Animal Político

Una educación libre de ideologías

La llamada ‘ideología de género’ busca la guerra constante contra la naturaleza humana.

La Razón (Edición Impresa) / Elisa Lanza Sevilla es pintora y docente en artes

00:59 / 11 de julio de 2018

Desde hace varios años he observado con asombro y preocupación cómo varios de los contenidos que se hallan en los textos escolares de mis hijos promueven algunas posturas ideológicas y anticientíficas relacionadas a la sexualidad, ¡sorprendentemente con el visto bueno de las autoridades educativas! También pude advertir que dichas ideologías están presentes en todas las esferas de la vida pública, como en los medios de comunicación, la publicidad y las redes sociales, las instituciones, etcétera.

En ese contexto, me pregunté insistentemente: ¿cuál podría ser el interés de exponer a los niños a contenidos tan altamente ideologizados desde la más tierna infancia? Habría sido un craso error pensar que esto es algo inocuo o no planificado. Así que investigué sobre el tema y pude hallar que, definitivamente, existe una agenda ideológica a nivel global con la que se pretende entrar a las escuelas para trabajar en las mentes inocentes de los niños para irrumpir en sus procesos de identificación sexual, siendo que no existe ningún estudio que demuestre evidencia alguna de que esta intervención sea algo positivo para el desarrollo infantil.

Como si esto no fuera suficiente, me enteré de que recientemente se promulgó una ley municipal de carácter liberticida, es decir, que atenta contra la libertad, porque no solo afectará el desarrollo de los niños, sino que pretende atropellar la libertad que tenemos los padres para elegir el tipo de educación que queremos para nuestros hijos. La denominada “Ley municipal de promoción y respeto a los derechos humanos de las personas con diversa orientación sexual e identidad de género” es, además, una norma que pretende conculcar la libertad de expresión y pensamiento de la mayoría de los ciudadanos, favoreciendo a un grupo minoritario que busca convertirse en una élite privilegiada, con derechos especiales para censurar y perseguir a los individuos, grupos y sectores que no adopten su visión única y dictatorial de la sexualidad.

En este punto, es necesario aclarar que creo con profunda convicción que las personas pertenecientes a la población LGTBI tienen la misma dignidad que cualquier otro ciudadano y los mismos derechos fundamentales y, por tanto, merecen el mismo respeto. Pero, lo que no comprendo es lo siguiente: ¿por qué ellos exigen leyes especiales, derechos especiales, tratamientos especiales por su condición? Esto va más allá del discurso de igualdad, respeto y no discriminación que vienen manejando, y que, por lo visto, simplemente es utilizado como herramienta para conseguir otros propósitos ocultos. Investigando el trasfondo económico de esta ley, es posible evidenciar que gran parte de estos grupos, especialmente quienes los dirigen, pertenecen a organizaciones no gubernamentales que los financian muy bien y que pretenden hacer un cambio cultural radical, no solo en nuestro país, sino a nivel mundial, intentando, por todos los medios, hacernos creer que vivimos en un régimen patriarcal, de heteronormatividad (término acuñado por ellos y que significa que ser hombre o mujer es algo arbitrariamente asignado e injusto), razonamiento que les conduce a pensar que ser heterosexual es un delito y una imposición por parte de las familias, de la ciencia, de la religión y de cuantos individuos que no aceptamos sus doctrinas totalitarias.

Es importante tomar conciencia de que lo que buscan estos grupos LGTBI es imponer un peligroso adoctrinamiento, que responde a una ideología muy bien planificada, denominada “ideología de género”, cuyo objetivo de base es hacer la “guerra constante contra la naturaleza humana” y que sigue un riguroso programa para penetrar dentro del sistema educativo bajo las premisas de educación inclusiva, igualdad y diversidad.

Es necesario dejar en claro que el municipio y el Estado cumplen un rol subsidiario en la educación de los niños y jóvenes, y no tienen el derecho de atribuirse la autoridad de la instrucción moral que tenemos los padres para educar y formar a nuestros hijos de acuerdo con nuestras propias convicciones. En ese sentido, el papel del sistema educativo y de los docentes no debe ser el de reestructurar la moralidad sexual y la identidad sexual de los niños en el aula con una ideología anticientífica.

Por mi parte, seguiré haciendo eco de la voz de miles de ciudadanos de este municipio que NO ACEPTAMOS el cambio dictatorial al que se nos quiere someter con la ideología de género.

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