Animal Político

Entre el evismo y el masismo, el desafío de construirse del MAS

El Vicepresidente introdujo el debate: hay un ‘evismo’ y hay un ‘masismo’ en tensión en el Movimiento Al Socialismo. El tema es  ¿en verdad qué perspectiva positiva de construcción del partido trae esto?

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano / La Paz

00:07 / 26 de abril de 2015

La semana pasada, en una entrevista con el periódico español El País y en un acto de entrega de semillas en el municipio de Pampa Grande (Santa Cruz), el vicepresidente Álvaro García finalmente le dio forma a la explicación que la dirigencia del Movimiento Al Socialismo (MAS) se hace del traspié que este partido tuvo, ya no solo en las recientes elecciones subnacionales del 29 de marzo, sino en las anteriores, de 2010.

“Es un problema recurrente que arrastramos desde el ascenso al Gobierno. La mitad del voto del MAS, que apoya al presidente Evo, se desbanda a los tres meses. Algo así como que el evismo como proyecto es muy fuerte, pero el masismo tiene problemas. En las elecciones municipales se ponen en juego personalidades locales conocidas y con trayectoria. Y ahí tenemos problemas. Somos un partido muy joven que no ha logrado la construcción de liderazgos que puedan abastecer, simultáneamente, un nivel de excelencia en el ámbito nacional, con senadores y diputados, y en los municipios y las gobernaciones”, señaló en la referida entrevista con el matutino español.

En otra entrevista, también en España, esta vez al medio digital Público, la autoridad incluso cuantificó la pérdida de la votación del MAS en la elección de marzo en relación a los comicios nacionales del 12 de octubre de 2014.

Cuando el periodista Sergio León le pregunta qué retos debe afrontar ahora Bolivia, García apunta tres: industrializar selectivamente materias primas, continuar con la acelerada reducción de la pobreza, y —lo que interesa para el caso— “mantener este flujo de movimiento social y el Gobierno. Eso requiere un mayor esfuerzo de renovación de liderazgos. Es lo que ha demostrado las últimas elecciones, que tenemos un problema de liderazgos y de construcción de liderazgos a nivel local. El ‘evismo’ llega al 62%, el ‘masismo’ al 35%. Hemos tenido un proceso permanente de renovación de nuestros diputados y senadores muy acelerado que nos ha dejado muchos huecos. Para formar a un líder se tarda entre 10 y 15 años. Es un trabajo de partido que hay que abordarlo ya. Hoy hay que estar pensando en el año 2020”.

INTERROGANTES. ¿Qué están expresando estas aseveraciones del Vicepresidente y qué perspectiva práctica tendrán en el futuro quehacer del partido de gobierno? ¿Se viene un periodo de renovación del MAS? El presidente Evo Morales el 30 de marzo, al día siguiente de las subnacionales, también reconoció que el MAS perdió en importantes reductos por “malos candidatos”, pero además apuntó hacia las denuncias de corrupción contra algunos de sus postulantes y que hubo discriminación, machismo, contra la candidata masista a la Gobernación paceña, Felipa Huanca.

El primer dato que salta a la vista del reconocimiento vicepresidencial es que el partido de gobierno se está viendo empujado, por la fuerza de los hechos (la relativa derrota), a prestar verdadera atención a los departamentos, regiones y municipios, coinciden las analistas consultadas por Animal Político, Moira Zuazo (La Paz), María Teresa Zegada (Cochabamba) y Helena Argirakis (Santa Cruz).

Para Zuazo, la base del problema es entender la existencia de “diferentes campos políticos, municipales, regionales y departamentales; (que) lo que está actuando y está en acción son campos políticos emergentes diferenciados entre sí”. Ante la interrogante de si el caso del MAS es el de un partido nacional que le cuesta aterrizar en lo local, o, como dijera el Vicepresidente, que no ha logrado liderazgos locales, la politóloga no está de acuerdo con esta visión: “Diría que no es así; si estudiamos la historia del MAS, lo que vemos es el camino contrario: el MAS emerge de los espacios territoriales; si vemos cómo avanza en los municipios, vamos a ver un proceso ascendente, constante, diría casi vertical; de 11 municipios en los que gana el 99; 101 en 2004; 234 en 2010; en 2015, hay una pequeña bajada, 229 municipios. Esta curva lo que muestra más bien es que ha alcanzado su techo”, y que de ahí puede venir el descenso.

