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Aquellas enfermedades incurables de un ministro

Para no quedarse atrás, y después de haber metido un pie en el hueco del error, Calvimontes tuvo que meter las de caminar hasta el fondo. Entonces dijo que buscaba proteger a la población y por eso denunció a una persona con VIH. Claro, entonces saltó la pregunta, “¿proteger de qué o qué?”

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega

00:02 / 04 de enero de 2015

El ministro de Salud, Juan Carlos Calvimontes, es uno de esos personajes fantásticos que en el último tiempo es capaz de demostrarnos que siempre se pueden hacer peor las cosas. Es, poseedor del arte de ir en descenso con un impecable ritmo sostenido. O, casi mitológicamente hablando, es lo contrario de aquel célebre rey Midas que todo lo que tocaba se volvía oro.

Primero tuvo la lucidez de revelar la identidad de un magistrado que está con VIH (incluso los medios de comunicación teníamos la información y nos manejábamos con cautela porque íbamos a pecar por culpa de una primicia, en este caso, sin sentido) en una conferencia pública. Hasta ahora, nos rasgamos las vestiduras en las salas de redacción porque no sabemos si seguir mencionando a la persona enferma o no. Todo con el único afán de hacer bien las cosas.

Pero otros no, el ministro, por ejemplo. Para no quedarse atrás, y después de haber metido un pie en el hueco del error, Calvimontes tuvo que meter las de caminar hasta el fondo. Entonces dijo que buscaba proteger a la población y por eso denunció a una persona con VIH. Claro, entonces saltó la pregunta, “¿proteger de qué o qué?”

Sin embargo, usando el traje de Chapulín Colorado, ahí estaba la máxima autoridad en salud para defendernos. Lo peor es que había quienes lo justificaron (incluido el mismísimo presidente Morales) y no tomaron el asunto con la responsabilidad que se merecía.

Lejos de portarse a la altura de las circunstancias, Calvimontes hizo caso omiso a las explicaciones y denuncias de activistas y demás personas ligadas al tema que pedían su renuncia. Él sigue aferrado en el cargo, se disculpó del magistrado y ahora todo sigue como si nada hubiera pasado. El afectado dijo públicamente que se le dio muerte civil, pero a la autoridad eso le importó un cacahuate (maní).

Dicen las malas lenguas que Calvimontes quería congraciarse con las autoridades oficiales que están empeñadas en destruir al magistrado. Y, por eso abrió la boca una y otra vez. El aval de la Presidencia o la falta de medidas radicales contra la autoridad da a pensar que esto fue así. Porque se está hablando de una persona que ha vulnerado la ley y no se dice nada desde arriba. Así están las cosas, pues.

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