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El espíritu de la coma

Ay, la coma. Qué grande es la coma. Qué diferencia entre “no lo hice como me dijiste” y “no lo hice, como me dijiste”. La coma es un guardia de tráfico que envía los significados por una calle o por otra.

La Razón (Edición Impresa) / Alex Grijelmo

00:03 / 06 de julio de 2014

Los textos legales y las sentencias nos obsequian a menudo con frases farragosas, deficiente sintaxis, mala puntuación. Y eso deriva, a veces, en que digan lo contrario de lo que pretendían sus autores, como parece haber sucedido con la nueva ley orgánica del Poder Judicial (de España) a cuenta de una coma.

Ay, la coma. Qué grande es la coma. Qué diferencia entre “no lo hice como me dijiste” y “no lo hice, como me dijiste”. La coma es un guardia de tráfico que envía los significados por una calle o por otra.

El artículo 24 de esa nueva ley, destinada a acabar con el poder universal de los jueces españoles, señala que éstos serán competentes en el tráfico de drogas “siempre que: 1. el procedimiento se dirija contra un español; o, 2. cuando se trate de la realización de actos de ejecución de uno de estos delitos o de constitución de un grupo u organización criminal con miras a su comisión en territorio español”.

Una primera interpretación de tan farragoso texto haría que solo se persiguiesen esos delitos si tienen algo que ver con España; y la lectura contraria señala que tal requisito se refiere únicamente a los que estén en preparación, no a los que se hayan cometido.

La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional resolvió la ambigüedad señalando que, atendiendo al restrictivo espíritu de toda la ley, la expresión “con miras a su comisión en territorio español” debe afectar, tanto a los actos ya cometidos como a los que estén en preparación. Por tanto, quedarían en libertad los supuestos narcotraficantes detenidos en aguas internacionales tras haber cometido el delito en otro país.

Pero tres magistrados apoyaron la segunda interpretación (es decir, que también se les pueda detener si ya han consumado el delito, fuera donde fuese), basados en esa ausencia de comas en el punto 2. Qué gran diferencia entre “no lo hice como me dijiste” y “no lo hice, como me dijiste”.

Para analizar con más sencillez este problema ortográfico, veamos unos ejemplos similares a la estructura del texto legal:

1.- “Entraré en tu casa con tu llave o con una palanca para forzar la puerta”.

2.- “Entraré en tu casa con tu llave, o con una palanca para forzar la puerta”.

3.- “Entraré en tu casa con tu llave o con una palanca, para forzar la puerta”.

En el primer ejemplo, la llave servirá para entrar sin violencia, y la palanca se usará como alternativa para forzar la puerta.

En la segunda frase no vemos cambio de significado respecto del ejemplo anterior; luego sería innecesaria la coma. En el tercer caso, sin embargo, ese signo sí altera el mensaje: ahí son la llave y la palanca los objetos destinados a forzar la puerta, porque la coma da a lo que va tras ella un valor incidental que abarca las dos cláusulas anteriores (la llave y la palanca). No obstante, ¿qué sentido tendría forzar una puerta con una llave que la abre sin forzarla?

Cuestión distinta sería la frase “entraré en tu casa con una pistola o con una palanca, para forzar la puerta”. Ahí sí coincidirían el sentido y la gramática, y entenderíamos (gracias a la coma) que la pistola y la palanca sirven alternativamente para destrozar la cerradura.

Casi lo mismo sucede en la polémica judicial. Esa idéntica ausencia de comas llevó a los tres discrepantes a entender, según la gramática, que se pueden perseguir delitos cometidos fuera de España por ciudadanos no españoles.

Y en efecto, si el legislador deseaba que todo el punto 2 incluyera solo delitos referidos a España podía haber colocado la coma delante de “con miras a” y abarcar así las dos cláusulas precedentes (como sucedía con la llave y la palanca, y con la palanca y la pistola). Pero entonces también llegaríamos a un sinsentido (como en el caso de la llave), pues se entendería que nuestros jueces son competentes sobre los delitos cometidos con vistas a cometerse.

La mayoría de la sala desoyó los argumentos lingüísticos de los tres jueces discrepantes; la correcta interpretación gramatical del texto salió derrotada y 13 presuntos narcotraficantes quedaron libres. Fue la lucha entre el espíritu de la ley y el espíritu de la coma.

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