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Las fiestas andinas bolivianas

La fiesta del Gran Poder se ha vuelto un lugar de “gala de indios urbanos ricos”, aunque también cada vez el sector mestizo urbano se incorpora para ser partícipe de esta manifestación. ¿Es posible pensar en una confluencia cultural de las clases so-ciales?

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo es sociólogo y antropólogo, docente de la UMSA

00:00 / 22 de febrero de 2015

Históricamente, el tiempo andino está ordenado bajo un calendario lunar y se divide en 13 meses, cada mes consta de 28 días. Este tiempo lunar fue sobrepuesto por la colonización del calendario occidental gregoriano de 12 meses. Sin embargo, el ciclo agrícola sigue marcando el calendario de las distintas ritualidades y fiestas de los pueblos  andinos.

El calendario aymara (y en gran medida el uru y el quechua), se divide en tres grandes épocas. El Jallupacha o el tiempo de lluvias comienza aproximadamente en noviembre y termina en marzo, en este periodo están la Anata que se tradujo como Carnaval y que simplemente es mera coincidencia. Luego viene el Awtipacha o la época seca, que empieza en  mayo y termina en octubre. Finalmente está Juyphipacha o el tiempo del invierno, muy tradicional porque es el periodo en que se elabora el ch’uñu o chuño y que además es la fase intermedia entre la época seca y la lluviosa.

PACHAMAMA. Cada uno de estos periodos está marcado por las culturas agrícola, ganadera y minera, que tienen una fuerte relación con la Pachamama. Se podría decir que es lo central en las relaciones entre la madre naturaleza y los seres humanos. Cada una de estas grandes estaciones es ritualizada mediante fiestas específicas y eso es un acto colectivo. Por ejemplo, la Anata es una de las fiestas más importantes en el mundo andino, es la fiesta de la felicidad, por eso Anata se traduce como juego, porque es el inicio de la siembra y la culminación del ciclo agrícola y la demarcación o la t’ikha de los animales.

Lo descrito arriba ha ido variando con el tiempo y en la medida en que fue influenciando las actividades del mundo urbano.  Precisamente, pasaremos a analizar algunas consideraciones de la fiesta en el mundo urbano. La fiesta andina actual tiene orígenes en los pueblos andinos rurales descritos de manera muy general arriba. El mundo de los ayllus y comunidades está íntimamente conectado con los rituales agropecuarios, ganaderos, mineros, entre otros. Muchas de estas prácticas se han trasladado al mundo urbano, sobre todo con la masiva presencia de migraciones internas en diferentes momentos de la historia del país.

Nos interesa reflexionar sobre algunas fiestas que poco a poco se han ido convirtiendo en depositarias de la “identidad nacional”, como el Carnaval de Oruro o  la fiesta del Gran Poder en la ciudad de La Paz, entre otras. Los orígenes son variados, desde los rituales al “Tío” de la mina hasta la “devoción” a un “santo” o una “virgen”, que no son propiamente “santos occidentales”, aunque en los nombres sí; pero en la forma como se venera, dichos ritos se asocian mucho a los rituales rurales a la Pachamama, porque siempre se hace mención a formas de reciprocidad o a pedir “favores” a cambio de bailar por tres años consecutivos en una determinada fiesta.

La fiesta andina es la representación sociocultural de un grupo de personas que adquiere distintas denominaciones como comunidad, fraternidad, comparsa, incluso bloque,  aunque antiguamente había representación por la actividad económica específica como la de los carniceros, carpinteros, entre muchas, que interactuaban en una determinada fecha, ritualizando mediante bailes y músicas, formas de expresión de las identidades locales y regionales.

En esta ritualización de la fiesta se manifiestan las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas, además adquiere mayor espectacularidad con otros elementos, como ser parte de un show o espectáculo cultural ligado al marketing contemporáneo. Aquí es digno de estudiarse a los auspiciadores, sobre todo las empresas de bebidas alcohólicas; por ejemplo, ¿cuánto invierten y cuánto de ganancia obtienen?, ¿qué consecuencias tienen el consumo alcohólico tan publicitado? Por eso se dice que la fiesta es la síntesis de las expresiones sociales, pero con profundos contenidos culturales ligados con el quehacer económico y político. Es decir, la fiesta como manifestación en un espacio determinado devela las relaciones y estratificación sociocultural y, en pocos días, incluso horas, uno puede acercarse a esa compleja dinámica social del país.

PRESENTE. El sentido de las fiestas va cambiando por las dinámicas del presente, tanto en el ámbito nacional como internacional. Por ejemplo, el Carnaval de Oruro; se dice que nació con la danza de la diablada y a pesar de que hoy esta danza aún tiene importancia, ya no es la protagonista central del Carnaval; esta centralidad ha sido sustituida por la danza de la morenada, acompañada por otras danzas “livianas” o menores como la saya o la llamerada. Otras danzas tan identitarias como los inkas ¿por qué no tienen repercusión?

El Carnaval de Oruro tiene mucho de show y de espectáculo; por eso se busca atraer mucho a turistas nacionales y extranjeros. En la reciente versión se invitó al actor inglés de cine Jude Law, como “gancho” del espectáculo para atraer público, sobre todo a las mujeres que les gustan los varones simpáticos y/o “gringos”.

En una breve comparación con la fiesta del Gran Poder, ésta tiende a mostrar el ascenso socioeconómico de los indios urbanos, sobre todo de los aymaras. En estos últimos años, el Gran Poder se ha convertido en sinónimo de la danza de la morenada y, dentro de ella, de algunas morenadas que derrochan mucho dinero en su preparación. Aquí la fiesta se ha vuelto un lugar de “gala de indios urbanos ricos”, aunque también cada vez el sector mestizo urbano se incorpora para ser partícipe de estas manifestaciones. ¿Es posible pensar en una confluencia cultural de las clases sociales? Para los más optimistas es la expresión de la interculturalidad lo que se da en el Gran Poder; pero creo que falta investigar más para saber ¿qué pasa en la relación del mundo urbano mestizo y el mundo urbano indio? ¿Cuáles son los puntos de acuerdo y/o desacuerdo?

Volviendo al mundo rural, las manifestaciones sobre la fiesta aún son poco reconocidas por el mundo urbano, aunque se puede ver algunas actividades culturales interesantes como el crecimiento de varias entradas autóctonas, como la organizada por la Gobernación del Departamento de La Paz en octubre de cada año, y la entrada autóctona en la ciudad de Oruro, que se realiza dos días antes de la entrada folklórica del Carnaval.

La entrada en crecimiento (la autóctona) es en cierta medida un cuestionamiento a la “Obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad”, que se olvidó de los actores rurales de los ayllus y comunidades y que danzan e interpretan música en honor a la Pachamama.

En una reciente declaración, el presidente Evo Morales manifestó la idea de impulsar para el próximo año un gran evento autóctono en el ámbito nacional, para que los pueblos ancestrales puedan mostrar su enorme creatividad expresada en nuevos tejidos de ponchos e indumentaria en general, mostrar nueva coreografía y música. Si se cristaliza esta idea del Presidente sería el mejor apoyo del Estado Plurinacional a las manifestaciones culturales más profundas de los pueblos ancestrales, dejando de lado el show y el espectáculo, que priman en las entradas folklóricas de todo el país.

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