Animal Político

Por sus frutos los evaluaréis

Normalmente, la gestión pública se mide por la cantidad de recursos invertidos o las obras visibles en la comunidad o el país. No es usual que aquélla se mida por los resultados no tangibles, como la calidad de la salud o la educación o los efectos colaterales de una nueva carretera o un sistema de riego.

La Razón (Edición Impresa) / Guimer Zambrana Salas

00:04 / 02 de febrero de 2014

La “aprobación de Estudiantes Bolsa Familia ha estado por encima de la media registrada (por) estudiantes de las escuelas públicas que no están inscritos en el programa”, destaca, a través de Twitter, la presidenta brasileña Dilma Rousseff. Podía haber subrayado que las arcas estatales del vecino país ya han desembolsado más de 3.000 millones de dólares en este programa o que los beneficiarios suman cerca de 14 millones de familias, pero prefirió subrayar lo más importante: el resultado, lo que se logró con la mencionada política pública. ¡Suceso!

Según el Ministerio de Economía y Finanzas, la inversión pública boliviana del año pasado alcanzó la cifra récord de 3.800 millones de dólares, mientras que para la gestión en curso se proyecta superar los 4.500 millones de dólares. Semejante apuesta estatal hace urgente el esfuerzo de medir resultados, más allá de la infraestructura que se ve, que se toca, que se ch’alla…

Las rendiciones de cuentas de los alcaldes municipales, por ejemplo, son un interminable inventario de obras por aquí y por allá. No está mal, finalmente la gente tiene derecho a saber en qué se gastó la plata que nos pertenece a todos. Pero sería más útil conocer cuántos enfermos menos hay en el municipio gracias a la inversión en salud, cómo bajó la desnutrición y subió el aprovechamiento de los estudiantes gracias al desayuno escolar, cuánto mejoraron los ingresos de los agricultores gracias a la apertura de la nueva carretera o cuánto mejoró la salud de la población gracias al nuevo sistema de aguas potables. Gestión por resultados, que le llaman, pues…

Sigámosle la pista al PumaKatari, que está a punto de trepar y descolgarse por las calles paceñas. El Gobierno Municipal de La Paz invirtió 65 millones de bolivianos para la adquisición de 61 buses diseñados para circular por las subidas y bajadas de la ciudad. El resultado de semejante inversión no puede ser únicamente los 10.000 o 20.000 pasajeros que puedan transportar a diario los motorizados. Sin menospreciar ese logro —que ya es importante—, el resultado fundamental de este nuevo servicio municipal debe ser el cambio de todo el sistema de transporte público de la urbe paceña: que los peatones nos acostumbremos a usar los puntos de parada y que los transportistas actuales terminen de entender que son parte de un servicio público y, por lo tanto, están en la obligación de dar una prestación extremadamente segura y con elevados parámetros de calidad.

El Ministerio de Educación entregó miles de ordenadores personales a los educadores del sistema público. ¿Qué resultado deberíamos esperar de tamaño esfuerzo tecnológico de las arcas estatales? Alguien me dijo que el que las enciendan ya sería un gran logro. Pero, hablando en serio, en este caso, el resultado debería medirse en la mejor formación y los valores con los que terminan el colegio los y las estudiantes que han sido educados en el sistema público, con profesores que ahora tienen la herramienta y el software para llevar un mundo de conocimientos al aula. La entrega del computador es solo una parte del avance, el resto está en manos de los propios formadores. Junto a su ordenador, el profesor Eduardo Salinas marcó un antes y un después en la vida del Díaz Villamil. Ese tradicional colegio paceño tiene aulas virtuales y hasta un completo portal en internet para el trabajo con los alumnos. Nuevamente, será necesario ver la calidad de los frutos que se están cultivando en ese centro educativo para dimensionar el impacto de la inversión pública.

La Ley de Seguridad Ciudadana obliga a gobernaciones y alcaldías a destinar a esta área el 10% de los recursos provenientes del Impuesto Directo a los Hidrocarburos. Estas reparticiones públicas invierten estos recursos en la construcción de módulos policiales y —para la algarabía de los importadores— en la adquisición de motorizados, ambos para un mejor equipamiento de la Policía Boliviana. El resultado de semejante dotación debería ser una severa reducción de los niveles de delincuencia en todo el territorio nacional, pero es suficiente hacer zapping por los canales de televisión, a la hora del informativo, para darse cuenta de que el problema crece día que pasa.

De acuerdo, sería ingenuo creer que una nueva oficina y un carro policial son suficientes para reducir la delincuencia en un determinado municipio del país. Ello exige que, antes de invertir, los gestores prevean que los proyectos a los que van a destinar los recursos van a tener el impacto que ellos están buscando. En el caso de los municipios, este esfuerzo debe ser realizado de forma conjunta con los representantes de la sociedad civil, que —es menester reconocerlo— se encargan de fragmentar el presupuesto hasta reducirlo a la mínima expresión, sin pensar siquiera en los magros resultados que se pueden conseguir a causa de esa acción.

Hace solo algunos días, las autoridades del Gobierno Municipal de La Asunta realizaron la cumbre de ese municipio yungueño para definir el presupuesto de la presente gestión. El argumento para semejante retraso fue que no contaban con los datos oficiales sobre la población de sus comunidades, razón por la que no sabían cuánto le correspondía a cada una de ellas. Con la pequeña tajadita que les tocó de la torta presupuestaria, los dirigentes comunicaron en qué iban a invertir su partecita.

¿Qué tal si invertimos el ejercicio? Las autoridades, también con participación ciudadana, podrían comenzar estableciendo cuáles son los problemas más importantes que tiene el municipio: la cantidad de productos que se echan a perder por el mal estado de las carreteras, la incidencia del mal de chagas, la roya que afecta la producción de café, la mala calidad de la educación que se imparte en la escuela, la elevada incidencia de la violencia contra la mujer… Recién entonces se establecen los proyectos que van a ayudar a solucionar estos problemas y la inversión que demandan los mismos. Quizá entonces sea más fácil medir lo que se está logrando con la inversión pública de esta extraordinaria época de vacas ya obesas que vive el país.

En un reciente encuentro con comunicadores locales de todo el país, el alcalde de Bermejo, Pepe Gutiérrez, desafió a los periodistas a dar un paso adelante de la “obritis” que afecta a las instituciones públicas y a preguntar a sus autoridades municipales por los resultados de los proyectos que ejecutan. El momento y la millonaria inversión pública exigen preguntarnos por los resultados, pues, por nuestros frutos nos evaluarán.

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