Animal Político

El exdiputado actor de cine

Pocos saben que el intérprete en actos cívicos y puestas en escena  que personifica a Pedro Domingo Murillo fue diputado empeñado en impulsar caminos carreteros durante la más difícil época para la democracia boliviana, 2002 a 2005.

José Antonio Saavedra Toledo

José Antonio Saavedra Toledo Foto: Miguel Carrasco-archivo

La Razón (Edición Impresa) / Iván Bustillos Zamorano es periodista

00:00 / 02 de abril de 2017

Cuando fue diputado nacional por Nueva Fuerza Republicana (NFR), entre 2002 y 2005, José Antonio Saavedra Toledo tenía una peculiaridad —cuenta—, y era que en todo documento oficial que debía enviar finalizaba con el slogan: “Todos los caminos conducen al mar”.

Siempre invitado por NFR, nunca militante suyo, aclara, luego vino su candidatura a la diputación uninominal, representando a esa tienda política  por la Circunscripción 8 (la zona central, Miraflores y la ladera este de la ciudad de La Paz), en las elecciones generales y prefecturales de 2005. No le fue bien, pues eran los días del ascenso masista. Ante el arrollador avance del MAS, Saavedra Toledo solo decía una y otra vez, cuenta hoy: “vox populi, vox Dei”.

Presidente de la Comisión de Infraestructura, Transportes y Comunicaciones de la Cámara de Diputados, nuestro entrevistado asegura haber sido uno de los impulsores, mediante proyectos ley, de la “otra vía” hacia Cochabamba: La Paz-Inquisivi-Independencia-Cochabamba, siendo central en esto la construcción del puente Sacanbaya. Es un ferviente partidario de que el desarrollo solo será posible con una extendida integración caminera.

Partidario de la nacionalización de los hidrocarburos, en ese tiempo una de sus convicciones también era la Asamblea Constituyente.

Asimismo ha sido fruto de su labor legislativa, afirma, el actual Hospital Oncológico, “que estaba parqueado, porque no se lo habilitaba”; una Ley del Día de la Fuerza Aérea de Bolivia (FAB), el 12 de octubre; lo mismo, asegura, desde esa vez se impulsó una ley para la implementación del sistema nacional de radares.

Hijo de padre colla y madre beniana, nacido en la ciudad de La Paz, Saavedra Toledo enfatiza un peculiar signo de identidad de estas alturas: “el paceño nace donde quiere”.

Diputado durante la mayor crisis estatal de los últimos 20 años, remarca que esos días hay que entenderlos por sus causas: “todo pasa porque tiene que pasar; por algo será que suceden las cosas, causa-efecto. Manfred Reyes Villa se equivocó al entrar con el MNR, y eso le costó la trayectoria política; y cuando te equivocas en política, mueres... políticamente”.

Pero si hay una pasión del exdiputado es la actuación. Participó en varias películas, “al menos 14, entre cortos y largometrajes”, cuenta; además de “unas 18 obras de teatro”.

“Todo empezó en 2009, cuando rodamos la película documental Fuego de libertad, para el Bicentenario del primer grito libertario de la América morena”. En su ahora larga trayectoria está el haber participado, en papeles más o menos protagónicos, en: ¿Quién mató a la llamita blanca?, “cuando hice de ministro de Gobierno”; también estuvo en Blackthorn (Sin destino); A la caza del nazi; Mis espíritus de la Navidad, refiere.

Sin embargo, si hay alguna interpretación que le marcó la vida es la de Pedro Domingo Murillo, pero ya no en el escenario o el set de filmación, sino en las celebraciones cívicas. “Mi primer año fue en 2009, y llevé la tea de don Pedro Domingo Murillo, y desde esa vez cada año consecutivo; en 2017 serán nueve años; y lo hago con mucho orgullo, vivo el personaje”. Anuncia que cumplirá los 10 años, los mismos 10 años que don José Antonio hizo de El Zorro, con caballo y todo, en el Corso de Corsos en la ciudad de Cochabamba.

Perfil

Nombre: José Antonio Saavedra Toledo 

Nació: 20 de noviembre de 1950

Profesión: Abogado y economista

Datos

Empresario, Saavedra Toledo afirma: “Mi alma mater es la Universidad Mayor de San Simón; doctorante en Derecho Administrativo en la Universidad Castilla de La Mancha, en Toledo, España; y tengo distintos  posgrados en Ciencias Eco-nómicas”.

En procura de lo pragmático del lío La Paz y Palca

Dennis Luizaga, es periodista

A sabiendas del curso del conflicto de límites de La Paz y Palca, deja insatisfechos a los interesados la intención de definición que promueve la Gobernación; el avance del caso sugiere diálogo entre los municipios sobre la problemática, sin embargo habrá que ver si lo pragmático está en la receta, es decir cómo se aplican las leyes vigentes que definen este tipo de líos.

La comisión técnica que definieron ambos municipios, en días pasados, deberá plantear la metodología para consensuar los temas de discusión. No se revelaron los temas a priorizar pero se destaca, en una percepción personal, la pugna de intereses por territorio y recursos económicos que fue lo que se demandó ante los medios de comunicación tras la propuesta de delimitación de la Gobernación.

Los municipios cuentan con dos alternativas legales para resolver la controversia. La guía práctica que se aplica por las partes interesadas por ahora es la Ley 2150 que data de la administración de Hugo Banzer Suárez en 2000. La otra opción es la Ley 339 de Delimitación de Unidades Territoriales.

La competencia del gobierno departamental sobre la delimitación limítrofe dio la impresión de fracasar por las impugnaciones que presentaron ambos interesados. La Paz rechazó de manera parcial la resolución 1025 del 24 de febrero porque se habrían perdido 23 zonas y Palca impugnó en su totalidad la definición, el límite sugerido era la calle 60 de Ovejuyo.

El caso debía ingresar a una segunda instancia de definición o de apelación como menciona la Ley 2150. El Gobierno instó a agotar esfuerzos en la Gobernación, el último acercamiento que se propició entre ambos municipios fue a iniciativa de sus autoridades, sin que se conozca si el mismo fue auspiciado por la administración de Patzi, que es la autoridad competente. Desmarcarse de la ley para este caso sería lo pragmático para evitar los trámites de rigor.

La discusión se concentrará en realidades e intereses, es decir “como buenos vecinos qué nos conviene”, la línea de buena convivencia podría destacar en un caso que sería emblemático. En otra mesa está la Ley 339 que activa un mecanismo que se emplea con recurrencia para otras necesidades, que es el referéndum municipal; al final, sin no hay acuerdo será la justicia la que defina el problema.

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