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Lo que encubre el ‘ajuste de cuentas’

El significado de la expresión remite a la venganza; pero podemos imaginar que esa locución fue promovida por los agresores y no por los agredidos. El que “ajusta” las cuentas cree que su acción violenta queda justificada por la deuda de su víctima y que la agresión solo deja las cosas en su sitio, con el balance en orden.

La Razón (Edición Impresa) / Alex Grijelmo

00:02 / 08 de febrero de 2015

Tres hombres resultan heridos en Valencia (España) por un “ajuste de cuentas”; un menor muere en un “ajuste de cuentas”; y un “ajuste de cuentas” entre ultras provoca el homicidio de un hincha del Deportivo. Cuando escuchamos esa expresión, todos nos quedamos más tranquilos. Quizá la policía lo sabe, y por ello la usa a menudo en sus comunicados: el “ajuste de cuentas” parece un asunto bilateral y privado, y aleja del suceso a los demás ciudadanos.

El asesinato de una persona que circulaba normalmente por la calle hace que podamos ponernos en su lugar, porque nosotros circulamos normalmente por la calle. El robo a mano armada en una tienda de regalos nos hace vernos dentro de ella para comprar, o al otro lado del mostrador como posibles dueños, o como amigos o parientes de alguien que trabaja en una tienda de regalos; lo mismo que el atraco en un banco, donde nos imaginamos cajeros o clientes. En esos casos no nos creeríamos tan ajenos al suceso.

Pero si alguien atribuye el acto de violencia a un “ajuste de cuentas” nos sabemos a salvo: se trata de cuentas pendientes entre el asesino y el asesinado, en las que no tenemos nada que ver. Cosas de otros.

No obstante, podemos plantearnos algunas reflexiones sobre esa expresión que tiende a poner en igualdad de condiciones al agresor y a su víctima, quienes supuestamente saldan con la sangre un desequilibrio en su balanza de agravios. Parece inevitable que la mención de “ajuste” evoque el acto de “ajustar”: “Hacer y poner algo de modo que case y venga justo con otra cosa”. Pero esos “ajustes” de cuentas suelen implicar un “desajuste” en la proporcionalidad: un insulto se arregla con una cuchillada, el impago de una mercancía (legal o ilegal) se cobra con un disparo, el grito en favor de un equipo se hace abonar con el lanzamiento de un hincha al agua helada.

El significado de la expresión se ha tasado bien en el Diccionario (de la Real Academia Española, DRAE). La entrada “ajuste” incluye la locución “ajuste de cuentas”, que remite a su vez a “arreglo” y su correspondiente “arreglo de cuentas”, definido así: “Acto de tomarse la justicia por su mano o vengarse”.

Sin embargo, sabemos que las palabras no solo significan sino que también evocan. Y evocan porque se contaminan, porque los distintos usos en que las hemos conocido influyen en cómo las procesamos.

La fuerza de “ajuste” en la expresión “ajuste de cuentas” sugiere un equilibrio de las acciones. Si un contable nos dice que está ajustando las cuentas, entenderemos que trabaja en que cuadren el activo y el pasivo de su empresa, o en que el resultado del año responda a las salidas y entradas de dinero. “Ajuste de cuentas” da título incluso un exitoso programa de la cadena (televisiva) Cuatro referido a la economía familiar.

El significado exacto de la expresión remite a la venganza, en efecto, como sucede con la novela Ajuste de cuentas, de Benjamín Prado; pero podemos imaginar que esa locución fue promovida por los agresores y no por los agredidos. El que “ajusta” las cuentas pendientes cree que su acción violenta queda justificada por la deuda de su víctima y que la agresión no hace sino dejar las cosas en su sitio, con el balance en orden. Por el contrario, el que sufre la puñalada no considerará que ése sea el justo pago por su débito ni que con ella se ajuste la cuenta pendiente mediante un equilibrio entre los ingresos y los costes.

Aun con esas trampas, la expresión “ajuste de cuentas” leída tras un suceso nos deja tranquilos, sí. Nosotros no somos ultras, ni debemos dinero a un mafioso, ni hemos dejado deudas de droga. Pero si esa locución encubre la venganza, el odio, el desquite, la ira, la salvajada, tal vez sea bueno que nos sintamos implicados al oírla, empezando por el inmediato reconocimiento del peligro que significan las palabras que desaloja.

Los ultras, los delincuentes... también forman parte del género humano, y sus acciones nos conciernen por ello. Algo habrá fallado en el lenguaje colectivo si unos violentos tienen en su mente la expresión “ajuste de cuentas” en vez de “asesinato”.

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