Argirakis, por su lado, señala que la distinción misma entre el “evismo” y el “masismo” está poniendo en debate “los límites y los alcances del liderazgo de Evo, el modelo de liderazgo del Presidente; y sobre todo la necesidad de construcción del instrumento político orgánico en las regiones”. Aunque, de inmediato precisa que la carencia sobre todo es en el nivel intermedio (los departamentos) porque en el nivel municipal, mal que bien el MAS mantiene su hegemonía: “el nivel municipal está prácticamente vinculado, en el ámbito territorial, con los movimientos sociales; la gran ausencia es el nivel departamental y regional, los mandos medios”.

Pero, el análisis se orienta también hacia la necesidad del MAS de construirse como partido. Aquí, Zegada plantea que lo que en verdad se está poniendo en juego es la forma partido que ha adoptado el MAS, “tras 20 años de creación del MAS, nueve años de gestión, se ha llegado a un punto en que el propio MAS se ha dado cuenta de la necesidad de construir una estructura institucional interna”. El MAS, antes y después de llegar al poder, se sostuvo tanto en la figura del Presidente como en la estructura reticular (de red) que tiene con las organizaciones sociales; esto es lo que llegó a su límite. Zuazo añade que el problema del MAS no es nuevo a los partidos bolivianos. “Viene de hace 30 años, un problema que no hemos sabido resolver y de lo cual estamos pagando la factura: que los partidos se resisten y la sociedad tampoco acaba de ver el problema, de que los partidos tienen que regirse a normas para la resolución de sus conflictos”. CANDIDATOS. Uno de los momentos de mayor tensión en los partidos es la elección de candidatos, apunta Zuazo. En el caso del MAS, en el ámbito nacional no hay problema, porque el líder claro es Evo Morales, “el único momento en que el partido está unido es la pugna, la competencia en el espacio nacional, porque ahí presentas un candidato, como la cabeza, que va a ayudar a arrastrar al conjunto”. Pero ¿qué pasa en el nivel subnacional? Aquí al MAS se le está revelando la otra cara de la medalla del país, si una es la del Estado Plurinacional, la otra faz es el Estado con autonomías: “Es posible decir que la descentralización promueve democracia, porque está promoviendo, empujando al poder compartido; a varios espacios de poder en disputa; ahí surgen las dificultades. Y en el MAS lo hemos visto con mucha claridad”, destaca la politóloga Zuazo. En esta discusión, Argirakis insiste en que no hay que ver al ‘evismo’ y al ‘masismo’ como realidades opuestas, sino todo lo contrario, como hechos complementarios.

Ante la interrogante de si el MAS (casi 20 años de existencia tampoco son nada) no tiene el peculiar problema de que trata de construir partido pero sobre una base corporativa (de presencia y predominio de sectores y organizaciones sociales), para Zegada éste es uno de los mayores desafíos que debe resolver para construirse como tal partido, aunque —advierte— es errado tratar de encontrar en el MAS-partido un modelo similar a las organizaciones partidarias tradicionales del pasado.

“El desafío del MAS es diferente al de otros partidos más pequeños del sistema. Tal vez estamos ante la posibilidad de la construcción de un instrumento político distinto a la forma tradicional de partido, que tiene probablemente mucha más representación y vínculo orgánico, pero contiene las deficiencias de la institucionalidad. El MAS tiene un reglamento interno, de renovación de liderazgos, de cómo se toman las decisiones; pero se ha comprobado que éstas no se aplican; de alguna manera, las organizaciones sociales han cobrado un poder demasiado fuerte al interior del instrumento político; ha habido momentos o lugares en que estas organizaciones han ejercido un poder que está más allá incluso de los representantes electos; eso genera muchos desequilibrios en la administración del propio partido”.   

Y es que el MAS —coinciden Zuazo y Zegada— necesita establecer una suerte de equilibrio virtuoso, productivo entre esa su enorme representatividad (que las organizaciones sociales lo sienten suyo) y la función estrictamente política que debe jugar como partido, es decir, el trascender a los intereses parciales de los sectores que lo conforman y hacer valer los intereses generales de la sociedad, del país.

Para decirlo con Zuazo: “la función del partido político es hacer síntesis política y eso significa tomar en cuenta la diversidad de intereses, de transportistas, de la COR alteña, gremiales, pero estructurar una propuesta de bien común a partir de todo eso; no es quedar preso de transportistas, de la COR; sino que prevalezca esa autonomía, esa posibilidad de innovación, que solamente te da la política democrática”.

Zegada destaca que es una cuestión de buscar equilibrio: “Es una de sus tensiones más fuertes, conjugar de alguna manera estas dos formas de representación que existen, la representación social y la representación política, que por su naturaleza y por definición es una representación que tiende a velar por el bien común, no solo por los intereses sectoriales”.

