Animal Político

Nos falta una tercera vía, autónoma ante partidos y caudillos

Óscar Olivera - Si hay algo que no cambia en la apariencia de Óscar Olivera es su “cachucha”; con estrellita o sin estrellita al frente. Es su emblema, tanto del antiguo dirigente fabril como del fundador de la Coordinadora de la Defensa del Agua y de la Vida.

Óscar Olivera

Óscar Olivera

Iván Bustillos Zamorano

10:34 / 16 de enero de 2012

Tanto en la entrevista como en su libro,  recuerda cómo (antes de ser Vicepresidente de Bolivia) Álvaro García Linera ayudó a la elaboración de la Tesis Fabril del Congreso de obreros y obreras en Oruro, el año 2000. “Ahí planteamos con las siguientes palabras  lo que hoy va dando vueltas al mundo: ¡¡Ni nacionalización ni estatización ni privatización... autogestión!!”. Hoy, distanciado del Segundo Mandatario, le plantea el debate sobre lo que debe ser la autonomía de los movimientos sociales.La ‘Guerra del Agua’ (abril de 2000, Cochabamba) fue la que “parió a este gobierno (del MAS)”, afirma convencido Óscar Olivera. Le dio a luz en el sentido de que fue allí cuando arrancaron los dos grandes rasgos de la época, dice: la irrupción de la democracia participativa, “que lo político deje de ser patrimonio de unos cuantos y lo sea de toda la población”, y el “quiebre” del ‘modelo económico neoliberal’, vigente hasta entonces.

Evo y el Movimiento Al Socialismo (MAS) en el poder no son más que el despliegue en el ámbito estatal de este primer impulso. Sin embargo, militante antipartidos, cercano en su perspectiva al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) mexicano o al brasileño Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), Olivera insiste en que los programas de la Guerra del Agua y la del Gas (octubre de 2003) no han sido cumplidos por el actual Gobierno.Por eso, hoy propone la necesidad de que la sociedad civil tenga una propia alternativa política y social, la “tercera vía” —dice— que haga frente tanto a los partidos políticos (incluido el MAS) como a todo tipo de caudillismo (incluido Evo Morales).

— ¿Siendo el principio, cómo le fue al programa de la Guerra del Agua?

—Yo diría que se ha traicionado, se ha desviado y ha vuelto al cauce neoliberal, del autoritarismo y la verticalidad, del desprecio a las demandas de la gente, de la sordera, de la falta de sensibilidad. Hubo (en el Gobierno) una especie de recomposición esta vez a través de una máscara indígena, la economía y la política en función de los grandes intereses transnacionales y de un  pequeño grupo que, a costa de tener una máscara indígena, se está convirtiendo en una nueva oligarquía con ponchos y abarcas.

— ¿El problema es el Presidente o, como muchos creen, el entorno...?

—No, yo creo que el responsable es Evo Morales. Su gobierno ha dejado de ser el gobierno de los bolivianos y las bolivianas; es un gobierno de los cocaleros. Además, yo le dije a Morales, hace tres años, que uno de los graves problemas que ya sentíamos en el país era el narcotráfico. Así como le subió la hoja de coca a Morales a la presidencia, así también puede bajarle la hoja de coca, en otros términos. No hay que echarle la culpa al entorno; es un entorno subordinado, incapaz de decirle a Morales que la cosa está mal.

— Pero ¿no es el Presidente  emblema de este proceso?

—No podemos negar el carácter simbólico de Evo, una persona salida de las bases, luchador social, con todos los defectos y cualidades que cada uno de nosotros tiene, ningún diplomado de Harvard ni de Lovaina; pero lo que más resalta de Morales son los defectos que tiene como  persona y que los ha convertido en política de Estado; eso es lo grave, cuando lo que debería convertir en política de Estado es el ser indígena desde la perspectiva de la gente, la generosidad, solidaridad, la humildad, la reciprocidad, la transparencia. Por eso, la gente ha dejado de identificar a Evo con el proceso de cambio.

— Muchos dicen que las cosas van mal desde el segundo gobierno...

