Animal Político

El efecto collage

Lo que le importa al Estado es que sus acciones, por más conservadoras que sean, repetitivas y recurrentes, como lo que siempre ha hecho el Estado, aparezcan con tonalidad emancipadora, aunque la emancipación oficial no sea más que barniz.

La Razón (Edición Impresa) / Raúl Prada Alcoreza

00:02 / 01 de febrero de 2015

Se define el collage como técnica artística, técnica que recurre al ensamblaje de ingredientes heterogéneos cuya composición expresa un cuadro montado. Nosotros vamos a usar el término collage de manera metafórica, para ilustrar sobre la mezcla y yuxtaposición de discursos, de conceptos, de teorías. Aunque no solo, pues, como en el caso del collage artístico, se mezclan y combinan distintos objetos, medios, referentes, de distintos planos de expresión. Por ejemplo, en el ejercicio de la política se pueden usar conceptos de teorías opuestas a las prácticas políticas usuales, precisamente, como apoyo a estas prácticas y a este ejercicio. Aunque sea forzado, contradictorio, en el campo teórico, en el espesor de las prácticas, acciones, comportamientos y conductas políticas, esto es lo que se hace. No importa la coherencia teórica, lo que importa es el efecto político, el efecto “ideológico”, la eficacia retórica del convencimiento.

En el ejercicio de la política, importa armar un collage político; es decir, un bricolaje de discursos, predisposiciones simbólicas, gestos dramáticos que acompañan a dispositivos políticos; lo que comúnmente se llama políticas públicas, también acompañando a dispositivos legales, así como a despliegues materiales institucionales.

CONCEPTOS. Al discurso populista no le preocupa que conceptos como el de común, comunidad, comunitario entren en contradicción con el Estado, con políticas de Estado, con políticas públicas, con instituciones y normas del Estado-nación. Lo que interesa es que las normas del Estado-nación, las instituciones, las políticas públicas, las políticas de Estado se legitimen con el uso de conceptos cuya pertenencia se mueve en las teorías críticas libertarias, emancipativas y en cosmovisiones indígenas. Lo que importa es que las acciones de Estado, por más conservadoras que sean, repetitivas y recurrentes, como lo que siempre ha hecho el Estado, aparezcan con tonalidad emancipadora, aunque la emancipación oficial no sea más que barniz.

El contraste se hace más evidente cuando se usa terminología de la formación discursiva de las luchas de los pueblos indígenas, como es el caso del concepto de plurinacional. La condición plurinacional entra en contradicción con la estructura del Estado-nación. Si es posible realizar una transición, como la del Estado Plurinacional, no podría darse en los marcos y la estructura institucional del Estado-nación.

Sin embargo, el discurso del Gobierno progresista es este collage discursivo. Se nombra al Estado-nación vigente como Estado Plurinacional, sin que aquél haya transformado sus estructuras y sus instituciones. Esto les tiene sin cuidado a los voceros del Gobierno progresista, acompañados en este collage político por los apologistas, puesto que no les interesa la coherencia teórica, tampoco la coherencia política, en el sentido de modelos políticos o, si se quiere, de modelos de gubernamentalidad. Lo que interesa es que la preservación del Estado-nación sea ungida por la pretensión de legitimación, sea ungida con el bautizo institucional del apodo de Estado Plurinacional.

En el discurso gubernamental aparece la caracterización del socialismo comunitario como objetivo político y programático del Gobierno. En la Asamblea Constituyente se discutió esta definición; se observó que no podían conjuncionarse como un continuum el socialismo con el comunitarismo, sobre todo tratándose, en Bolivia, de las comunidades ancestrales; el ayllu en la región andina, las tentas, las capitanías y otras formas de organización comunitaria, en las regiones de la Amazonía y el Chaco. Si no puede comprenderse un continuum entre el concepto de socialismo y el concepto de comunitario, se pueden conectar como dos concepciones civilizatorias en una combinatoria pluralista. En la Constituyente se quedó en que lo adecuado es hablar de socialismo y comunitarismo. En este sentido, en la Organización Económica del Estado, de la Constitución, se definió la finalidad de la economía social y comunitaria, partiendo desde la condición de economía pluralista.

SOCIALISMO. No es, pues,  sostenible hablar de socialismo comunitario, ni desde la perspectiva de la Constitución, ni desde una perspectiva teórica. El Gobierno optó por el uso de socialismo comunitario tratando de otorgarle una característica propia al llamado socialismo del siglo XXI. Ciertamente, el Gobierno no retoma estas discusiones ni estas interpretaciones de la Constitución. Habla de socialismo comunitario como una distinción del proyecto socialista en Bolivia. La enunciación del socialismo comunitario sirve para decir, por ejemplo, que el socialismo, que se construye, se basa en la herencia de las comunidades, herencia articulada a la revolución industrial y a la armonía con la Madre Tierra. Tres conceptos que corresponden a tres paradigmas, usando esta idea de corpus teórico. El socialismo corresponde a una concepción marxista, el comunitarismo corresponde a las concepciones libertarias, y la Madre Tierra, corresponde tanto a las cosmovisiones indígenas como a las concepciones ecológicas. ¿Cómo se articulan estos tres conceptos cuya reunión ya es explosiva?

Esta explicación no la vamos a encontrar en la retórica gubernamental, ya que no le interesa la explicación, ni es su preocupación. Lo que le interesa al Gobierno es emitir un mensaje donde aparezcan reunidos los tres conceptos, aunque no lo puedan estar sus paradigmas. No se trata de una discusión teórica, no se trata de la coherencia teórica. Alguna “izquierda” vanguardista cree que sí. No está en juego la racionalidad del discurso; lo que está en juego son las fuerzas, la concurrencia de las fuerzas, la correlación de fuerzas. Lo que importa es armar un artefacto que reúna fuerzas y discursos, estructuras institucionales y alegorías simbólicas, esquemas de comportamiento e imaginarios. Lo que importa es la utilidad práctica del collage político.

En los espacios de la política, en sentido restringido, en el ejercicio de la política, vana es la discusión teórica. Vana es la pretensión de corregir el error teórico, para corregir el error político. Ese celo teórico ha quedado atrás. Después de la toma del poder, en el ejercicio del poder, lo que importaba es justificar los actos, por más contradictorios y opuestos a la teoría se den. Lo que importa es usar las teorías o los discursos teóricos, por lo menos sus fragmentos, para armar el collage político.

Estos usos políticos de los conceptos son más problemáticos cuando se habla de Vivir Bien. Hay toda una historia de la discusión sobre la interpretación y la traducción del sumaj smaña/sumak kausay. No vamos a volver a este debate; nos remitimos a los escritos sobre el tema. Lo que importa anotar es que es problemático querer hacer concuasar el Vivir Bien, vida plena en armonía con la Madre Tierra, con el desarrollo y el progreso, que son las estrategias declaradas del Gobierno. No obstante, aquí no interesa la coherencia teórica, tampoco ética; lo que importa es la utilidad del Vivir Bien, como alusión, en la legitimación del desarrollismo gubernamental.

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