Animal Político

La fiesta se está terminando

Seis años de gobierno - Sala de prensa

La Razón / Óscar Díaz Arnau

00:00 / 01 de enero de 2011

Cuando el canciller David Choquehuanca dijo lo que dijo de la inutilidad de los libros y del sexo de las piedras; cuando recomendó que los niños masquen coca si no pueden tomar leche; cuando aclaró que el pueblo aymara no quiere vivir mejor, sino bien, marcó para siempre el destino de este Gobierno. No eran aquéllos los tiempos actuales, de “pánico escénico” por la creencia apocalíptica de que el fin del mundo se acerca, pero sus desbarros cobraron forma de premonición e iluminaron el camino a seguir por el Movimiento Al Socialismo (MAS).

El Canciller no es cualquier ministro. Ilustrado en los saberes ancestrales del aymarismo, a más de conducir la importante cartera de Relaciones Exteriores y Cultos, en el gabinete siempre ha cumplido una función no remunerada de “guía espiritual”, ocupando un trono simbólico a la derecha de su discípulo Evo Morales, mestizo abigarrado al que todavía presentan como mandatario indígena.

Para bien o para mal, el mecenazgo de Choquehuanca sobre Morales rindió frutos hasta que el Presidente aprendió a valerse por sí mismo y se volvió la persona autosuficiente, desdeñosa de los consejos, que es hoy. Ya sin la humildad del campesino que le sirvió para rozar el cielo de la política, Morales comenzó a deslizarse como los mejores patinadores en la senda que le había trazado su maestro, sin contar las enseñanzas de su compañero de fórmula, diferente de aquel otro, matemático de libros leer.

El suyo se convirtió rápidamente en un gobierno en crisis permanente. Y a la orden del día estuvieron los conflictos sociales, antes patrimonio de neoliberales. Con el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), el Presidente perdió la confianza de uno de los sectores clave de su estructura social —los indígenas de las tierras bajas; hace mucho que no tiene a los del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq)— y terminó de hundirse en el descrédito entre los citadinos, la poderosa clase media que en 2005 supo votar por la promesa del cambio.

La estrategia de la confrontación, derivada de la teoría garcíalinerista del “empate catastrófico”, ha ido desgastándose por la propia inercia de la gestión gubernamental en declive. Si antes el roce o el artificio verbal implicaban réditos políticos infalibles, hoy no sirven más: el colectivo ha aprehendido la trama de la polarización con el opositor, el periodista o el medio de comunicación de turno. Al Gobierno, como en la obra de Unamuno, se le rebelan sus enemigos imaginarios.

No seré Choquehuanca ni Nostradamus, pero desde un inicio he pensado que uno de los grandes problemas que iba a enfrentar la administración Morales sería la de su falta de experiencia. Los dirigentes (o mejor dicho sus portavoces; no está claro quién dirige a quién) se encargan a diario de explicar que el MAS no es un partido, sino un “instrumento político”, efugio que confirma mi sospecha de ciudadano sin trono ni aspiraciones de canciller. Tras el rutilante estreno mundial del “instrumento” en el Palacio de Gobierno de la plaza Murillo, la orquesta suena cada vez más desafinada.

El narcotráfico galopante y sus inevitables contrapartes: la delincuencia y la inseguridad ciudadana, tienen al país en jaque desde hace por lo menos un par de años y no se advierte reacción alguna en los gobernantes. Al contrario, del primero al último de los ministros de Gobierno, modelos pret-à-porter en desfile promovido por el Mandatario de la exchompa roja, se han puesto a la altura de los peores ejemplos de la antiestética historia democrática y dictatorial de Bolivia.

Con los picos altos de los precios de las materias primas a nivel internacional, el gobierno de Morales se ha concentrado en engordar el colchón de Reservas Internacionales Netas (RIN), creyendo que así mantenía al país, económicamente, saludable. Al inicio de un año que los expertos anuncian será complicado en esta materia, el desaprovechamiento social de aquella bonanza, previsiblemente, será correspondido con la legítima exigencia de una población insatisfecha.“La fiesta se está terminando”, ha dicho —bien— hace poco el analista Andrés Oppenheimer, no sin dejar de poner el dedo en la llaga de los gobiernos latinoamericanos al mostrar el divorcio que existe entre la inflexible mirada económica y el descuido en la inversión social cuando aquélla no aterriza en ésta con las alas de la educación.

Efectivamente, la fiesta se está terminando y el presidente Morales continúa en deuda con los bolivianos que depositaron en él sus esperanzas de una vida más digna. Porque sobre la palabra “dignidad” se han montado los padres del Estado Plurinacional, para andar a caballo entre la demagogia y la impostura de una novo-bolivianidad tejida a crochet en clases manuales de descolonización.

A la población, en estos días, le preocupa el futuro de la subvención a los carburantes. Al respecto, dudo mucho que el Gobierno sepa reducirla (no creo que se atreva a suprimirla de un solo manguerazo) cuidando el bolsillo de los que menos tienen. Que lo debe hacer, nadie con dos dedos de frente puede dudarlo; la cuestión radica en que está obligado a encontrar una fórmula eficaz, no sólo protectora de la economía macro, sino, sobre todo, de aquélla que toca directamente a cada familia en su movimiento diario (microeconomía).

Para nadie es un misterio que el “Socialismo del Siglo XXI” —al que Evo Morales se ha adscrito con entusiasmo de joven setentero— carece de recetas propias capaces de afrontar los inconvenientes planteados por las economías globales allá donde todavía se cuecen las habas. Tanto así que sus paladines —bolivianos y extranjeros— acostumbran echar a funcionar sus elocuentes delirios vendiendo gato por liebre, descuidados de que la gente adulta dejó hace rato los vicios de los 70 y los jóvenes tienen, verdaderamente, conciencia del nuevo milenio.

Hasta ahora, el Gobierno ha sido manejado en piloto automático. Desde este 2012 se necesitará de la pericia de un piloto en serio, de preferencia boliviano. Seis años es mucho tiempo para hacer experimentos con un país de 10 millones de habitantes. Más aún en la hora del apocalipsis, marcapasos de los presidentes socialistas en la región.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
26 27 28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia