Animal Político

La fuerza del ejemplo de Elizardo y Avelino (2)

Notas escritas en 1981, en vísperas de las Bodas de Oro de la fundación de la Escuela-Ayllu de Warisata, publicadas originalmente en México, fueron actualizadas para la presente entrega. Esta es la segunda parte. El 2 de agosto de 2014 la Escuela-Ayllu de Warisata cumplirá 83 años; fue fundada por Elizardo Pérez y Avelino Siñani zzen 1931. 

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Soria Galvarro

00:02 / 27 de julio de 2014

Es verosímil que Elizardo Pérez haya conocido las corrientes de la “escuela del trabajo” o la “escuela para la vida” desplegadas con la Revolución Rusa de 1917. Pero, en ningún caso hizo una traslación mecánica de esas experiencias. Quiso extraer de las condiciones económicas, sociales y culturales del terreno elegido los derroteros para su acción educativa.

Su mayor éxito es haber levantado una escuela en cuya gestión participa todo el entorno social. Con la fuerza del ejemplo personal, Elizardo Pérez y Avelino Siñani consiguen paulatinamente integrar a las comunidades aymaras en la construcción del edificio escolar. Y no únicamente porque no contaban con un solo centavo del presupuesto estatal, sino porque buscaban con afán que los pobladores de Warisata sintieran la escuela como plenamente suya, construida con sus propias manos.

Jóvenes, ancianos y niños, hombres y mujeres, se contagian de súbito de un inusitado fervor y entregan gratuitamente sus ahorros y su trabajo. Esto que ahora podría parecer natural, para la época era completamente inusual tratándose de una obra como la escuela. Warisata reivindicaba instituciones seculares como el Ayni y la Minkha y cuestionaba siglos de humillación y sometimiento.

Ochenta años después, el rudo como monumental edificio levantado en largo tiempo sobre la base de tesón y esfuerzo, apelando incluso a medios ilícitos para agenciar materiales, se destaca en la aridez de pampa y montaña como mudo testimonio de la hazaña. Y todavía sigue prestando sus aulas para la labor educativa acogiendo a una hoy Escuela Superior de Formación de Maestras y Maestros “Warista” (antes Escuela Normal Rural Integrada de Warisata).

Pero la participación social no se limitó a poner piedra sobre piedra. Se prolongó a todo lo concerniente al manejo escolar, culminando en la constitución del Parlamento de Amautas, verdadero consejo de administración o gobierno escolar que hacía de nexo entre la escuela y la comunidad. Hay que imaginarse los remilgos de gamonales, petimetres y burócratas, al enterarse que sabios aymaras descalzos y analfabetos se reunían a deliberar y decidir sobre el funcionamiento del núcleo escolar. Ciertamente era mucho pedir que lo tolerasen.

Elizardo Pérez llega a la conclusión —y la expone en 1937— de que la comunidad indígena constituye una unidad económico-social de origen ancestral en la que superviven formas de aprovechamiento colectivo de la tierra y sistemas de organización social de la época del incario. La hacienda o finca de los terratenientes no hizo sino yuxtaponer varios ayllus sin llegar a eliminarlos. La organización escolar que él emprende recoge la tradición del Ayllu, establece la misión de alfabetizar y también se propone “solucionar de una vez por todas el problema histórico y sociológico del indio y de solucionarlo no por los medios de la huelga general o el levantamiento en masa, sino por los de la organización económica”.

En suma, una escuela instalada en la entraña misma del mundo indígena “no para negar ese mundo sino para organizarlo”, a decir del propio Pérez. Los cientistas sociales podrán advertir sin duda que en el conjunto de la proposición hay un matiz utópico, subjetivista. Pero, estudiando a fondo la experiencia de Warisata, no podrán negar que se obtuvieron resultados sorprendentes.

Elizardo Pérez no comprendió, como lo hizo José Carlos Mariátegui, por ejemplo, que el problema indígena tiene sus raíces en el régimen de propiedad de la tierra y que no se resuelve con medidas de administración, a través de la construcción de caminos o con nuevos métodos de enseñanza, por más audaces e interesantes que sean. Sin embargo, su actitud de defensa y fortalecimiento de las comunidades indígenas, lo acerca al pensador peruano. Y, aún más, comprueba en la práctica lo que Mariátegui sostenía en la teoría: la posibilidad de que la comunidad indígena facilite y acelere el tránsito a un orden social superior en condiciones históricas dadas.

ESTUDIO. Estudio y trabajo. Tratándose Warisata de una escuela no exclusivamente alfabetizadora, movilizó a maestros, alumnos, padres de familia y pobladores en general hacia las tareas productivas. Introdujo y desarrolló nuevas técnicas agropecuarias, estudió los problemas del riego y del abono, crió animales, instaló talleres e industrias.

Se advierte por momentos que el propósito ya no es solamente instruir a los educandos en las técnicas laborales, sino también lograr el autoabastecimiento de las necesidades de la escuela y, en perspectiva, de la comunidad toda. En otros términos, la escuela como unidad pedagógica y como entidad económica.

