Animal Político

Los engranajes rebeldes de mayo del 68

El Mayo Francés fue una revuelta contra el orden establecido por la post Segunda Guerra Mundial.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Pinto Parabá es periodista

15:00 / 24 de mayo de 2018

El Mayo Francés de 1968 no fue un simple movimiento “estudiantil”, “espontáneo”, “aislado”, “utópico” y dirigido por “hijitos de papá”, como quieren hacer creer a las nuevas generaciones las élites conservadoras del mundo. Al contrario, fue más bien parte de un tsunami social, cultural y político, donde jóvenes de diversos países y sectores sociales se rebelaron contra el orden establecido después de la Segunda Guerra Mundial.

París se constituyó en el epicentro de esa rebelión estudiantil y obrera que se irradió por varias regiones de Francia.

La noche de las barricadas del 10 de mayo fue la chispa que desencadenó la revuelta popular. El balance de esa jornada impactó al planeta: cerca de 500 detenidos, más de 1.000 heridos, alrededor de 200 automóviles incendiados y el populoso “Barrio Latino” arrasado.

Así, al celebrar sus 50 años, el debate sobre su connotación global y antisistémica volvió a cobrar fuerza.

IDEOLÓGICA. La eclosión de 1968 quedó grabada en la memoria colectiva de la humanidad.

El sociólogo Juan María Sánchez-Prieto narró la resonancia inmediata que generó en el campo intelectual:

“Imposible o no de explicar, es un tema poco elaborado desde el punto de vista de la historiografía, aunque reclamó enseguida una vasta producción de distinto tipo. Al terminar 1968 se habían publicado más de 50 libros referidos a los hechos de mayo. Son libros apresurados, a menudo obra de los actores, que resultan, no obstante, necesarios para tratar de recomponer la atmósfera del momento, lo que no siempre traducen los análisis de los sociólogos, que pretendieron proporcionar enseguida una lectura académica de los hechos. Estudios más recientes comienzan a proporcionar claves nuevas para entender y explicar el movimiento” (Sánchez-Prieto, Juan: La historia imposible del Mayo francés, en la Revista de Estudios Políticos Nº 112: abril-junio de 2001, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales).

La revuelta desencadenó una explosión ideológica que iluminó el camino de miles de jóvenes que lucharon por la construcción de un mundo nuevo.

INTERNACIONALISTA. El Mayo Francés fue también un grito de libertad que se extendió a escala planetaria. Se desarrolló en una coyuntura en que las luchas anticapitalistas se internacionalizaron.

En esa perspectiva, el historiador Eric Hobsbawm realizó una explicación de la rebelión de Mayo:

“Fue global, no solo porque la ideología de la tradición revolucionaria, de 1789 a 1917, era universal e internacionalista, (…) sino porque, por primera vez, el mundo, o al menos el mundo en el que vivían los ideólogos estudiantiles, era realmente global. Los mismos libros aparecían, casi simultáneamente, en las librerías estudiantiles de Buenos Aires, Roma y Hamburgo (en 1968 no faltaron los de Herbert Marcuse). Los mismos turistas de la revolución atravesaban océanos y continentes, de París a La Habana, a Sao Paulo y a Bolivia. (…) Los estudiantes de los últimos años 60 no tenían dificultad en reconocer que lo que sucedía en la Sorbona, en Berkeley o en Praga era parte del mismo acontecimiento en la misma aldea global en la que, según el gurú canadiense Marshall McLuhan (otro nombre de moda en los 60), todos vivíamos” (Hobsbawn, Eric (1999): El tercer mundo y la revolución, en Historia del siglo XX, Buenos Aires, Crítica).

Ese fue el modo en que el levantamiento francés se intrincó con otros sucesos revolucionarios. Ernesto Che Guevara, para entonces, ya era el símbolo internacional del hombre nuevo.

EXPLOSIVA. El Mayo Francés no surgió de la nada, como rayo en cielo despejado. Se desarrolló en una coyuntura en que el auge económico de la posguerra se agotó.

En 1965, según el economista Napoleón Pacheco, comenzó el “proceso de deterioro” de la época de oro que el sistema capitalista disfrutó desde fines de los años 40 (La deuda externa boliviana entre 1950 y 1970: la resolución de las obligaciones antiguas, en La deuda externa de Bolivia, La Paz, Cedla, 2001).

La pugna económica entre Estados Unidos, Europa y Japón deterioró el sistema y desató una nueva crisis general.

Los acontecimientos de Mayo del 68, en ese contexto, fueron acompañados por la Primavera de Praga en Checoslovaquia (1968), la Conmoción de Tlatelolco en México (1968), el Otoño Caliente en Italia (1969), el Cordobazo en Argentina (1969) y los movimientos “antirracistas” y “pacifistas” en los Estados Unidos.

Todo esto marcó a fuego los convulsivos sucesos de principios de la década del 70, que intentaron derrumbar el mundo del capital.

En Bolivia, en ese marco, se desa- rrolló también una experiencia explosiva que alcanzó fama mundial: La Asamblea Popular de 1971.

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