Animal Político

Una escena de tres para un mar de dos

Bolivia, Chile y Perú

La Razón / Mauricio Quiroz

00:02 / 11 de noviembre de 2012

En 2006 concedió una entrevista a un diario chileno. Presentó una idea de integración inédita para aquellos salones de la diplomacia. Aseguró, ese año —uno de los últimos de la República—, que para los pueblos originarios el mar estaba al alcance de todos. “Tenemos salida al Pacífico y al Atlántico”, dijo el canciller David Choquehuanca. Sorprendió precisamente cuando comenzó el proceso de “la confianza mutua” y del fortalecimiento de la “diplomacia pueblos”.

Han pasado seis años desde entonces, cuatro de ellos con temperaturas primaverales, de diálogo muy intenso, de acercamiento entre los militares, de encuentros entre periodistas, organizaciones sociales y legisladores; un partido de fútbol presidencial y largas charlas privadas fuera de protocolo. Los últimos dos años, con temperaturas bajo cero. Conversaciones congeladas y una desconfianza mutua que se ahonda...

En noviembre de 2010 se reunió por última vez la comisión de consultas políticas que posibilita el encuentro de los vicecancilleres de Bolivia y Chile, la instancia formal que redacta la historia oficial de ambos países, sin relaciones diplomáticas a nivel de embajadores desde los años 60, con una breve pausa en 1975. Bolivia había pedido propuestas y plazos para destrabar la agenda de 13 puntos, que por primera vez incorporó “el tema marítimo” de manera oficial de negociación diplomática.

En marzo de 2011, el presidente Evo Morales anticipó un juicio contra Chile en La Haya. Llegó el crudo invierno.

Para este año los encuentros de alto nivel se han reducido a la mínima expresión. Los presidentes Evo Morales y Sebastián Piñera apenas hablaron tres minutos, en un pasillo, en el marco de la Cumbre de las Américas que en abril se realizó en Colombia. Es más, ni la comisión que administra el Acuerdo de Complementación Económica (ACE-22) se juntó para abordar la compleja agenda comercial. Los asuntos bilaterales se redujeron a temas administrativos, a temas técnicos de frontera, aduaneros y policiales. 

Entre tanto, el anunciado juicio aún no se materializa. El Gobierno boliviano no reveló la sustancia legal de este proceso, aunque el mandatario Morales ha sido claro al demandar públicamente la nulidad por incumplimiento del Tratado de 1904 (el acuerdo bilateral que fija el estado actual de las fronteras y el enclaustramiento boliviano) y lo hizo en varios escenarios multinacionales. Esta acción política aún no tiene respaldo de la acción jurídica internacional, un trabajo encomendado a la       Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima (Diremar) de la Cancillería.

En Chile, la preocupación actual es otra. Prepara los alegatos para la fase oral del juicio internacional que Perú instauró en La Haya sobre la delimitación de su frontera marítima sur. Estas audiencias se realizarán durante el primer trimestre de 2013. Lima no ha pedido revisar las fronteras pactadas con el Tratado de 1929, por cierto, un documento que obliga a Chile a consultar si acaso cede territorios “a favor de una tercera potencia” que no puede ser otra que Bolivia. Lima demandó una nueva delimitación del mar territorial.

Están en juego 37.900 kilómetros cuadrados en el océano Pacífico y una influencia aún mayor en la zona económica exclusiva (200 millas náuticas) que toca a las costas del norte de Arica, el territorio imaginado para la franja que se intentó negociar a favor de Bolivia luego del Abrazo de Charaña de 1975 (Hugo Banzer-Augusto Pinochet).

Si Perú gana el proceso, la nueva frontera marítima se proyectará desde el Hito 1 o el Punto de Concordia, en la misma orilla de la costa del Pacífico, en relación con el territorio. Si gana Chile, la frontera se queda como hasta ahora, equidistante a la línea del Ecuador, con mar soberano para Arica.

Los estrategas de Torre Tagle y sus colegas del edificio Carreras de Santiago dan por ganada la disputa internacional que se resolverá a finales del año entrante, el último de Sebastián Piñera y, por tanto, una temporada que estará marcada por el juego político electoral.

Desde las alturas de La Paz, Morales no ha expresado, al menos hasta el momento, ninguna queja respecto al posible retorno de Michelle Bachelet (Partido Socialista) a la presidencia de su país. Así, Bolivia ha dado señales de que esperará al nuevo gobierno de La Moneda y el fallo de La Haya para dar el siguiente paso en el ámbito internacional. El proceso legal que peruanos y chilenos libran en tribunales internacionales ha sido seguido de cerca por la diplomacia boliviana desde que el diplomático peruano Manuel Rodríguez Cuadros comenzó a armar y sustentar el caso.

Mientras discurren estas aguas en el siempre agitado océano Pacífico, la Armada Boliviana entregó en manos del presidente Morales una propuesta estratégica. El hecho no es menor, debido a los intereses históricos y prácticos que tiene la Fuerza Naval de Bolivia, tanto en el puerto peruano de Ilo como en la frontera norte de Chile.

“Es una estrategia que refleja el pensamiento de mi personal y se constituye en una contribución intelectual de los marinos bolivianos entendidos en la materia, que día a día trabajan en este campo, en apoyo decidido a las gestiones y acciones que lleva su Gobierno”, dijo el comandante de la Armada boliviana, el almirante Raúl Viscarra, el 6 de noviembre, cuando entregó al Jefe del Estado el documento. No dio más detalles.

De fondo, aparece un instrumento internacional muy poco mencionado en este debate: la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de Mar (Convemar) a la que Bolivia y Chile se adscribieron hace más de 20 años, incluso antes del fallido proceso “gas por mar” (1997-2002). Este acuerdo internacional fue férreamente rechazado en Perú, especialmente por las Fuerzas Armadas. El pacto, al que se unieron más de 130 países, reconoce derechos en zonas exclusivas, mar adentro y fondo marino de los países sin costa.

Así, Bolivia tiene la posibilidad de generar intereses concretos en las aguas próximas al Litoral. Pero para llegar allí, habrá que recuperar el espíritu de la declaración del Canciller, alejada de los complejos de la República, y más cerca de la integración de Sudamérica. Es posible, empero, que las cosas se queden así nomás, porque a veces importa más la popularidad. 

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