—Yo creo que la fuerza del movimiento social como tal empieza a declinar en 2004, cuando Evo define un proyecto político, cosa legítima, quiere ser presidente; pero transa con la derecha para el referendo por el gas. Es el punto de bifurcación del movimiento social: unos que decidimos mantenernos en la vereda en que siempre habíamos peleado y otros, pasarse de vereda, en este caso Morales y el MAS. Ahí empieza la situación, eso que nosotros no habíamos querido nunca otra vez: que la gente siga pensando en que son los partidos políticos, los caudillos, los que van a solucionar sus problemas; que deje de creer que el verdadero poder está en la capacidad de indignación, de movilización y organización de la gente para cambiar las cosas. Creo que un poco como que se rompe esa fuerza social en 2004.

— El movimiento social se hace partido...

— Morales asume la tarea de aglutinar esa fuerza de la población a través de un  partido político, legítimamente, pero ahí están las consecuencias: una estructura partidaria con una penetración total del oportunismo. Pese a esto, la gente confía en Evo y el MAS, y le da su respaldo, un cheque en blanco, y ése es el gran error histórico de los sectores populares, que muchas veces damos a los políticos cheque en blanco y ellos ponen la cifra que quieren.

— ¿No es muy ideal esto? Cualquier fuerza política en algo siempre tiene que aterrizar.

— No decimos que el Estado se venga abajo o no haya Estado, es la posición anarquista. Nosotros más o menos estamos planteando que no nos interesa que haya Estado o quién esté en el Estado. El asunto es construir una fuerza social capaz de imponer una propia agenda a quien esté (en el Estado), desde la autonomía. El MST en el Brasil es algo muy emblemático en función de esto; el EZLN en México, lo mismo. (Pretendemos) una fuerza social no subordinada, no cooptada, no prebendalizada; esa fuerza social que hubo el año 2000 con la Coordinadora del Agua y en 2003 con el movimiento aymara. Con estas experiencias, queremos crear una fuerza social capaz de influir en la política y de hacer política desde abajo, no desde arriba. Insisto: es la fuerza social autónoma, al margen de quién esté en el Estado, la que va a hacer posible una efectiva transformación como hubo los años 2000, 2003, 2005,  2010 y ahora en 2011 con el TIPNIS.

— ¿2010? ¿Se refiere al gasolinazo?

— Esa medida dio a entender que estos individuos (del Gobierno) estaban viviendo en otro mundo y dejaron de pensar y sentir como la gente. Cuando vi en internet, pensé que había entrado a una página de años anteriores, una elevación del 82% de los carburantes; pensé que me había equivocado de fecha. No puedo entender cómo ellos se animaron a una medida de esa naturaleza, cuando saben que las condiciones en que vive la gente no permiten una nivelación a los precios de los carburantes a nivel internacional. Yo creo que ahí sí fue el desencanto de la gente, ahí empieza la caída libre del Gobierno; peor con la total incomprensión y ceguera del mensaje tan nítido que la gente indígena de tierras bajas le da a Evo Morales y su gobierno, cuando le dicen que la carretera no pasa por el TIPNIS porque nosotros queremos otro modelo de desarrollo.

— ¿Cuánto se ha roto con el gasolinazo?

— En 2010 es la caída libre del Gobierno. A partir de ahí lo que el Gobierno debería haber hecho es reencontrarse con la población y decir: ‘hemos cometido un error, lo sentimos, queremos decir la verdad’. Yo creo que es un tema de transparencia, el del gasolinazo, del TIPNIS, las (elecciones) judiciales; la gente demanda transparencia, que quiere decir sinceridad. Por eso, en el TIPNIS el problema no fue la carretera como tal, todo el mundo está de acuerdo (con la carretera); pero no en la forma en la que se hizo, sin consulta, destruyendo comunidades, biodiversidad, liquidando eso que ellos proclaman: el respeto a la madre tierra; una inconsecuencia absoluta. Yo creo que el Gobierno está conduciendo a que la gente empiece a pensar en la revocatoria (de mandato) de Evo.

— ¿Y la disidencia? ¿Usted, los llamados “resentidos”?

— Los disidentes del proceso, diría, son ellos (Gobierno); yo nunca he sido masista ni creo en los partidos, pero cuando hablamos de disidencia, yo hablaría del proceso. ¿Quiénes han decidido salirse de este proceso? Evo y compañía.

— ¿Pero, y las corrientes, dónde se ubicarían ustedes?

