Animal Político

El factor Vargas Llosa

El anuncio de la visita a Santa Cruz del escritor peruano Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, ha conmocionado a los círculos políticos del país. Mientras unos se congratulan por el acontecimiento previsto para el 22 de enero, otros cuestionan su carácter político. 

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

00:04 / 12 de enero de 2014

Los días después de que el Falcon Dassault del presidente Evo Morales fuera impedido de sobrevolar el espacio aéreo de Francia, Portugal, Italia y España, Mario Vargas Llosa fue una de las personalidades que se indignó ante la intolerable y discriminatoria acción, y a pesar de la animadversión política e ideológica que suele mostrar por el Mandatario boliviano.

Escritor de talla universal, candidato presidencial frustrado (en 1990 fue derrotado por Alberto Fujimori) y locuaz político liberal, el Premio Nobel de Literatura peruano había dicho con un aire de sensatez destacable que el incidente del que fue víctima Morales fue lamentable. Incluso fue implacable con los cuatro países. “Creo que algunos gobiernos europeos, que han maltratado de manera despectiva al presidente de un país soberano, en lo que es algo diplomáticamente inaceptable, merecen las críticas más severas”.

Habrá leído esto el Presidente de Bolivia, como decenas y decenas de mensajes a su favor recopilados en un dossier que el ministro de Gobierno, Carlos Romero, mostró en la sesión extraordinaria de la Organización de Estados Americanos (OEA) que el 9 de julio repudió de manera unánime el bloqueo aéreo, del que en Austria se informó que fue propiciado por Estados Unidos.

Aunque la adhesión de Vargas Llosa al repudio no tuvo esa vez tanta repercusión en el país, estos días ha causado suspicacias y connotación su anunciada visita a Santa Cruz. No es para menos, considerando el perfil político del hombre.

¿Quién lo trae? La Fundación Nueva Democracia, cuyo titular es el expresidente de la Cámara de Senadores y ahora secretario de Coordinación Institucional y Desarrollo Autonómico de la Gobernación de Santa Cruz, Óscar Ortiz, quien precisamente se encargó de comunicar la noticia.

¿A qué viene? Según la agenda publicada por la organización, a charlas sobre libertad y progreso, a reunirse con el gobernador Rubén Costas, a una serie de actividades culturales y a una visita a las misiones jesuíticas de Chiquitos junto a su esposa y un grupo de amigos.

Las razones de su llegada causaron susceptibilidades en el Movimiento Al Socialismo (MAS), y, conociendo la posición ideológica de Vargas Llosa, algunos de sus miembros y dirigentes calificaron de político el arribo del escritor. El propio presidente Evo Morales especuló que el Premio Nobel viene a hablar del él y que va a aguantar los embates, aunque también expresó sus respetos por el hombre de letras.

Ya habló de Evo Morales y seguro que lo hará de nuevo, además del proceso político boliviano y de las opciones políticas contrarias a aquéllos con las que comulga. “Don Evo es el emblemático criollo latinoamericano, vivo como una ardilla, trepador y latero, y con una vasta experiencia de manipulador de hombres y mujeres, adquirida en su larga trayectoria de dirigente cocalero y miembro de la aristocracia sindical”, escribió Vargas Llosa en La Nación de Buenos Aires  cuando Morales se aprestaba por primera vez a presidir el país.

En otra ocasión dijo que Hugo Chávez y Evo Morales lideran democracias “relativas y caricaturales”. Ése es el hombre que viene, y no está mal que lo haga, en aras de la democracia. Que venga, al menos los bolivianos sabrán —quienes vayan o paguen por su charla, o lo lean en los medios— los motivos de su aversión hacia Morales y su forma de gobernar.

Viene a un país que “sistemáticamente destruye” Morales, como también dijo el Nobel. Viene al país que en su infancia lo cobijó en Cochabamba, al país de la Tía Julia (Julia Urquidi) y el escribidor (Raúl Salmón no quiso reconocer que fuera él). Viene al país de otros tiempos, que venció las dictaduras (y las democracias relativas) de René Barrientos, Hugo Banzer Suárez o Luis García Meza, o como la de Manuel Odría en su país, que muy bien describe en su célebre Conversación en La Catedral.

Pero creo que Vargas Llosa no viene mandado por Carlos Sánchez Berzaín —como denunció Morales y algunos de sus ministros— ni poder internacional alguno, salvo sus propias convicciones, con las que seguramente coinciden sus anfitriones en Santa Cruz. Es difícil concebir que el escritor, al que no le falta nada para impulsarse o proyectarse, sea objeto de pretensiones ajenas a su ideario o a su libertad de pensamiento. Claro, quizás encontró motivación en los afanes de Ortiz, su fundación y Costas, que en el país buscan posicionarse políticamente con miras a las elecciones generales de octubre, y ante Morales, Juan del Granado y Samuel Doria Medina, los líderes políticos más visibles, aunque con capacidades y posibilidades electorales distintas, como sus eventuales contendores.

Eso sí, el día de la llegada al país no es casual: 22 de enero, Día del Estado Plurinacional y fecha del mensaje presidencial. Pensado milimétricamente, quizás los organizadores del arribo del Premio Nobel buscan atenuar el impacto del informe del cuarto año de gestión de Morales y su posible lanzamiento electoral.

Y, claro, el escritor no llegará directo a su suite de hotel. Los periodistas buscarán —para los titulares de la fecha y del día siguiente— su percepción acerca de la situación política del país, su razonamiento sobre por qué cree que Morales es un manipulador o qué entiende por democracia relativa. O quizás se decante por su tesis de la “dictadura perfecta”, en una plataforma política dispuesta a la catarsis ante arengas que muestren una realidad adversa del país.

Ése es el motivo político de tan ilustre visita, aunque algunos escritores bolivianos y los organizadores y políticas de la oposición al Gobierno se hayan esforzado en buscar que se despolitice el asunto. Claro, tiene mucho que enseñar de letras o contar la intimidad de El héroe discreto, la última novela del gran Varguitas, ambientada como otras de sus novelas en la cotidianidad peruana.

Un foro que comulga con las ideas políticas de Vargas Llosa —en contra del estatismo imperante en el país o el “falso” indigenismo del Gobierno— ni se va a acordar del escritor y sus best sellers; va a vitorearlo cuando aquél inculpe al “proceso de cambio” del momento nacional que no quiere reconocerlo. Será el héroe con quien catapultarse o deslegitimar al contrincante político principal, que ahora mismo masculla de celos por tanta cobertura mediática y opinión dividida por la visita. Es el factor estratégicamente pensado, aunque posiblemente inútil para sus ambiciones electorales.

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