Otra sustancial experiencia que surge en el transcurso de Warisata, sobre todo en su fase expansiva, es la del sistema de núcleo o celular. Es decir, una escuela matriz con diversas escuelas filiales, dentro de un determinado ámbito socioeconómico que es la marka aymara. Esta original creación de Warisata es, por cierto, la que más se ha extendido y perdurado, aunque con contenidos diversos. Todo el sistema educacional boliviano rural se organizó de esa manera. Pérez recuerda, con ironía, que en la década de los años 50, misiones extranjeras de asistencia como el Servicio Cooperativo Interamericano de Educación (Sicde), introdujeron como “novedad” aquello que Warisata había elaborado y que el propio Pérez ya extendió a varios puntos del país mientras estuvo ligado con la educación rural boliviana.

Además, entre otras de las contribuciones significativas, está la enseñanza bilingüe que Warisata comenzó a poner en práctica, aymara-español o quechua-español según los casos, algo que la reforma educativa de fines del siglo XX recogió como política de Estado, más de 60 años después. Es tan importante esto, que se menciona regiones donde Pérez llegó (Llica por ejemplo), en las que el analfabetismo prácticamente desapareció. Hacer un estudio minucioso de esta experiencia podría iluminar las propuestas de educación intercultural bilingüe que se están adoptando. No en vano Warisata concitó en su tiempo la expectativa y el más vivo interés en Perú, Ecuador, Guatemala y México, países que, a semejanza del nuestro, poseen raíces demográficas prehispánicas.

Por último, quisiéramos mencionar algunos momentos significativos en la línea de recuperar y proyectar la memoria de Warisata.

La juventud intelectual de avanzada prestó su entusiasta concurso en esta verdadera Alma Mater andina. Músicos, poetas, escritores y pintores llevaban como un timbre de orgullo al haber aportado su trabajo en Warisata, generalmente voluntario y sin paga. De entre ellos destacan Antonio Gonzales Bravo con sus composiciones musicales; Alejandro Mario Illanes con sus pinturas; Raúl Botelho con sus escritos, como la novela Altiplano inspirada precisamente en sus vivencias de Warisata y Carlos Salazar Mostajo, educador, periodista, poeta y pintor que consagró su vida a la defensa, sistematización y divulgación de la obra que consumió sus mejores ímpetus juveniles.

Salazar Mostajo desenvolvió una encendida campaña de prensa a comienzos de la década del cuarenta y en todos los años posteriores salió con su pluma al frente de cualquier denostador de Warisata. Fue, ni duda cabe, el principal albacea del legado de Elizardo Pérez y Avelino Siñani. Sus trabajos periodísticos y también su poema Biografía de Warisata se han recogido en el libro Warisata Mía (dos ediciones) que llevan el nombre del artículo de su firma que el periódico La Calle publicó en 1943. También en 1986 publicó el libro La Taika (teoría y práctica de la Escuela-Ayllu), en el que, modestia aparte, al conocer este ensayo publicado en la revista Bases dijo que era una de las mejores síntesis que había leído acerca de Warisata.

En 1978, el Centro Boliviano de Investigación y Acción Educativa (CEBIAE) dio a conocer la investigación de Carlos Huacani, José Mamani y José Subirats Warisata Escuela-Ayllu, el porqué de un fracaso cuyo principal aporte es la investigación testimonial de campo y la abundancia de documentos referidos a Warisata.

Durante el gobierno de la UDP se repatriaron los restos de Elizardo Pérez desde Argentina, donde en 1980 había muerto poco menos que olvidado. Ahora descansa junto a Avelino Siñani en el suelo de Warisata.

En 1990, Canal 13 de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) con el apoyo del Ministerio de Educación produjo un video documental en el que seguramente por primera vez se intenta llevar el tema de Warisata al lenguaje audiovisual, la realización estuvo a cargo de Martha Sardón y el asesoramiento de Teresa Rosaza.

En 1991 Cenprotac (Centro de Promoción de Técnicas en Arte y Cultura) publicó Warisata, historia en imágenes con más de 200 fotografías documentales tomadas por Carlos Salazar durante la construcción y el auge de Warisata. En 1992 CERES e HISBOL hicieron la segunda edición del libro testimonial de Elizardo Pérez.

En 2003, poco antes de morir, Carlos Salazar publicó un libro monumental con centenares de fotografías y documentos, Gesta y fotografía: Historia de Warisata en imágenes. Varios egresados de universidades han elaborado sus tesis de grado o están haciéndolo sobre Warisata. Son investigaciones seguramente muy útiles aunque todavía poco difundidas.

Finalmente, la Ley de Educación en actual vigencia ha consagrado los nombres de las dos personas que encabezaron la hazaña, pero para que Warisata termine de salir del anonimato, lo importante es que sea más y mejor conocida. (2) Continuará

Fotografías y pies de fotos tomadas del libro Gesta y Fotografía. Historia de Warisata en imágenes, de Carlos Salazar Mostajo, Lazarsa, 2005.

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