— Si vemos las corrientes que hay en Bolivia, es eso: autoritarismo, neoliberales, que están encarnadas por oportunismo como corrientes en el MAS, la oposición, los gobernadores de la derecha; unos que están dentro del aparato estatal y otros, fuera; dos corrientes nítidas que al final quieren ser lo mismo. Nosotros estamos trabajando por una opción política, no digo electoral; una tercera opción política totalmente autónoma, que sea independiente de cualquier injerencia, subordinación a cualquier partido o caudillo. Reitero, la única forma de transformar efectivamente las condiciones de vida de la gente no es a través de los caudillos. En la Guerra del Agua no hubo ningún caudillo: Óscar Olivera era un portavoz, igual que Omar Fernández. ¿Quién hizo las luchas de 2000 y 2003? El pueblo. Ningún partido ni ningún caudillo; que nadie se atribuya la paternidad.

Creemos que el pueblo debe construir una tercera vía, la de total autonomía frente a los intereses políticos partidarios o caudillistas. ¿Qué queremos ser? Yo diría, una familia. Con todas sus dificultades, la familia es un espacio de cariño, amor, reciprocidad, fraternidad, solidaridad; un partido y una religión, no.

Perfil

Nombre: Óscar Olivera Foronda

Entre el constructor de puentes y el tejedor de libros¿Qué está haciendo ahora Óscar Olivera en la Llajta? “Ahorita, estoy sentado”, bromea. “Mire, yo estoy haciendo lo que siempre hice. Creo que tengo una particularidad que he ido desarrollando en mis años de lucha. Siempre he establecido puentes; he establecido puentes entre Evo y Felipe Quispe, el 17 de julio de 2001; nadie se imaginaba este encuentro y lo hice posible; el encuentro entre Evo Morales y  Juan del Granado en 2005. Hicimos puentes para formar la Coordinadora del Agua desde la Federación de Fabriles, puentes para formar la Coordinadora del Gas en 2003. Sigo haciendo eso. Como alguien decía, soy una especie de tejedor que va uniendo los hilitos dispersos para poder formar un tejido social fuerte”.

“Metido como siempre en la temática del agua”, un tema de permanente ‘Jesús en la boca’ en Cochabamba, Olivera anuncia batallas para  2012: “Nadie quiere visibilizar esta temática porque todos le tienen miedo; nosotros hemos decidido visibilizar el tema el año 2012 y poner en agenda la temática del agua en Cochabamba”. 

Con seis hijos, algunos de ellos más altos que él, el dirigente hoy se obliga más que antes a un deber imperativo: “Pero, ante todo, le estoy dando un gran énfasis a mi familia; ahora que estoy alejado de la fábrica Manaco hace un año, después de haber trabajado 32 años, me dedico más a mis hijos, que creo que los he descuidado durante mucho tiempo”.

Tras la entrevista con Animal Político en su casa en Cochabamba, Olivera nos obsequia un libro de producción colectiva, nueve autores (entre los que está él), cuya llamativa tapa tiene por fondo un aguayo tejido. Se trata del texto Palabras para tejernos, resistir y transformar en la época en que estamos viviendo. La editora es la mexicana Raquel Gutiérrez, la inolvidable Qhantati Wara Wara (La estrella de madrugada, en aymara), una de las ideólogas del antiguo Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK) de los 90.

El artículo de Olivera titula Palabras contra el olvido, el desprecio y la soberbia de los patrones, partidos y caudillos: “Recuerdo que en 1964, a fines de octubre, me invadió la tristeza, el miedo, la impotencia y la bronca. Una bala perdida en un golpe militar disparada por un soldado había matado a mi mejor amigo de infancia, a mi hermano, a mi compañero, a Carlos; él estaba entrando a su casa, pisaba la grada de la puerta de calle y cayó muerto; tenía nueve años”.

Nació: 10-01-1955 (Oruro)

Cargos: Dirigente fabril, fundó las coordinadoras del Agua y del Gas

Sindicato

Óscar Olivera empezó a trabajar en la fábrica Manaco de Cochabamba a los 16 años. En 1976 fue elegido delegado sindical; en 1987 ocupó la secretaría general de su organización laboral. Entre 1989 y 1990 fue el máximo dirigente de la Confederación de Trabajadores Fabriles de Bolivia.

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