Y no se trata solo del sobrepeso que puede tener la representación corporativa o de determinados sectores sociales con mucho poder en el Gobierno, recuerda Zegada, sino también de que tampoco se sobredimensione la representación territorial, el problema del representante de determinada circunscripción, en el sentido en que éste solo tiende a cubrir proyectos y necesidades de su ‘terruño’, “porque tienen un mandato de sus electores, pero descuidando el contexto más general en el que ellos tienen que desenvolverse”.  Un tema que lo mismo plantea García es el de los cuadros, los dirigentes políticos que el MAS debería empezar a formar en los ámbitos locales o regionales.

Para Zuazo, sería un error plantear esto en el viejo estilo de la “escuela de cuadros”, para decirlo en una palabra: “Los cuadros no se generan como se puede pedir un traje a medida, ‘por favor, 20 centímetros de ancho, metro y medio de estatura, lo recojo mañana’; así no funciona: los liderazgos emergen de la sociedad, y son algo precioso. La pregunta es cómo las organizaciones políticas, primero, están o no abiertas para convocarlos o enamorarlos, hacer que esos liderazgos se acerquen; y, segundo, una vez que se acercan, que se queden, y en realidad (en el MAS) lo que estamos viendo es un desbande, una protesta con los pies”.

DEMOCRACIA. Y es que una de las cosas en que las analistas insisten es aterrizar en la democracia interna en los partidos, no solo en el MAS. “Democracia interna, ésa es la pregunta. Y es un tema difícil para las agrupaciones políticas, aquí y en todas partes. Pero si se quiere un partido fuerte, que ofrezca un proyecto político con futuro para un país, eso funciona solamente con organizaciones políticas fuertes, con fortaleza interna, y eso significa democracia interna; debate abierto duro; cuál es la línea que debe seguir el partido, cómo competimos por ocupar esos espacios, que son los que muestran la cara, quiénes son los candidatos, en fin”.

Una cuestión clave también para el desarrollo de los liderazgos, llama la atención Zuazo, es el respeto a las reglas internas en el partido. “Es una responsabilidad muy grande, especialmente para los militantes del MAS, poner en el centro del debate la necesidad de institucionalización del partido; la vigencia y la fuerza de normas, para que estos liderazgos emergentes (Damián Condori en Chuquisaca, Félix Patzi en La Paz) puedan pugnar en un juego que todos reconozcan como justo”.

El problema es, anota Zuazo, cuánta apertura tiene o tendrá el MAS para consolidarse como partido: “El MAS ha nacido como un proyecto horizontal desde abajo, y lo que estamos viendo hoy es un partido en proceso de cierre. ¿En qué ves el cierre? Cuando esos liderazgos emergentes, que expresan a la sociedad, que son capaces de expresar esa síntesis política, quedan fuera, porque el partido ante la ausencia de normas queda preso de esos intereses corporativos, que no son malos en sí mismos, pero eso no significa que las organizaciones sociales vayan a dictar al resto y conjunto de la sociedad; claro que tienen que defender sus intereses, pero eso es distinto de dictar al resto, y ahí está la bisagra de equilibrio que es la política, si cumple su tarea”.

El MAS es un partido de origen horizontal: Moira Zuazo es politóloga

Cuando el Presidente dice “voy a mandar obedeciendo al pueblo”, él sabe que su liderazgo proviene de una construcción colectiva, horizontal, desde abajo; lo interesante es que eso ha quedado cada vez más diluido. En ese partido que crecía e irradiaba, en un proceso de ascenso, vemos una suerte de techo y un partido que se cierra, que expulsa liderazgos emergentes.

Se espera que haya un proceso de renovación: María Teresa Zegada es socióloga

Probablemente no hubiera habido esta tensión en el MAS sin el resultado de las elecciones subnacionales. Pero es saludable, y más que venga de las altas cúpulas. Se espera que no se quede en discurso, que haya renovación, institucionalización y democracia interna. Es muy sana la autocrítica, pero ojalá no se quede en un discurso o en una imposición desde arriba abajo.

El MAS retrocedió en el departamento cruceño: Helena Argirakis es politóloga

El proceso de cambio pasa por el manejo del departamento de Santa Cruz y entender la complejidad de la hegemonía del bloque de poder cruceño; ahí está la necesidad de construir instrumento orgánico en el oriente. Pero preocupa el resultado de la elección subnacional en el departamento: de 56 municipios, 21 maneja el MAS y 35, cinco siglas de la oposición.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia