabilidad política era una constante; hoy, el poder de Morales goza de buena salud, aunque se haya hecho muy poco para fortalecer la independencia de los poderes y nada para reanimar al malherido sistema de partidos.

La propuesta de Lagos ya había naufragado para cuando se produjo la reunión en aquel departamento de la avenida Busch. El Gobierno de Chile, asesorado por su Ejército, tomó la decisión de buscar proveedores de energía segura, “de donde sea y pagar lo que sea”. La inestabilidad de los inviernos de Argentina también influyó en esta decisión, pero ésa ya es una molécula de otra canción. Por su parte, Morales estaba listo para cumplir con la promesa electoral de nacionalizar los hidrocarburos sobre la base de tres de las cinco preguntas del referéndum de 2004 que promovió Mesa.

Así, con la venia de Morales y Michelle Bachelet, la agenda de 13 puntos, firmada por los vicecancilleres Alberto van Klaveren (Chile) y Mauricio Dorfler (Bolivia) en julio de 2006, si bien era “sin exclusiones”, no tenía un punto específico para el “gas”. La virtud de ese temario era el “mar”, un avance sin precedentes en la historia reciente. “El abordaje de la soberanía tenía que ver primero con el desarrollo de las confianzas mutuas y luego con los climas de opinión internos”, comentó entonces un diplomático chileno en Santiago. Entre 2006 y 2012 se produjeron al menos seis visitas de periodistas bolivianos a Chile. En 2008, una delegación de comunicadores chilenos y “formadores de opinión” vino a La Paz y Santa Cruz. Ese mismo año un grupo de representantes de las organizaciones sociales de Bolivia llegó a Santiago con una agenda que incluyó reuniones con los altos mandos militares. “Se trata de abonar una agenda holística, sin jerarquías para llegar a trabajar sin pendientes sobre el tema marítimo”, dijo un diplomático boliviano que hoy está en Europa.

En la búsqueda de soluciones “a todos los problemas, sin exclusión”, estaba la salida soberana al Pacífico. Ese escenario ya no existe. El juicio internacional contra Chile es el resultado de la desconfianza. Morales se cansó, según expresó, “de los almuerzos y desayunos secretos sin propuestas”. Será el primer mandatario boliviano que habló con tres presidentes chilenos, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet (2006-2010) y Sebastián Piñera (2010-2014) en el lapso de seis largos años.

Entretanto, Chile ha retornado, al influjo de los halcones de su Cancillería, a la trinchera semántica de negar los temas pendientes con Bolivia y a embanderar sus respuestas con el Tratado de 1904, que al parecer no será el eje de la demanda en La Haya.

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