Animal Político

De la fuerza tranquila a la duda preocupante

Elecciones en Francia

La Razón / Carlos Antonio Carrasco

00:00 / 29 de abril de 2012

El 22 de abril, fecha de las elecciones generales francesas, se abrió la oportunidad para el retorno de los socialistas al Palacio del Eliseo, ausentes desde 1995, cuando Francois Mitterrand concluyó 14 años de mandato casi monárquico. Con él se fue una época y un estilo florentino de hacer política, con talento y elegancia.

Era la gauche caviar encabezada por Mitterrand, quien, ataviado de su bufanda carmesí y con una rosa roja en la mano, armó el programa común donde cabía todo el abanico de la izquierda: socialistas, comunistas, radicales y oportunistas. Una avalancha denominada la fuerza tranquila.

Fueron años en los que el complicado modelo francés admitía la cohabitación del presidente izquierdista con un primer ministro apoyado en el Parlamento de mayoría contraria. Curioso tándem en aquella época crucial de la construcción europea, cuando corrientes políticas disímiles competían por la hegemonía continental. Una vez idos gigantes como De Gaulle, Mitterrand o Chirac, en la contienda cívica actual combaten figuras de la liga menor, que tienen que resignarse a las reglas del juego electoral que incluye dos vueltas. En la primera, diez candidatos probaron suerte y solamente los dos primeros lidiarán en la segunda rueda o ballotage el 6 de mayo. El presidente Nicolas Sarkozy, candidato a su propia sucesión, lucha denodadamente por mejorar su puntaje frente al favorito, el socialista Francois Hollande, que con 28,13% conseguido el domingo lo supera con un punto porcentual.

En tercer lugar se sitúa Marine Le Pen, hija del extravagante jefe histórico del Frente Nacional, que sorprendió al obtener 18,30% de favor en las urnas, recogido principalmente en los sectores obreros, donde rivalizó con Jean Luc Melenchon, del Frente de Izquierda, línea dura (11,14%.) Al centro, persistió en su apuesta presidencial Francois Bayrou, cabeza del Movimiento Democrático, con un decepcionante 9,19%.

Si antes del 22 de abril, Sarkozy viró bruscamente hacia los postulados de la extrema derecha, tratando de seducir a los ultras, ahora lo hace descaradamente enamorando con acrobacias románticas a los 6.323.762 de compatriotas que tienen en sus manos su destino político.

Con una concurrencia abrumadora de participantes (80%), la jornada de elecciones transcurrió en una atmósfera de suspenso. Invitado cortesmente por la UMP (Unión Por la Mayoría), concurrí a seguir los resultados en la sede partidaria del Presidente, rodeado de los aparatchis que hicieron posible su resurgimiento para lograr un honorable segundo lugar. Había un aire de victoria y la satisfacción de una derrota liviana, contraria a los catastróficos vaticinios de los sondeos de opinión. El escenario para la segunda vuelta es por demás intrincado.

Ambos contendores dependen, uno, del humor de la extrema derecha, y el otro, del empuje de la ultraizquierda. La diferencia radica en que quienes apoyaron a Jean Luc Melenchon, llamado el “Chávez de Europa”, votarán casi en bloque por el suave socialista Hollande. En cambio, de los lepenistas, se calcula que únicamente el 60% sostendría a Sarkozy. Al respecto, es preciso recordar que un tercio del caudal electoral de Marina Le Pen proviene de la clase obrera. El resto, son jóvenes desilusionados (de 25 a 40 años de edad), desocupados y los indignados contra un sistema cuasibipartidista. Los centristas dividirán sus votos, equitativamente, en este duelo singular.

Para la anécdota, la posible elección de Hollande constituirá una revancha familiar, toda vez que su antigua conviviente Segolene Royal, quien fue a su vez candidata socialista desafortunada en los comicios de 2007, es la madre de sus cuatro hijos. Como se ve, el panorama político de Francia está salpicado de ruidosos divorcios, bodas fastuosas como aquella de la cantante Carla Bruni con el presidente Sarkozy o escándalos sexuales como el protagonizado en Nueva York por el exdirector del Fondo Monetario Internacional y precandidato socialista Dominique Strauss-Khan, incidentes que alimentan rumores turbulentos en esta época electoral.

Sin embargo, la oferta programática es sumamente tediosa por la falta de proposiciones innovadoras y debido a los tenues matices que diferencian a uno de otro sector. Quizá por esta razón el fenómeno electoral constituye el fuerte porcentaje acumulado por la derechista Marina Le Pen, quien no tardó en autoproclamarse la nueva líder de la verdadera oposición de derecha a un probable gobierno socialista. En efecto, en los venideros comicios para la Asamblea Legislativa deberá mostrar su fuerza real para colmar sus ambiciones, concentradas hasta hoy en un fiero ataque a las multinacionales, a los bancos, a la permeable política migratoria, a la vigencia del euro como moneda nacional y la objeción independentista a la Unión Europea. En breve, un discurso populista que suma las protestas ciudadanas en todos los campos.

Los últimos sondeos señalan que Hollande llegará al 54% frente a Sarkozy, que no pasará del 46%, aunque 15 días (desde el domingo pasado) es una eternidad para los impacientes y una amplia oportunidad para los estrategas.

La avasallante intervención del timonel mayor en Bruselas que se entromete en el quehacer doméstico de los países miembros exigiendo austeridad fiscal provoca reacciones soberanistas que ya han causado la revocatoria de varios gobiernos en recientes elecciones. Francia, difícilmente podrá ser la excepción.

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