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La gloria de Bolivia que resuena en la eternidad

‘Boquerón estaba guarnecido por parte de la IV División boliviana, bajo el mando del teniente coronel Manuel Marzana Oroza, con un total de 619 hombres; el   Primer Cuerpo de Ejército paraguayo contaba con 15.000 hombres. Quiere decir que los bolivianos han luchado uno contra veinte’.

La Razón (Edición Impresa) / Windsor Paco Gonzales

00:00 / 27 de septiembre de 2015

El 29 de septiembre, día en que finalizó la Batalla de Boquerón (1932) es día de fiesta y feriado nacional en la hermana República del Paraguay; sin embargo, en Bolivia nadie se acuerda siquiera que hace 83 años jóvenes de todos los rincones de Bolivia ofrendaron sus sufrimientos inauditos, su sangre y lo último que tenían, sus vidas, por defender una causa justa, la de nuestra madre patria Bolivia.

Del 9 al 29 de septiembre de 1932, 619 titanes bolivianos, sí, titanes, porque eso fueron en realidad aquellos valientes hombres, muy jóvenes casi todos, que forjaron con su sangre la página más heroica y gloriosa que acaso registra nuestra historia; lamentablemente, aquí en Bolivia esa fecha pasa desapercibida, casi nadie sabe que esos días de septiembre de 1932, contados valientes lucharon contra fuerzas enemigas mucho más numerosas; no hay consenso sobre su número, algunos dicen que fueron 15.000, otros 12.000 lo cierto es que en el mejor de los casos esos valientes jóvenes bolivianos lucharon en una proporción de uno contra veinte, soportando las penalidades de un cerco, con una sed asoladora, hambre, sin medicamentos, pero hasta quemar el último cartucho.

Mucho se ha dicho de los bolivianos en Boquerón, durante su heroica defensa, pero dejemos una vez más que sean extranjeros los que den testimonio de ello, como los diarios argentinos de la época que decían a sus lectores en Buenos Aires: “En Boquerón están escribiendo unos pocos soldados bolivianos, la más bella página del heroísmo americano, contados centenares de hombres luchan desde quince días, no solamente contra el enemigo infinitamente más numeroso, sino contra el hambre y la sed que les han impuesto los sitiadores, antes que rendirse quieren la muerte”; o el reconocimiento del adversario paraguayo, en la persona de su entonces Presidente, Eusebio Ayala, que decía: “Los oficiales y soldados bolivianos que se batieron en Boquerón y que hoy son nuestros prisioneros, provocan un sentimiento admirativo, se comportaron con tal bravura y coraje que merecen todo nuestro respeto”. Mientras que el diario asunceno El Orden, después de la batalla escribía: “Boquerón estaba guarnecido por fracciones de la IV División Boliviana, bajo el comando del teniente coronel Manuel Marzana Oroza, con un total de 619 hombres; nuestro Primer Cuerpo de Ejército, a las órdenes del coronel Félix Estigarribia, contó con un total de 15.000 hombres. Quiere decir que los bolivianos han luchado en una proporción de uno contra veinte”, y continúa diciendo: “La entrada victoriosa de nuestros soldados al recinto del histórico Boquerón fue empañada por la vista de la espantosa tragedia que envolvía a sus valientes defensores. Diez oficiales y doscientos cincuenta soldados, en último extremo de miseria física, desfilaron silenciosos, hacia Isla Poí. En un galpón oscuro, cubiertos de harapos, mugre, sangre, estiércol y gusanos, se revolcaban, más de cien moribundos sin curación, sin vendas y sin agua. Hay que reconocerlo, los bolivianos en la grandiosa batalla de Boquerón demostraron su heroicidad sin límites. Fueron unos enemigos magníficos y valientes. Paz para sus muertos y gloria para los soldados de Estigarribia”. Éstas son pues hidalgas muestras de reconocimiento al valor de los bolivianos, del noble pueblo paraguayo; falta empero el verdadero reconocimiento a esos hombres valientes, en su amada Bolivia, aquella por la que lucharon con tanta abnegación.

Después de porfiada lucha, la defensa de Boquerón pasará a la categoría de leyenda, a ser considerada entre las siete acciones bélicas colectivas más heroicas y sacrificadas en la historia militar universal, junto a la defensa del paso de las Termópilas en la antigüedad; y es que a los héroes de la antigüedad los vemos tan grandes porque los miramos a través del prisma de las edades; así crecerá la gloria de los defensores de Boquerón mientras más pasen los siglos y Bolivia será eterna gracias a su sacrificio.

Los nombres de esos 619 leones bolivianos, deberían estar escritos en bronce en un monumento imperecedero acorde a sus gloriosos hechos, que forman la diadema del orgullo nacional; aquí hablo con la veneración que tenemos todavía algunos por nuestros mayores. Lamentablemente somos los menos en la actualidad los que de verdad agradecemos y reconocemos su sacrificio, compromiso y renunciamiento, sentimos legítimo orgullo de que esa misma bendita sangre corra por nuestras venas y que en una situación similar trataríamos de imitar a aquellos 619 titanes de Boquerón.

Los bolivianos tenemos muchas razones para sentirnos orgullosos, pero muchas veces nos gana el sentimiento de inferioridad, derrotista y conformista con el que muchos parecen haber nacido, pero debemos saber que en el pasado supimos mirar de frente para desafiar al destino y enfrentar la historia con valentía y dignidad; la gesta heroica de Boquerón haría hinchar el pecho de orgullo a los hijos de cualquier país que tuviera la suerte de contar con semejantes héroes, que demostraron el verdadero temple de los bolivianos en la hora de prueba, ese temple inconmovible sobre el que está erigida nuestra amada Bolivia, por ello debemos sentirnos orgullosos de nuestros mayores; algún día llegará la hora de la justicia histórica y se les rendirá el merecido reconocimiento y homenaje a su querida memoria; ojalá llegue ese día y el coronel Manuel Marzana sea honrado cuando decía, ya en su vejez: “Tengo el convencimiento de que futuras generaciones de Bolivia sabrán aquilatar en su justo valor la inmolación de los soldados que en defensa espartana del solar patrio dejaron a la posteridad un ejemplo, una enseñanza más y el recuerdo de un episodio que lo reconocen todos”. Yo le digo, mi coronel, con el corazón en la mano, no fue una enseñanza más, como su modestia de verdadero patriota decía, fue el ejemplo más grande en la historia de nuestra patria, de sacrificio, renunciamiento, heroísmo legendario; nadie ni antes ni después mostró tal amor incondicional a Bolivia, como lo mostraron usted y sus bravos. Tengo el convencimiento de que esa nueva generación son los niños que nacen en este joven siglo XXI, porque ellos crecerán mejor educados, en mejores condiciones que las que nos tocaron a nosotros a finales del siglo XX, y al mirar hacia atrás, se enorgullecerán de sus mayores, de los verdaderos patriotas como Manuel Marzana Oroza y sus 619 valientes; nosotros, como padres, tenemos el deber de educarlos en la escuela de la honradez, del civismo y del verdadero patriotismo, solo así serán dignos de tan enorme sacrificio hecho por nuestros mayores y sabrán aquilatar en su verdadera medida la gesta más heroica y gloriosa de Bolivia, que resuena en la historia de la humanidad entera y seguirá resonando en la eternidad.

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